Marzo exige método frente a poder político
Marzo exige método frente a poder político
Tegucigalpa, Honduras | QuienOpina.Com – Marzo no llega como un mes cualquiera en la historia política. En la antigua Roma, el tercer mes del calendario era sinónimo de movimiento, estrategia, guerra política. Hoy, siglos después, las batallas ya no se libran con legiones, sino con micrófonos abiertos, redes sociales encendidas y una ciudadanía vigilante que observa cada paso del poder en tiempo real.
A cinco semanas del cambio de gobierno, el país comienza a separar dos conceptos que la política suele confundir: discurso frente a ejecución. La narrativa oficial puede multiplicarse en conferencias, mensajes o transmisiones digitales, pero la sociedad exige algo más concreto: resultados visibles, decisiones medibles, gestión verificable.
Uno de los vacíos más comentados en este inicio administrativo ha sido la ausencia de una comisión de transición gubernamental. En términos institucionales, la transición no es un simple trámite protocolario; es el mecanismo que permite diagnosticar el Estado, anticipar decisiones críticas y acelerar la curva de aprendizaje del poder. Sin ese puente, el nuevo gobierno se ve obligado a diagnosticar mientras gobierna, una ecuación que consume tiempo político.
El Consejo de Ministros del 24 de febrero, al solicitar informes pormenorizados de cada dependencia, dejó entrever una realidad inevitable: el diagnóstico aún está en proceso. Y cuando el diagnóstico comienza tarde, el reloj institucional no se detiene. En política, cada semana perdida se convierte en ventaja para adversarios, incertidumbre para mercados y ansiedad para la ciudadanía.
Mientras tanto, la esfera digital actúa como un ecosistema impredecible. Las redes sociales se han convertido en tribunas simultáneas de vigilancia, crítica y propaganda. Funcionan como águilas cuando detectan errores, como cuervos cuando magnifican conflictos, como palomas cuando celebran anuncios. El flujo informativo no descansa: datos, rumores, narrativas editadas o fabricadas circulan sin pausa.
En este entorno hiperconectado, la presión sobre el poder no proviene únicamente del Congreso Nacional, sectores empresariales o fuerzas políticas. Proviene también del algoritmo, que amplifica cada acierto o tropiezo en cuestión de minutos. El dilema no es comunicar. El verdadero desafío es evitar gobernar únicamente para comunicar.
Las primeras semanas también reflejan fenómenos habituales en cualquier administración entrante: contrataciones de confianza, figuras cercanas a la campaña, ajustes internos entre corrientes ideológicas. No es una anomalía histórica. Todo gobierno inicia con su círculo cercano. El punto crítico es el tiempo disponible para aprender mientras se gobierna, porque el margen político se reduce rápidamente.
Marzo, por tanto, se convierte en una prueba simbólica de liderazgo. No demanda prudencia excesiva convertida en congelamiento. Exige método, claridad estratégica, decisiones que trasciendan el anuncio mediático. La gobernanza defensiva puede contener conflictos momentáneamente, pero no construye carreteras, hospitales ni empleos.
La historia romana ofrece una advertencia silenciosa que atraviesa siglos: cuando el liderazgo se demora, otros ocupan el espacio político. No siempre con ambición desmedida. A veces simplemente porque el vacío necesita ser llenado.
En política, la prudencia es virtud, pero la parálisis es defecto. Y cuando el defecto se repite lo suficiente, termina convirtiéndose en costumbre institucional. Las naciones rara vez repiten errores por accidente; muchas veces lo hacen por descuido, por demora o por falta de método.
Hoy, la pregunta que flota en el ambiente político hondureño es directa: ¿será marzo el mes del método… o el mes de las excusas?. —Redacción Carmelo Rizzo.
