El estrés puede “agotar” directamente el organismo y hacer que nos enfermemos de forma considerable y notoria.

Cabe aclarar que los síntomas que se presentan varían de acuerdo al género. Las mujeres, en su mayoría, sufren de depresión, ansiedad e insomnio; los hombres, fatiga, alteraciones en la memoria y/o hipertensión arterial.

Pareciera imposible la cantidad de síntomas que nos alertan sobre la presencia del estrés. En esta ocasión, te compartimos uno por cada vocal:

A

Alteraciones del sueño: insomnio constante, sueños “interminables” durante la noche que terminan en sensaciones de angustia y preocupación al despertar.

E

Emociones negativas: cambios de humor y emociones confusas. Quienes se encuentran bajo mucha presión tienden a enojarse más fácilmente, actuar impulsivamente y a perder el control.

I

Irritabilidad: intolerancia hacia algunas actitudes de personas con las que se convive, y rechazo hacia acontecimientos que la mayoría pasa inadvertidos.

O

Obesidad: el estrés provoca cambios en la conducta alimentaria. En ese momento, los alimentos que “cumplen” la función de calmar los nervios son ricos en azúcares y grasas saturadas, lo cual provoca el aumento de peso.

U

Uso de alcohol o drogas para relajarse: incapacidad de limitar la cantidad de alcohol que se bebe. Se incumplen obligaciones laborales, académicas y en el hogar.

Una buena salud mental la cultivamos a través de ciertas acciones:

  • Conciencia del estado de la salud mental actual.
  • Identificación de la calidad de los pensamientos y sentimientos.
  • Incorporación de técnicas y ejercicios para el manejo del pensamiento.

El problema del estrés supera la salud mental cuando se tiene en cuenta la relación entre el estrés crónico, la ansiedad y la salud cardíaca.

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