vie. May 24th, 2019

Claves para entender qué pasa con el Brexit

Claves para entender qué pasa con el Brexit

Claves para entender qué pasa con el Brexit

¿En qué punto estamos?

Este martes por la noche, en Londres, la Cámara de los Comunes rechazó (242 a 391 votos) por segunda vez aprobar el Acuerdo de Salida del Brexit y la Declaración Política sobre la relación futura, los dos documentos para una retirada ordenada de la UE que los equipos de Theresa May y los 27 pactaron el pasado noviembre. A pesar de que el Gobierno coincide con Bruselas en que es el “mejor y el único acuerdo posible”, los diputados no están convencidos sobre el llamado backstop, la cláusula de salvaguarda para impedir que haya fronteras duras entre Irlanda e Irlanda del Norte incluso en el peor de los casos. Pedían más garantías legales de que Reino Unido no quedará atrapado en un limbo, y no parecen haberlas obtenido.

¿Qué novedades había respecto al voto anterior?

May fue derrotada el 15 de enero por primera vez y de manera abrumadora (432-202). Durante esos meses, ha tratado de conseguir esas garantías o aclaraciones adicionales por parte de la UE sobre el mecanismo de salvaguarda para intentar que 116 diputados cambien de idea. El lunes por la noche, en Estrasburgo, ella y Juncker presentaron dos documentos nuevos, tres en realidad, que se suman al Acuerdo de Salida y la Declaración política. El primero, llamado “instrumento conjunto legalmente vinculante” es una interpretación que aclara todavía más el papel de los tribunales de arbitraje y las posibilidades de Reino Unido de reclamar si considera que en un futuro la UE no está negociando de buena fe para mantener al país retenido contra su voluntad en el backstop bajo el paraguas de una Unión Aduanera. El segundo documento es otra declaración conjunta que supone dar más peso legal a las promesas de buena voluntad, buena fe e intereses compartidos que Juncker y el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ya expresaron antes en una simple carta a May. El tercer papel es una declaración unilateral de Reino Unido, de discutible valor, pero que hipotéticamente podría ser usada en caso de disputa. Según el derecho internacional si la UE no replica a ese documento en cierto modo da aquiescencia. Algo vago pero que según expertos como Jean-Claude Piris tiene cierto peso.

¿Por qué no han bastado esas garantías para cambiar el voto?

Porque el fiscal general de Reino Unido, Geoffrey Cox, en un dictamen veloz, aseguró el martes que “el riesgo legal no ha cambiado”. En su evaluación Cox asegura que estos documentos “reducen el riesgo de que Reino Unido pueda ser retenido indefinidamente y contra su voluntad” en un limbo. Pero a la hora de la verdad, matiza, si las discrepancias fueran por cuestión de fundamento y no por mala fe, “no habría medios en la legalidad internacional para sacar al país de lo contemplado en el protocolo, salvo por acuerdo”. Esto es, que el backstop temido no es y no puede ser, al menos en su redacción actual, ni temporal ni revocado unilateralmente. Londres jamás tendrá del todo la última palabra. Y eso no satisface a los diputados.

¿Qué pasa ahora?

Faltan dos votaciones. Este miércoles May preguntará a los diputados si, tras rechazar el acuerdo, están a favor de salir de la UE sin acuerdo. Si la respuesta es que no, el jueves habrá una tercera votación para preguntar a los miembros del Parlamento si respaldan pedir una prórroga del Artículo 50, esto es, un alargamiento del periodo negociador para que la salida de la Unión no se produzca el 29 de marzo.

¿Qué opina la UE de todo esto?

Están muy cansados. La frase del primer ministro danés lo resume muy bien: “Es muy difícil tender la mano a quien tiene las dos en los bolsillos”: Quedan poco más de dos semanas y los 27 y las instituciones han hecho todo lo que podían, afirman, para ofrecer más garantías, más interpretaciones y aclaraciones. Pero siempre se han negado a tocar aunque sea sólo una coma del Acuerdo de Salida. Los papeles del lunes desglosan, contribuyen, pero no modifican lo pactado. Juncker y Michel Barnier no tenían tampoco mandato para algo así. Que May perdiera la votación este martes estaba asumido desde hace tiempo, la gran duda era por cuánto y qué supondrá la derrota para la primera ministra, la continuidad del Gobierno y las negociaciones con Bruselas.

¿Qué escenario es ahora el más probable?

No existe tal cosa en lo que al Brexit se refiere. Un razonamiento puramente lógico, bastante extendido en Bruselas, es que tras haber votado que no al Acuerdo de Salida, los diputados rechazarían también la salida sin acuerdo y estarían a favor, por tanto, de pedir una prórroga del Artículo 50. En ese caso, si se formaliza una petición, el Consejo Europeo tendría que estudiar si concederla. La postura oficial desde hace meses es que hay disponibilidad, pero siempre y cuando sea para algo concreto. Los 27 no quieren dar un mes, dos o los que sean adicionales simplemente para seguir dando vueltas al tema, o para seguir negociando. Ya hay un Acuerdo, afirman. Si Reino Unido necesita tiempo para la ratificación, no habría problemas. Pero si es para marear la perdiz, no. De esa forma, sigue el razonamiento, la pelota volvería Westminster y May podría presentar un último voto binario al país: o su Acuerdo o una salida por las bravas el 29 de marzo. Y con suerte para todos, esta vez laboristas y los tories menos radicales recapacitarían y escogerían el mal menor.

¿Hay más opciones?

Sí claro, viendo lo ocurrido los últimos dos años, nada se descarta. Las votaciones pueden salir al revés y el Parlamento británico optar por un no acuerdo desde el principio. La UE podría rechazar dar una prórroga y conducir a lo mismo. O Reino Unido, que tiene la potestad última, puede revocar unilateralmente la activación del Artículo 50, simplemente notificándolo por carta a Bruselas.

¿Podría pasar esto último?

Podría perfectamente. Pocos creen que Theresa May quiera pasar a la historia como la primera ministra que sacó a Reino Unido de la UE sin acuerdo. Antes de dar ese paso, estiman, recularía. “No sé por qué tenemos que resolver nosotros la papeleta”, explican fuentes europeas al ser preguntadas si no sería mejor conceder una prórroga que arriesgarse a lo peor. Está en su mano cómo ser recordada.

¿Cuál es el problema de la polémica prórroga?

Son varios. El primero que hay una fatiga enorme del Brexit y los 27 quieren cerrar el tema de una vez. El segundo, muy gordo, es que del 23 al 26 de mayo hay elecciones europeas. Y según el dictamen de la Comisión Europea, emitido ayer por primera vez de forma clara, si Reino Unido no se ha ido para entonces de la UE deben celebrar elecciones, por ellos y por los ciudadanos europeos que residen allí y se quedarían sin su derecho legal. Hay otros informes que dicen que, quizás, se podría hacer una prórroga hasta el 30 de junio incluso, después de elecciones pero antes de que se constituya el Parlamento Europeo, pero genera ciertas reservas y poca simpatía como fórmula.

¿Hay alguna excepción en el menú?

Claro. Todo lo anterior presupone que Reino Unido permanecería más o menos estable, pero tras tantas derrotas, críticas internas, presión en la Cámara y dudas sobre su gestión, no es ni mucho menos descartable algo drástico. Que caiga May, que caiga el Gobierno, que haya elecciones o hipotéticamente que aparezca un segundo referéndum en el horizonte. Ante algo así, la UE tendría pocas opciones y una prórroga, de un año, dos o por definir se antoja inevitable, a pesar de las consecuencias y los líos políticos, legales y diplomáticos que se generarían. Tampoco es descartable que incluso si la salida sin acuerdo es al final del todo inevitable no se pida por ejemplo un prórroga corta, unas semanas para intentar coordinar entre ambas partes la retirada desordenada minimizando el inevitable caos.

¿Y no se puede lograr un acuerdo mejor?

La UE piensa de cara al futuro. El Acuerdo de Salida es sólo eso, la retirada. Lo importante, lo difícil y lo que marcará las próximas décadas es la relación futura entre ambos bloques. Lo que hay ahora en la mesa es poco ambicioso, pero porque Reino Unido así lo ha querido. Si Londres rompe sus líneas rojas, los 27 estrían encantados de ir mucho más lejos y buscar una cercanía y un entendimiento mucho mayor.

¿Cuándo se ven los líderes europeos?

Hay previsto un Consejo Europeo en Bruselas el 21 y 22 de este mes. Brexit es el primer punto de la agenda, pero todo depende de lo que suceda en los próximos días. Los líderes no quieren verse más veces, o sólo para este tema, pero si la cosa se complica mucho, y no es descartable, no tendrían alternativa. Su mensaje, al menos hasta la fecha, es que se niegan a convertir esa cumbre en un monográfico de Brexit negociando hasta el último minuto como es habitual en Europa. No por pereza, o estrategia, sino porque reiteran que no queda nada que negociar con ellos. Lo dijo Juncker este lunes en Estrasburgo: la vida a veces da una segunda oportunidad, pero no habrá una tercera. Los documentos, los acuerdos, son los que son, lo toman o lo dejan.

¿Teme la UE ser recordada como los malos de la película por inflexibles?

No, diplomáticos, ministros y jefes de Gobierno creen que no hay cuestión moral o ética. El Brexit es algo británico. Su origen, gestión e incapacidad de llegar a acuerdos. Si algo sale mal, dicen, la responsabilidad estará en su lado. ¿Se arriesgarían a un no acuerdo por cerrazón y no dar más tiempo adicional? A la mayoría de los analistas le cuesta creerlo, por mucha retórica que se escuche. A nadie le apetece prolongar la agonía, pero mientras haya una opción, un margen, se aprovechará.

¿Está lista la UE para un Brexit sin acuerdo?

Los líderes políticos e institucionales dicen que sí, pero porque no pueden decir otra cosa. Preparados, de verdad, no lo estamos. Nadie. La ruptura de la UE es algo que jamás ha sucedido y de consecuencias imprevisibles. Hay consenso en que Reino Unido lo pasaría mucho peor, sobre todo en las primeras semanas o meses, pero el caos sería bastante generalizado, sobre todo entre sus vecinos, en Irlanda, Francia y quienes tienen más vínculos comerciales y personales. Se han hecho muchos planes de contingencia, a nivel nacional y comunitario. Pero son paliativos, para atenuar las consecuencias, no para hacerlas desaparecer. Habría caos en las fronteras, puertos, espacio aéreo, en los servicios financieros. Y todas las consecuencias negativas que el Acuerdo de Salida y el backstop tratan de impedir, llegarían de golpe.

DIOS TE BENDIGA!!!