Su voz es dulce y sus movimientos delicados. Michelle de Paula Reinaldo es una mujer de origen humilde, oriunda de Brasilia. Era secretaria parlamentaria en el Congreso de Brasil, cuando en 2007 conoció Jair Bolsonaro, quien se desempeñaba como diputado en representación del estado de Río de Janeiro. Ahí fue donde comenzó su relación sentimental.

El político le ofreció un cargo como asesora y, según los medios, le triplicó el sueldo. Por eso la pareja se enfrentó a una polémica por nepotismo que desencadenó en la pérdida del cargo de la mujer.

Michelle Bolsonaro, la esposa del político considerado más misógino de América© AFP / Michelle Bolsonaro, la esposa del político considerado más misógino de América

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Seis meses después de conocerse, la pareja contrajo matrimonio civil. En 2013, realizaron una segunda ceremonia, esta vez religiosa, en la cual Michelle prohibió la música en vivo. Como producto de su unión nació Laura Bolsonaro, la segunda hija de ella (Letícia, de 16 años, es producto de su primer matrimonio). “Tengo cinco hijos. Cuatro fueron hombres, en la quinta tuve un momento de fragilidad y vino una mujer”, dijo Bolsonaro en una ocasión sobre su hija.

Michelle no opinó sobre aquella declaración. Y es que esta brasiliense de 38 años ha sido descrita como una mujer discreta, que se expone poco a las cámaras y reflectores. De hecho, cerró sus cuentas en redes sociales cuando su esposo lanzó su candidatura para llegar al Palacio de la Aurora.

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En sus escasas apariciones en medios de comunicación no oculta su admiración por Bolsonaro. “Es humano, se preocupa por las personas, es un ser maravilloso”, dijo en un video difundido por uno de los hijos del exmilitar.

Sin embargo, ella no se refiere a los comentarios machistas, misóginos y discriminatorios de su esposo. Incluso ha expresado que el discurso de este político ha sido “malinterpretado”. Por eso ha sido duramente criticada. El periodista argentino Agustín Jamele publicó en octubre de 2018 un perfil que tituló: “Michelle Bolsonaro es ‘inmune’ a la misoginia de su polémico marido”.

La imagen de ella es la de una “buena” mujer conservadora, que permanece en segundo plano, generalmente en compañía de Bolsonaro. En palabras de Gladstone Leonel Da Silva, doctor en derecho de la Universidad de Brasilia, “ella tuvo poca visibilidad en la campaña para legitimar un discurso generalmente ligado a la sumisión de las mujeres. Aparecía algunas veces en televisión haciendo algunas labores humanitarias, pero es como una figura decorativa, si se le puede llamar así”.

De acuerdo con un reportaje sobre su estilo de vida publicado en la revista Vanity Fair, la nueva primera dama de Brasil pasa la mayor parte del tiempo en un condominio del Barrio de Tijuca, uno de los más modernos y desarrollados de Río de Janeiro. Además, se ejercita con frecuencia en el gimnasio y “le encanta comprar en Zara”.

Michelle es evangélica. Y aunque para Da Silva, este rasgo no fue determinante para que el nuevo presidente recibiera el apoyo de aquella confesión religiosa, a la cual debe en gran medida su triunfo, la pertenencia de su esposa a aquella religión es una herramienta que contribuye con la aceptación de este ferviente católico, que llegó al poder con más del 55 por ciento de los votos.

La razón de esto es que, según el último estudio del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística, el 22,2 por ciento de los brasileños se reconoce como evangelista. Además, frente a la constante disminución de católicos en gigante sudamericano, los evangelistas se incrementaron un 6,8 por ciento entre 2000 y 2010. De hecho, aquellos fieles son una de las masas de electores más codiciadas por los políticos.

Precisamente en la Iglesia Bautista Atitude, donde se le ve rezando constantemente, la nueva primera dama de Brasil participa educando niños con dificultades auditivas.También ha usado esta habilidad para traducir parcialmente algunos de los discursos que su marido difundió a través de Facebook Live.

Se espera que después de la posesión, Michelle de Paula sea más cercana a los medios de comunicación. Y para Da Silva, su figura va seguir siendo usada para legitimar el discurso de un gobierno autoritario y como ejemplo de cómo creen que debe comportarse las mujeres”.

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