Imaginar una Europa sin la Unión Europea es, a día de hoy, un ejercicio de ficción que bien podría inspirar a un retorcido escritor aficionado a las distopías… o a algunos de los cada vez más numerosos eurófobos. La UE, que nació con el anhelo de acabar con los frecuentes y cruentos conflictos entre vecinos tras Segunda Guerra Mundial, atraviesa una época tormentosa. Las posturas que la perciben como un obstáculo están en boga en muchos rincones del Viejo Continente, espoleadas por los crecientes movimientos populistas y de ultraderecha. Si bien no deja de ser un escenario hipotético, los expertos consultados por El HuffPost coinciden en dibujar un panorama desalentador y complicado en el caso de que esta desintegración europea se produjese, con convulsiones económicas y tensiones que se propagarían como la pólvora.

La desaparición de la UE supondría “un cambio de paradigma como el que en su momento significó el establecimiento del Telón de Acero y el comienzo de la Guerra Fría, con consecuencias claramente negativas en los campos económico, político y de seguridad, y por lo tanto, ineludiblemente en el social”, explica el coronel José Luis Pontijas, analista de Seguridad del área Euroatlántica del Instituto de Estudios Estratégicos. “Lo más grave es que las naciones europeas acabarían cayendo presas de los intereses de las grandes potencias, incapaces de elegir su propio destino, y muy posiblemente obligadas a elegir bando” en un tablero global con China, EE UU y Rusia como principales actores.

La Cámara Principal del Parlamento Europeo en Estrasburgo, vacía.© Reuters La Cámara Principal del Parlamento Europeo en Estrasburgo, vacía.

¿Pero cuáles serían los efectos inmediatos de la desintegración de la UE para el ciudadano común y corriente de un país como España? Todas las voces coinciden en señalar que lo sentiría, y mucho, en el bolsillo. Antes de entrar en materia, el profesor Gerónimo Maíllo, profesor de Derecho Comunitario en el Instituto de Estudios Europeos de la Universidad CEU San Pablo, insiste en subrayar que le parece una hipótesis “muy irreal”. “Desde todas las perspectivas sería un escenario muy negativo en términos macroeconómicos, y el ciudadano de a pie lo notaría enseguida y de forma muy intensa”, señala. La “gran recesión económica” que se desencadenaría en Europa “llevaría a un aumento gigantesco del desempleo, que a su vez conduciría a una bajada del consumo interno y externo, y entraríamos en un bucle negativo que nos llevaría a una situación bastante dramática”, comenta.

El fin de la libre circulación tan valorada por la ciudadanía europea sería el menor de los problemas. “En el día a día habría más dificultades de acceso a determinados productos y nuestro poder adquisitivo respecto al exterior se reduciría. Si el euro y el mercado común desaparecieran y tuviéramos que pasar de nuevo a la peseta, esta tendría mucha menos fortaleza, de modo que los productos de fuera nos costarían muchísimo más y tendríamos acceso a muchos menos”, según Maíllo.

Un operario municipal limpia una zona verde frente a una oficina de empleo.© AFP Un operario municipal limpia una zona verde frente a una oficina de empleo.

Un verdadero caos

Este profesor recalca que todo el proceso de integración europea no solo ha generado paz y estabilidad política en el continente, sino también “un desarrollo económico inmenso” cimentado en los intercambios entre los estados miembros de mercancías, de prestación de servicios, de establecimiento de empresas, movimientos de capitales… “Hay tanto avanzado que desmontar todo haría que volvieran las tensiones de carácter económico y político. Tan solo con el Brexit estamos viendo lo que supone que un estado decida marcharse; imaginar que todos optan por poner fin al proyecto europeo es multiplicar esto por 15 o por 20, sería un verdadero caos”, reflexiona.

Maíllo cree que, en el caso de que el mercado común y el Espacio Schengen desapareciesen y volvieran a restablecerse fronteras y aranceles, la exportaciones españolas se verían seriamente perjudicadas, ya que están enfocadas sobre todo hacia otros países de la Unión.Habría que renegociar tratados y acuerdos con cada estado, “y esto no es una cuestión que se resuelva en poco tiempo, la reestructuración económica probablemente llevaría como mínimo una década”.

Detención de un supuesto yihadista en Valencia.© Agencia EFE Detención de un supuesto yihadista en Valencia.

A raíz de estas dificultades, el coronel Pontijas cree que “los estados europeos se verían abocados a una competición económica entre sí que acabaría inexorablemente en una competición geopolítica y geoestratégica que nos situaría en un escenario muy parecido al que existía antes de la Segunda Guerra Mundial (con populismos en el escenario político incluidos) y aumentaría el riesgo de desestabilización, lo que obligaría a un rearme general de los países europeos con el consiguiente empobrecimiento”.

Rearme general

“El ámbito de la seguridad es sin duda el que más afectado se vería”, sostiene el coronel. Explica que actualmente los países europeos enfrentan “amenazas y riesgos reales, patentes y que están empeorando”. Terrorismo internacional, ciberataques, crimen organizado, narcotráfico, tráfico de seres humanos, contrabando de armas, cambio climático, seguridad medioambiental, y un largo etc. “Ninguna de estas amenazas pueden ser enfrentadas por ningún estado en solitario”, subraya. “Ni siquiera los más poderosos como Francia, Gran Bretaña o Alemania, no digamos ya, los más pequeños, como Eslovenia o Chequia. ¿Qué pasaría con las amenazas que tan eficientemente están cubriendo la Orden de Arresto Europea, EUROJUST o EUROPOL?”, se pregunta.

La desprotección que significaría la inexistencia del marco de la Unión Europea, situaría a los estados europeos en una tesitura en la que tendrían que lidiar a nivel individual con las exigencias de las superpotencias hegemónicas y los grandes actores.

Carros de combate españoles, alemanes y estadounidenses durante unas maniobras conjuntas de la OTAN en Letonia.© Ints Kalnins / Reuters Carros de combate españoles, alemanes y estadounidenses durante unas maniobras conjuntas de la OTAN en Letonia.

“Desde el punto de vista militar, la OTAN (dirigida por unos EE UU cada vez menos interesados en la seguridad europea por el creciente desplazamiento de su atención hacia Asia) podría ir perdiendo su credibilidad ante una Rusia más asertiva y una presencia militar China creciente en todos los escenarios”, opina Pontijas. “Europa se convertiría en un conjunto de marionetas sujetas a las tensiones económicas y geoestratégicas de las dos superpotencias que entonces muy probablemente existirán (EE UU y China), a las que se sumarían el resto de grandes actores mundiales como Rusia y una creciente India”.

Lecciones históricas

La historia de Europa ha estado marcada por cruentos conflictos bélicos, por eso la época actual es es denominada por los historiadores como “la larga paz”, ya que nunca había habido un periodo tan largo sin guerras entre los estados que conforman la Unión. “Revivir los viejos atavismos y temores de guerras yo de momento lo descartaría, no creo que estemos en un escenario de ese tipo”, explica Carlos Malamud, investigador principal del Real Instituto Elcano y Catedrático de Historia al plantearle una hipotética desintegración de la UE.

“Si bien la historia es la que es”, para Malamud “esa misma historia ha dejado una serie de lecciones a Europa y también a los europeos”. “El recuerdo de las guerras es algo muy lejano para la mayor parte de los europeos, sobre todo para los jóvenes que no conocen los horrores de la guerra, pero que sí conocen bien lo que es vivir en paz”, comenta. De hecho, los estados miembros de la UE llevan siete décadas sin sufrir conflictos bélicos entre sí.

Donald Trump y Xi Jinping.© Getty Images Donald Trump y Xi Jinping.

Malamud considera que, si el proyecto europeo naufragase, habría intentos de distintos grupos de países de minimizar el impacto, e inclusive de restablecer las viejas estructuras, buscando una unión más pequeña, distinta, pero con la intención de rescatar lo bueno de la experiencia previa. Porque si la inverosímil hipótesis se hiciese realidad algún día, “sería desastroso, un duro golpe para ese largo periodo de paz y prosperidad, y tendría consecuencias dramáticas para Europa y los pueblos europeos“, considera.

“La cooperación y la solidaridad europea, no es simplemente beneficiosa”, asevera el coronel Pontijas, “es la única alternativa que tenemos los europeos para intentar asegurar un futuro con mayores posibilidades de prosperidad, seguridad y paz”.

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