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Se encienden las alarmas en el Real Madrid

Faltaba media hora para el comienzo del derbi y el confeti dorado brillaba en las baldosas de la plaza de la parroquia de los Sagrados Corazones, frente al palco del Bernabéu. La alta burguesía madrileña acababa de celebrar una boda. Las señoras vestidas de rigurosa etiqueta y los caballeros de esmoquin se mezclaban con los hinchas que iban alegres por las aceras del Paseo de la Habana. El clima era festivo. El Barça acababa de empatar (1-1) contra el Athletic en el Camp Nou y los bares de las inmediaciones se abarrotaban de gente optimista que apuraba la última copa antes de meterse al estadio a sufrir. La cosa se puso tan fea que, al cabo de 90 minutos el empate (0-0) resultó un alivio para muchos. Para Julen Lopetegui, el primero.

“No hemos ganado el partido porque no hemos marcado gol”, dijo el entrenador del Madrid, con un mohín de crispación, ante la primera pregunta que le hicieron cuando se sentó en la sala de conferencias.

La explicación resultó tan profunda como casi todas las explicaciones que se ofrecen por el conducto oficial en estos días inciertos para el madridismo. Lopetegui, en cualquier caso, deslizó un mensaje tácito: considera que su equipo hace todo lo que está en su mano, pero carece de algo que ni él ni ningún entrenador pueden suministrar. Falta el destello definitivo, lo imponderable que convierte a unos futbolistas en goleadores y a otros no. Sin Cristiano, a la plantilla le falta el remate que la caracterizaba.

El Madrid, que viajó este domingo a Moscú para enfrentar al CSKA en Champions sin Bale (oficialmente, lesionado) suma 14 puntos al cabo de la séptima jornada de Liga. Exactamente los mismos que el año pasado, cuando el ciclo de Zinedine Zidane daba muestras de agotamiento y la Liga se perdía en los primeros dos meses. Los números revelan el peor arranque del equipo después de la temporada 2012-13, cuando la descomposición de la autoridad de José Mourinho propició dos derrotas, dos empates y tres victorias en los primeros siete encuentros del campeonato. Con una diferencia fundamental: ninguna de las versiones del Madrid a lo largo de la última década ofreció peores registros rematadores que el Madrid actual. El Madrid nunca había metido menos de 13 goles a estas alturas (suma 12) ni había disparado tan poco.

Los tiros a portería, indicio elemental de las posibilidades que tiene un equipo de meter goles y, en último término, de ganar títulos, caen en picado. El Madrid declinante de Mourinho se deshizo en las siete primeras jornadas de Liga pero disparó 128 veces; y en el mismo periodo el peor Madrid de Zidane remató en 145 ocasiones. Hoy apenas suma 118 tiros.

Meticuloso, obsesivo y calculador hasta para controlar lo banal, cuando Lopetegui fichó por el Madrid, consideró que su deber era hacer lo que hacen todos los entrenadores: analizar la plantilla y pedir refuerzos. Debió detectar varios puntos débiles. Dicen en el club que no se quedó corto. Que pidió tres fichajes: uno por línea. Y que no se trataba de jugadores cualquiera, sino de futbolistas internacionales por los que había que hacer desembolsos importantes. Lopetegui se declaró púbicamente “encantado” con la plantilla mientras, en privado, trasladó a la directiva que para reemplazar a Cristiano era preciso incorporar a un goleador de primer nivel. Llegó a la conclusión de que Benzema, Bale y Asensio, tres atacantes sin perfil puro de nueve que ejercen alternativamente como puntas, no tenían suficiente gol para compensar la ausencia de la figura saliente. El presidente, Florentino Pérez, sin embargo, prefirió ahorrar el dinero del refuerzo para mejor ocasión.

El tiempo da la razón a Lopetegui, que se encuentra con Mariano y un juvenil, Vinicius, como única solución a la falta de pegada. No debe creer mucho en ninguno de los dos. A Maria lo dejó sentado en el banquillo durante todo el derbi. A Vinicius lo hizo entrar en el minuto 57. Su búsqueda apunta a un cambio de esquema, más que a una sustitución de atacantes. Quiere quitar a uno de los puntas para meter a un jugador capaz de enlazar el juego entre líneas: Isco o Ceballos, o ambos a la vez.

“El camino que tenemos que seguir es el del partido de la Roma y el de la segunda parte contra el Atlético”, señaló el técnico, como quien plantea un acertijo. Contra la Roma, sacrificó a Asensio para jugar con Isco en la mediapunta; y contra el Atlético cambió a Bale para colocar a Ceballos a modo de eslabón entre el mediocampo y el ataque. Las dos alternativas elevaron notablemente las posibilidades del Madrid. Pero ninguna es políticamente sencilla. Cuando lleguen los partidos grandes, el entrenador tendrá que convencer al club de la conveniencia de dar la titularidad a Isco o Ceballos, dos futbolistas que no están entre los favoritos de la directiva, en lugar de Asensio, Bale o Benzema, que, hoy por hoy, gozan de la predilección de Florentino Pérez.

Lopetegui, que aprecia su cargo, no quiere hablar de ello en público. Pero la información que le preocupa está al alcance de cualquiera. Bale, Benzema y Asensio, la primera línea de ataque madridista, suma cinco goles en los 58 partidos que han disputado contra el Atlético. De otro lado, Griezmann y Costa suman 11 goles en los 43 encuentros que disputaron a lo largo de su carrera contra el Madrid.

Así empezó el partido. Tiro de Saúl y parada de Courtois; mano a mano de Costa y parada de Courtois con la cara; mano a mano de Griezmann y tercera parada de Courtois; mano de Casemiro en el área del Madrid que el árbitro no juzga y el VAR no examina… Ante el dominio visitante, la única respuesta fue un tiro de Bale desde 30 metros y una ocasión a balón parado, a la salida de una falta lateral que el propio Bale envió fuera. Nada más en 45 minutos. Como en Sevilla solo que, esta vez, en Chamartín. Frente al palco que presidía Florentino Pérez, el hombre que aspira a igualar y superar en reputación a Santiago Bernabéu. El rostro descompuesto del mandatario, reflejó todos los matices de una mal disimulada furia.