Édison Washington Prado Alava, alias Gerald, fue capturado y enviado el pasado mes de febrero en un avión de la DEA en Estados Unidos. Aunque desde ese momento su detención del capo, conocido como el Pablo Escobar ecuatoriano, vino acompañada con el descubrimiento de una porción importante de su fortuna ilegal, una operación de la Fiscalía y la Policía puso al descubierto que parte de sus tesoros aun se mantenían ocultos.

Entre sus guardados en Colombia tenía una hacienda de más de 450 hectáreas en Tumaco, la cual funcionaba como un próspero negocio de  ganadería, la siembra de plátano y de cacao; también fue incautada una finca en Pance (Valle del Cauca), la cual fue adquirida por 5.000 millones de pesos; en el inventario hay lujosas casas campestres, camionetas blindadas y altas sumas de dinero en efectivo.

En un megaoperativo realizado en cuatro departamentos -Valle del Cauca, Nariño, Cesar y Tolima-, fueron capturados 24 de sus testaferros, entre los que hay abogados y contadores que servían como asesores de la organización narcotraficante. En total, en este golpe de las autoridades colombianas en apoyo de la DEA, se logró la incautación de 120 bienes que tienen un valor de 120.000 millones de pesos.

Al interior de varias de las casas allanadas, la Policía dio con millonarias caletas que suman más de 3.070 millones de pesos en efectivo y 7.430 dólares. Lo detenidos serán llevados ante un juez para que respondan por los delitos de lavado de activos, concierto para delinquir, testaferrato y enriquecimiento ilícito.

A sus 20 años Washington Prado comenzó su increilble crecimiento en el mundo de la mafia; tres lustros después estaba amasando una fortuna millonaria y dirigió una organización similar en todo sentido a la del extinto cartel de Medellín. Se calcula que entre el 2015 y 2016 logró transportar desde el Pacífico colombiano hacia Centroamérica y Estados Unidos 250 toneladas de cocaína; otras 150 le fueron decomisadas en ese periodo.

En Colombia, el capo se hacía llamar John Alex Rengifo García para despistar a las autoridades. En las calles de Tumaco era conocido como un empresario pesquero que se movilizaba escoltado en lujosas camionetas blindadas. En abril del 2017, el capo ingresó a Colombia ilegalmente por Ipiales, cuando un retén de la policía, que le seguía de cerca los pasos, lo detuvo. “Este delincuente lideraba la organización mafiosa más sofisticada y tecnificada del Pacífico colombiano”, afirmó el director de la Policía Nacional, general Jorge Hernando Nieto Rojas.

Ahora, las investigaciones en el sur del país continúan siguiéndole el rastro con el fin de desmantelar toda la red de socios que al parecer aún mantiene vivos varios tentáculos.

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