“No es muy profesional. Se cae para que nos saquen una amarilla y luego corre como nunca.” El enfado de Jürgen Klopp hacia Neymar, el gran protagonista de la velada del miércoles y el verdugo del Liverpool (2-1) en la Champions, recorrió el auditorio del Parque de los Príncipes como una bomba de humo. El técnico alemán del conjunto inglés acababa de conceder una nítida derrota  contra el PSG que le aleja de la clasificación para los octavos de final de la Liga de Campeones. Una situación incómoda para el reciente subcampeón de Europa. Su ira hacia el polémico delantero brasileño, autor del gol del triunfo, resumió el sentimiento de frustración en las filas inglesas.

Tan sólida en Inglaterra (con cinco goles encajados en 13 partidos ligueros), la defensa del Liverpool estalló en mil pedazos en la primera parte del duelo, aturdida por la velocidad de Neymar y su conexión en el costado izquierdo con Kylian Mbappé, al que convirtió en su mejor socio en el campo bajo la batuta de Thomas Tuchel, sucesor de Unai Emery en el banquillo del PSG. El extremo brasileño, inexistente en la jugada del primer gol francés, de Bernat, se mostró resolutivo en el segundo al ser al origen y a la conclusión de un contragolpe express, ayudado en su ofensiva por Mbappé otra vez en el costado izquierdo. Neymar anotaba así el gol número 31 de su carrera en Liga de Campeones (21 con el Barcelona y 10 con el PSG), convirtiéndose en el mejor artillero brasileño de la historia en el máximo torneo europeo, con un tanto más que Kaká. Y sobre todo, Neymar se mostraba por primera vez determinante en un duelo de Champions desde su llegada al club de la capital francesa por 222 millones de euros en el verano del 2017 procedente del Barça.

Hasta el momento, Neymar nunca había impuesto su ley contra grandes rivales europeos con la camiseta parisina. En su primera temporada, acribilló al Celtic de Glasgow y al Anderlecht, con dos tantos cada vez, en la fase de grupos. En esta segunda, anotó un triplete contra el Estrella Roja de Belgrado en una goleada (6-1) que permanece bajo la lupa de la fiscalía francesa por un supuesto amaño de partido. Solo había metido un gol en seis encuentros contra adversarios de gran calado como el Bayern Múnich, el Real Madrid, el Nápoles o el Liverpool. “¿Y si Neymar fuera el nuevo Ibrahimovic, fuerte contra los débiles, débil contra los fuertes?”, se preguntaba el diario L’Équipe en su edición del miércoles.

Su actuación contra el Liverpool, marcada por sus aceleraciones, sus regates y sus provocaciones, borra un poco el mal recuerdo que dejó a los seguidores parisinos la temporada pasada tras su tremendo chasco en el partido de ida de los octavos de final contra el Madrid en el Santiago Bernabéu (3-1). Neymar observó cómo sus patinazos para obtener faltas y su manera de perder el tiempo desconcertaron a sus rivales ingleses. “Ver esta noche (ayer) a Neymar fue vergonzoso. Si continúa así a lo largo de toda su carrera, será recordado por esto (sus piscinazos) en lugar de por ser un gran jugador”, afirmó Jamie Carragher, ex de los reds. “No es que el PSG no mereciera ganar, pero estuvimos cerca de lograrlo y un pequeño obstáculo fueron las 500.000 interrupciones en la segunda mitad”, protestó Klopp, apuntando al exjugador del Barça.

Con tres tiros a puerta y un gol, Neymar fue tres veces más decisivo que el Liverpool, que solo encontró una vez las redes de Buffon gracias a un penalti de su capitán, James Milner.

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