Bartomeu resoplaba después de ganar al Villarreal. El pasado domingo echaba el cierre con una nueva victoria del FC Barcelona y retornaba al liderato. Sin embargo, en la mente del dirigente navegaba la zozobra. ¿Qué hacer con Dembélé? En su cabeza repicaba la poderosa y pertinente reacción óptima de la grada con el galo, mientras al mismo tiempo tañían en su mente las quejas internas que conforman un traje de etiqueta al díscolo chaval de Vernon. Los 21 años del jugador invitan a la paciencia, pero si en el fútbol se granjea poco esta virtud, qué decir en un todopoderoso como el Barça: aquí no se procesa el tiempo de confianza. Las dos caras del chico mantienen un profundo debate. De un lado la inversión, de otro el rendimiento. ¡Cómo desprenderse de un diamante sin pulir! No es secuencia fácil para el dirigente cuando desde el camerino no cierran filas con el desobediente.

En tiempos de desesperación, proceden desembolsos alocados. Al golpe de traición se sometió a la Junta directiva con la reacción escapista de Neymar. El doble discurso del padre de ‘Ney’ descolocó a un Barça que reaccionó desenfundando el talonario con lo ingresado. Sólo así se puede explicar la adquisición de Dembélé, un infante de 19 años que con la mayoría de edad había abandonado Francia para conocer la Bundesliga. En Alemania creció. Pero su progresión no vislumbraba una venta tan acelerada. Con la necesidad acogotando a la dirigencia para ofrecer un lindo cromo a la afición, parte del dinero al contado que cayó en la sede azulgrana se trasladó a Dortmund. Y a fe que los germanos sacaron buena tajada.

La operación de traspaso se cerró con celeridad en los siguientes términos: 105 millones de euros más 40 millones más en objetivos, de los que ya han sido costeados 10 de esa cantidad abierta a los variables. Después de aquel intempestivo verano para los culés, el hacer de Dembélé sucumbe con un primer ejercicio dominado por las ausencias y por la aclimatación al nuevo estado. En el estreno se sacudió con una primera fase anónima -castigado por las lesiones- y una segunda dónde el rendimiento permitió creer en su figura. No pudo evitar que se hablara de él para colocarlo cedido en la operación estrella que programaba el Barça: se especuló con la intención de incluirlo en la negociación de compra de Griezmann y foguearlo un curso en el nuevo Metropolitano. Sólo, si el Atleti se avenía a negociar. Que no fue el caso.

El vestuario no cierra filas con Dembélé

Lo que más sorprende de lo que ocurre con Dembélé es que el vestuario no cierre filas respaldando al joven galo. Varios han sido los compañeros que han desaprobado sus acciones al margen del césped. Existe una ley interna de vestidor donde lo que pasa queda ahí. Sin embargo, Piqué o Suárez han regañado al imberbe por su inadecuado comportamiento, dando a entender que no engancha con el grupo. Desde Barcelona se ha especulado que no convence a Messi. Pero esta variante, que ya ha dado sus frutos -Eto’o, Ibrahimovic o Villa, por poner algunos ejemplos del pasado- es más un reflejo de lo que se observa en el terreno de juego que de una pobre relación. La realidad es que al astro argentino le van los futbolistas que buscan asociación, con la excepción de Suárez, que sin ser un virtuoso ha entendido mejor que cualquier otro goleador al ‘10’. Y claro, el galo es más un delantero individualista que asociativo.

Pero hasta Messi se debe rendir con los números actuales del extremo francés. Son 7 goles en 18 presencias, algunos de ellos determinantes en los puntos como Valladolid, San Sebastián, Vallecas o Metropolitano, o el más lejano que otorgó el primer título del curso. Por aquí nacen las dudas en la dirigencia, en su máximo responsable. En el club se mezcla la paciencia con el fastidio. ¿Por qué un tipo tan bueno cruza cielos con infiernos? ¿Merece la pena aguantar? La cuestión mantiene difícil y enigmática respuesta y todo va a depender de la propuesta económica que se encuentre el Barça sobre la mesa de negociación. Si el Arsenal se acercó en el pasado y se optó por la calma; si se discurre, también en Inglaterra, un interés del Liverpool, la ruleta jugará en función del precio. La inseguridad habitual del Barça en este tipo de decisiones provoca el enigma completo.

Es evidente que Ousmane Dembélé no ha terminado de adaptarse y que su rendimiento participa del día y la noche. Pero estos dos parámetros equidistantes deben reconducirse sobre la hierba. Algunos le acusan de falta de compromiso, mientras otros hablan de aplicar la ternura. La cuestión también abarca a la economía y es que según informó el diario alemán ‘Die Welt’, una cláusula del contrato contempla que en el caso de que el jugador fuera transferido antes de junio de 2022 (fin del compromiso vigente) se harían efectivas todas las variables escritas en el documento que suman otros 30 millones de euros más, a los 115 ya desembolsados. El futuro es difícil de interpretar. Dependerá del compromiso del chico durante estos meses, de su adaptación con Messi y del cariño que engarce fuera. Con todo, su dificultad para integrase en el rebaño de actores no le ayuda. Como tampoco la cuenta de resultados del Barça.

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