La victoria electoral de Andrés Manuel López Obrador con el 53% de los votos, más el control del Congreso de la Unión, le dio al presidente electo suficiente margen de maniobra para cambiar el rumbo de la presidencia antes de su toma de posesión el primero de diciembre.

Desde 1982, los sucesivos gobiernos en México tomaban decisiones con base en criterios de eficiencia económica y estaban especialmente interesados en la opinión de los mercados; la nueva administración ha decidido romper con esa visión.

El presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador. Foto:  Carlos Jasso/Reuters

Durante este lapso la economía creció a una tasa promedio anual del 2.5% y las crisis económicas recurrentes prácticamente desaparecieron. La última crisis económica fue en 1995 y desde el último trimestre la economía mexicana crece a tasa anual sostenidamente.

Presidentes de rasgos populistas como Vicente Fox, jamás se atrevieron a tocar el manejo de la economía y, de hecho, durante toda su gestión mantuvo un muy poderoso Secretario de Hacienda que jamás permitió que se jugara con las variables macroeconómicas.

En sentido contrario, el próximo presidente de México ha enviado señales claras de que las decisiones económicas estarán supeditadas a sus cálculos políticos. Se volverá a los tiempos del presidente Luis Echeverría que decía que la economía se manejaba en Palacio Nacional.

Adiós a la confianza en la economía mexicana

La primera acción del nuevo gobierno fue cancelar la construcción del aeropuerto internacional de Texcoco a pesar de tener un avance superior al 30% de contar con financiamiento asegurado por más del 70% de la obra y la oferta de diferentes inversionistas de pagar toda la obra como un poderoso mensaje hacia los mercados en el sentido de que él manda.

Este signo de afirmación política es la semilla de una crisis económica que podría estallar en el muy corto plazo puesto que está siendo abonada y regada con otros mensajes altamente preocupantes para los mercados.

Si bien es cierto que la cancelación del aeropuerto no genera un impacto directo para el PIB o para las empresas involucradas, que ya negociaron con la nueva administración mantener los mismos volúmenes de obra, sí implicó el rompimiento en la confianza sobre la economía mexicana.

Consecuencias sobre el mercado

La depreciación que tuvo la moneda mexicana (sigue aquí la cotización del peso), comparable a las que registró en la elección y toma de posesión de Donald Trump, es la primera que tiene un origen doméstico. El peso mexicano es la moneda más líquida de las economías emergentes y 7 de cada 10 operaciones no tienen contraparte mexicana, por lo que la divisa es mucho más sensible a factores internacionales.

Con una caída del 7.45% el peso mexicano tuvo su peor octubre desde 2008 y fue la divisa con peor comportamiento en el mundo. Los bonos a 10 años del gobierno mexicano tuvieron un incremento de 54 puntos base para colocarse en 8.97%, lo que incrementa el costo financiero de la deuda mexicana en 40,000 millones de pesos.

Las afores, algunas de ellas invertidas en bonos y fibras del aeropuerto de Texcoco, registraron una minusvalía del 4%, la mayor en términos absolutos de la historia y la primera que tiene su origen en volatilidad dentro de la economía nacional.

Las calificadoras de valores han ratificado la calificación de la deuda soberana de México, pero han señalado su preocupación sobre la posibilidad del nuevo gobierno de cumplir en tiempo y forma con sus obligaciones financieras. Dos de ellas han informado que harán una revisión con tendencia a la baja.

Más iniciativas preocupantes

Desde el Congreso de la Unión han surgido algunas otras intenciones que han preocupado a los inversionistas, al grado de que Citibanamex estima que durante el año próximo la economía crecerá 1.7%, desde un nivel del 2.1% y que el tipo de cambio se encontrará en niveles de 20.50 pesos por dólar.

En la Cámara de Diputados se presentó una iniciativa que planteaba eliminar la autonomía de las comisiones reguladoras del sector energético (Comisión Nacional de Hidrocarburos y Comisión Reguladora de Energía) a contrapelo de la práctica internacional. El aeropuerto de Texcoco tenía un costo programado de 13,300 millones de dólares y tan solo en el sector petrolero hay inversiones comprometidas por 190,000 millones de dólares.

Gracias al trabajo de asociaciones de inversionistas y reguladores internacionales, los legisladores detuvieron esta propuesta, pero el daño ya estaba hecho: se abonó a la crisis sobre las medidas que tomará el gobierno.

En el Senado de la República se presentó una iniciativa que pretendía disminuir las comisiones que cobran los bancos a sus clientes, en lo que únicamente puede ser calificado como matar a la gallina de los huevos de oro.

Durante la última década, el crédito a las personas en México ha crecido a una tasa promedio de dos dígitos, las tasas de interés en promedio han bajado de niveles del 20% para colocarse entre 9 y 12% a tasa fija y plazos de hasta 20 años.

Mucho más allá del impacto que tuvo en la cotización de las acciones de los bancos el día que se presentó la iniciativa, la interpretación de bancos e inversionistas de que hay una intención del partido en el poder de avanzar hacia un esquema de control de precios en todos los sectores de la economía.

El plan económico del Gobierno

En este entorno, totalmente antimercado, la nueva administración presentará su paquete económico para 2019. Existen grandes dudas sobre cuáles serán las vías a través del cual el gobierno cumplirá con sus promesas de campaña sin descuadrar el presupuesto.

Si el déficit primario se ubica en 1.7% del PIB los mercados se sentirán razonablemente tranquilos; sin embargo, parecería que no podrán cumplir con esta meta.

El gobierno de López Obrador tiene una clara apuesta hacia el desprecio de los mercados, una estrategia que ha fracasado en todas las naciones en las que se ha intentado.

Publicidad