Inicio Entretenimiento Por qué el mejor estudiante de la clase No se hace Rico

Por qué el mejor estudiante de la clase No se hace Rico

Estudiante

La etiqueta que teníamos en el colegio no desaparece, eso es un hecho. Da igual que hayas adelgazado cien kilos o que te hayas operado las dioptrías y ya no uses gafas, te recordarán como eras. Al fin y al cabo las típicas cenas de reencuentro entre compañeros de clase que hace veinte años que no se ven son un poco eso, descubrir quién ha triunfado más en la vida.

Y solemos pensar que nuestro compañero Fulano o nuestra compañera Mengana (¿de verdad alguien se llama así?), que eran los que sacaban siempre matrícula de honor en matemáticas, cuando nosotros a duras penas conseguíamos acabar el examen, trabajarán ahora en una importante multinacional o tendrán algún puesto importante, con el que ganarán mucho dinero. Sin embargo esto no es siempre así.

Porque, según un estudio realizado por Karen Arnold en el Boston College la gente que se sentaba a tu lado en el colegio y a la que intentabas copiar los ejercicios de sociales no es la que reina el mundo. No son los millonarios exitosos que imaginabas y por los que no quieres ir a la cena de reencuentro del instituto. Y la razón es más sencilla de lo que puede parecer.

La escuela enseña a cumplir unas reglas, pero estas reglas no suelen ser aplicables al mundo real. La gente que saca buenas notas en el colegio y sabe seguir las reglas a la perfección apoyan el sistema y, por tanto, pasan a convertirse en parte del sistema. No rompen la rueda. No pretenden cambiarlo o derrocarlo.

Cambiar las reglas

Las personas con un promedio de calificaciones más normal quizá no cumplen tan bien las reglas pero saben hacerlo con los objetivos a largo plazo. O directamente deciden no seguir las reglas y dar un nuevo rumbo a las cosas, lo que les hace ser más éxitosos y, según el estudio, con mayor probabilidad de hacerse ricos en el futuro. Porque en el colegio las reglas son muy claras pero a la hora de la verdad en la vida no están tan claras.

De lo que podemos concluir que a veces seguir las reglas no es tan beneficioso como podíamos suponer. A veces está bien rebelarse un poco, soltarse la melena. Porque quizá no fuimos los mejores estudiantes de la clase, pero ¿qué importa? Podremos llegar a la cena del instituto con un fajo de billetes y la cabeza bien alta.
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