Ousmane Dembélé volvió a protagonizar el jueves otro capítulo más de falta de disciplina. El jugador francés no se presentó a las diez de la mañana, hora a la que estaba convocada toda la plantilla, para el entrenamiento que comenzaba una hora después. El club no pudo contactar con el futbolista hasta 15 minutos antes del comienzo de la sesión.

El francés informó que no se encontraba bien y el médico tuvo que personarse en el domicilio del futbolista. Poco más tarde, el club informaría que Dembélé no se había entrenado por una gastroenteritis. El jugador tampoco se ha ejercitado hoy con el resto del grupo.

El malestar que hay en el club con el jugador es manifiesto. Lo del jueves no es una acción aislada. Es relativamente frecuente que Dembélé llegue tarde a los entrenamientos. Lo es desde que llegó en verano de 2017 al club azulgrana.

Hasta ahora el club iba tapando como podía estas faltas de disciplina del jugador, pero ahora empiezan a hartarse ante la reiteración de los hechos. Habrá que ver qué dice Valverde en la rueda de prensa previa al partido de este domingo frente al Betis.

A Dembélé le está costando una barbaridad adaptarse a Barcelona y lo que supone el fútbol profesional de alto nivel. No son sólo los constantes retrasos. No ha seguido la dieta alimenticia que requiere un futbolista profesional, ha realizado viajes inadecuados y tampoco se ha integrado plenamente en el grupo.

En el terreno meramente deportivo tampoco acaba de entender los mecanismos del equipo. Tiene una gran velocidad, regate y gol; sin embargo tácticamente sigue cometiendo muchos errores.

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