Si le preguntas a un niño de 5 años cuándo deja uno de ser joven, te dirá que a los 13. Si le preguntas a un adolescente de 13, su respuesta será que a los 30. Si le preguntas a una mujer de 30, apostará por los 50. Si le preguntas a un tipo de 50, contestará que a los 75. No hay nada tan subjetivo y esquivo como la juventud. La ciencia, no obstante, pondría muchos peros a esta afirmación. Según las investigaciones expertas, el envejecimiento humano comienza a los 30. Pero, ¿de verdad deja de ser joven alguien que todavía no ha encontrado su pasión profesional, mucho menos un trabajo estable, y que tal vez no ha dado con los recursos necesarios para marcharse de casa de sus padres? ¿Y una mujer de 60 que hace deporte todos los días y que tiene una vida social más sana que a los 40? El mundo está loco.

Por eso hoy nos hemos propuesto en GQ una locura: determinar qué es ser joven, qué entienden que es ser joven las diferentes generaciones que convivimos y qué podemos hacer para sentirnos eternamente jóvenes. Decimos lo de “sentirnos” porque ser eternamente jóvenes es imposible. Lo dice la ciencia, la primera institución a la que deberíamos recurrir, y en la que existe cierto consenso sobre la afirmación de que el cuerpo empieza a envejecer a los 30 años. Así lo afirman científicos españoles

como Francisco Mora, de las universidades de Granada y Oxford; Manuel Nevado Rey, de la Camilo José Cela y la UDIMA, y Jaime Miguel, ya fallecido, que trabajó incluso para la NASA.

No obstante, hay puntualizaciones que llegan también desde la Academia. Unos investigadores de Nueva Zelanda afirmaron en 2015 que el envejecimiento a partir de los 26 años depende de factores relacionados tanto con la genética como con el estilo de vida, como el nivel de colesterol, el índice de masa corporal o la presión sanguínea. Por lo tanto, una persona de 40 años puede envejecer más rápido que una de 50. Por otro lado, hace unos años, ‘The Daily Mail’ recogió, con la ayuda de expertos, la edad a la que envejecen diferentes órganos de nuestro cuerpo. El cerebro y los pulmones, por ejemplo, comienzan a hacerlo a los 20. Los riñones y el hígado, a partir de los 50.

Qué dice la psicología al respecto

Ciencia aparte y recuperando la teoría del comienzo del artículo, lo que entendemos por ser joven (y por dejar de serlo) tiene más que ver con lo emocional y lo cultural que con lo biológico. Por ello hemos recurrido a nuestra experta de cabecera, Amparo Calandín, la mejor psicóloga de España según los Doctoralia Awards. “Por supuesto que ser joven está relacionado con lo emocional. Hay personas de 20 años biológicamente jóvenes que a nivel psicológico y de conducta son inactivas, ya que no hacen nada, no se divierten, no sienten jovialidad, y en cambio hay gente mucho más mayor que tiene una actitud frente a la vida abierta y flexible”.

También le preguntamos por algo que te parecerá obvio, pero para lo que tal vez no tienes respuesta. ¿Por qué nuestro concepto de lo que es ser joven cambia según nuestra edad? “Eso se debe a la percepción subjetiva que tenemos en diferentes edades biológicas, y también a nuestra madurez cognitiva y psicológica”, nos explica Amparo: “Los niños lo ven todo con una gran amplitud, y lo adulto se les antoja mucho más lejano que en edades avanzadas. Cuando eres adulto, las distancias son menores, y percibimos que existen muchas otras posibilidades, tanto culturales como sociales, que hacen que el distanciamiento se reduzca. Atntes una persona de 40 años ya lo había hecho todo según su época, y ahora con esa edad te queda mucho más por vivir”.

Según un interesante artículo del ‘Huffington Post’, asociar juventud y vejez a lo cultural fue cosa de los baby boomers. Si lo explicamos de manera sencilla, podríamos decir que antes la gente vivía para trabajar, pero en los años 60 y 70 la calidad de vida empezó a ser tan importante como la esperanza de vida. “En aquella época hubo muchas revoluciones culturales que hicieron que la vida valiera más la pena, que tuviéramos más objetivos por los que luchar, más metas que alcanzar. Dejamos de ser conformistas”, desarrolla Calandín: “El disfrute de la vida hizo que tuviéramos más ganas de vivir, y empezamos a preocuparnos también por lo temporal, para querer disfrutarlo al máximo“. Así se popularizaron la cirugía estética, la Viagra y la obsesión por ser siempre jóvenes.

Solo cinco años de juventud

Ahora que estamos hablando de generaciones, aventuramos que la nuestra, los criticados millennials, no lo tiene especialmente fácil. Para que te hagas una idea, te daremos un par de datos. Según una encuesta que el gobierno británico realizó en 2010, los ciudadanos consideraban que uno deja de ser joven a los 35. El mismo estudio lanzó en 2018 la cifra de los 30. Pero lo divertido es que en 2013 les preguntaron algo similar, cuándo creen que la gente deja de ser adolescente, y los encuestados dijeron que a los 25, ya que la crisis económica y la precariedad laboral ha retrasado mucho más la madurez. Según estas investigaciones, tenemos solo 5 años para ser jóvenes, para formarnos, hallar la estabilidad profesional y la independencia económica y establecer relaciones duraderas y sanas.

El columnista Héctor G. Barnés publicó hace unas semanas en ‘El Confidencial’ un artículo en el que hablaba precisamente de esto: el período de lo que consideramos juventud se ha reducido de forma preocupante. Su reflexión es más acertada cuando aborda la incorporación laboral: las empresas quieren a gente cada vez mas joven, y los que no han tenido tiempo para alcanzar experiencia tras graduarse, por culpa de la crisis, se quedan sin trabajo. A Amparo le transmitimos esta inquietud, la imposibilidad de cumplir ritos de vida que antes se asociaban a ser joven. Su respuesta, al menos, es tranquilizadora: “Antes la madurez la daban acontecimientos vitales como tener hijos, pero ahora por ejemplo, podemos estudiar una carrera. Tenemos más opciones de madurez y aprendizaje“.

Entonces, ¿qué es ser joven? ¿Cuándo empieza y cuándo termina la juventud? Aunque suene a locura, lo que quieras tú y cuando quieras tú. Pero debes proponértelo en serio. “Tenemos que ser empáticos. El mundo evoluciona, surgen nuevos referentes de vida y tenemos que ir adaptándonos a ellos, ser tolerantes y flexibles”, señala Amparo Calandín como condición para sentirnos eternamente jóvenes. “Hay hábitos y conductas que nos ayudarán. Por ejemplo, llevar una vida activa, realizar deporte, trabajar relaciones sociales y conocer gente nueva, practicar hobbies y aficiones, ser dinámicos en el trabajo… Eso hará que la vida valga la pena y que la disfrutes con total plenitud. Hará que mantengas siempre esa jovialidad y que conserves la sensación de haber disfrutado al máximo”.

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