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¿Qué le pasa a Piqué?

Los buenos resultados, en el fútbol, son una pócima mágica capaz de disimular todos los problemas. El Barcelona no los está teniendo. Dos de los últimos nueve puntos en la liga, que es lo que acaba de ocurrir, es inaceptable. Más todavía si se mira el detalle de los rivales que han arrancado puntos a los de Ernesto Valverde: Athletic, Leganés y Girona. El único consuelo es que el Real Madrid no está mucho mejor, con un punto de los últimos seis. Los blancos, eso sí, pueden argumentar que sus tropiezos llegaron contra dos de los rivales más duros del país. En todo caso, por más que alivie que el Madrid no haya despegado, sigue siendo un mal mes y, consecuentemente, se buscan culpables. No ha tardado en aparecer uno: Gerard Piqué, el futbolista empresario.

No faltan motivos, al menos no deportivos. En las fotos de los goles rivales, Piqué siempre aparece retratado. Está lento y perdiendo la posición, y eso que él tendría que ser el ancla de la zaga azulgrana. Piqué nunca fue un bólido, es verdad, en no pocas ocasiones de su brillante carrera ha dependido de su compañero atrás para determinadas acciones, algo que compensaba sobradamente con liderazgo, juego aéreo y salida del balón. En este inicio de temporada, en todo caso, está peor, lejos de su mejor forma. No encuentra tampoco ayuda, Umtiti, que tan bien combinó con él en su momento, está lesionado ahora y antes estuvo desacertado. Desde que renovó ha parecido mucho peor jugador de lo que se le recuerda. Vermaelen o Lenglet, por falta de velocidad el primero y de experiencia el otro, no son capaces de solucionar el agujero de Piqué. Que también viene condicionado por la cantidad de balones que Dembélé y Coutinho pierden, además del sistema 4-3-3 de la actualidad.

No es la primera vez que Piqué cae en el letargo. En el Mundial de Brasil, por ejemplo, llevaba tiempo jugando mal, un estado de forma que trasladó a la primera temporada de Luis Enrique en el Barcelona. El asturiano, que hace poco le llamó para que reconsiderase su marcha de la Selección, le dejó en el banquillo en varias ocasiones por baja forma física. Siempre que ocurre esto se repite un patrón similar, y es que el jugador tiene fallos de concentración, una cuestión que le achacan con frecuencia. Pero es peor aún, cuando su juego decae, se pone en duda su implicación con el deporte.

Se repite con frecuencia, en ocasiones para ensalzarle, en otras muchas para todo lo contrario. Es evidente que no, no tiene mucho que ver con el futbolista promedio, por más que comparta espacio y salario con tantos otros como él. La ambición de Piqué está mucho más allá de lo deportivo, un campo en el que, de todos modos, ya lo ha ganado todo. Incluso antes de eso, él estuvo siempre empeñado en que no se le encajase en el perfil de los demás. Ádemás de futbolista, Piqué se considera empresario, tiene estudios al respecto y unos cuantos proyectos personales que como tal le distinguen.

El Piqué empresario

Todo esto se ha incrementado esta temporada, en parte porque su salida de la Selección le da un poco más de tiempo libre. Es difícil saber si Piqué es un buen empresario, que no es siempre lo mismo que ser un empresario. Lo que sí es evidente es que es uno muy activo. En varias de esas iniciativas ha chocado con su vida deportiva, algo que es normal porque esta es el espinazo de su día a día. Recientemente ha tenido un gran éxito vendiéndole a la ITF un formato nuevo de Copa Davis. No es un financiador de eso, es más bien un conseguidor, tarea en la que ha demostrado (ahí sí) mucho tino. También ocupó ese papel en el patrocinio de Rakuten por el Barça. En ambos casos, con compañías japonesas por detrás.

Aquel apaño para la Copa Davis -que, por cierto, se jugará en Madrid- le llevó, de repente, un día a Orlando. Allí, al otro lado del Atlántico, se votaba el proyecto y Piqué, muy comprometido con su causa, vio necesario coger un avión y marcharse a Florida. Ganó, empresarialmente tuvo sentido. Deportivamente, para él, no. Los directivos del Barcelona, dicen estos días los periódicos, sospechan de ese tipo de cosas, creen que el fútbol no tiene el lugar que debería tener en sus prioridades dado que, hasta que se demuestre lo contrario, sigue siendo su principal fuente de ingresos.

No es el único negocio que se le atraganta a los mandatarios blaugranas. De hecho, ni siquiera es el peor de ellos. Si hubiese que hacer un ránking, nada podría superar al programa en el que Griezmann anunció que se quedaba en el Atlético. A Piqué, casi tanto como los negocios, le gustan los medios de comunicación. Ha tenido varios intentos de crear productos, pero el más conocido de todos es el docu-drama del delantero rojiblanco. Por varios motivos, entre el que no es el menor el hecho de que los directivos barcelonistas estaban convencidos de que lo iban a fichar. Ver como no lo lograban era frustrante, pero mucho peor todavía saberlo en medio de un circo que, con personalidad interpuesta, no dejaban de estar pagando ellos. Su amor por los videojuegos, que también existe, le llevó a otra empresa. Ahora cerrada, sin despidos, eso sí.

Problemas con la ley

Más allá del perfil empresarial de Piqué, hay otros puntos de su comportamiento que son directamente inaceptables. La Guardia Urbana de Barcelona le notificó recientemente una multa por conducir sin puntos en el carnet, ya antes tuvo diversos problemas al volante y con las autoridades. No es esto el final de nada, ni una conclusión, pero son datos que ayudan a explicar el mundo en el que vive ahora y que, en último término, también se trasladan al campo de juego.

Piqué este año consiguió uno de sus grandes anhelos como barcelonista de cuna que es: ser capitán del equipo. A diferencia del Real Madrid, en el club catalán el brazalete no es cuestión de experiencia sino de popularidad. Cada temporada, al principio, se hace una votación en la que se deciden quienes serán los líderes nominales del vestuario. A Piqué no le habían elegido nunca, y eso que es de los que más abiertamente se expresa y es obvio que tiene condiciones para ser un referente, pero por algún motivo sus compañeros preferían que esa responsabilidad no recayese en él. Año tras año, para frustración personal. Sus motivos tendrían, aunque este verano, por fin, derribó esa barrera.

Valverde tiene unos cuantos motivos más para preocuparse, pero el hecho de haberse convertido en un equipo vulnerable está entre las mayores obsesiones. El Barcelona de los últimos tiempos ya no es un equipo que manosee tanto el balón, tiene una messidependencia aguda y su éxito, tanto como en el argentino, residía en un portero y una defensa que secaban casi al completo los ataques de los rivales. Sin eso, el castillo de naipes se viene abajo. Sin Piqué, no habrá todo eso. Recuperarle tiene que ser una obsesión, para ello necesitará recuperar el físico y, de paso, la implicación. Una cosa y otra, en su caso, suelen viajar juntas.

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