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Honduras, Subsidios a Gasolinas ‘No’ ayuda a pobres

En el más reciente estudio del Banco Interamericano de Desarro­llo (BID) denominado “Efectos dis­tributivos de los impuestos a la ener­gía y la eliminación de los subsidios energéticos en América Latina y el Caribe” el organismo expone cómo los subsidios a la gasolina afectan los hogares.

Este estudio analiza el impacto de los aumentos en los precios ener­géticos para diferentes grupos de in­greso en 11 países de América Latina y el Caribe, dentro del grupo, Costa Rica, Guatemala, Nicaragua, Ecua­dor, Chile, Jamaica, Paraguay, Uru­guay, Argentina, Bahamas y Barba­dos.

La investigación indica que los impuestos pueden ayudar a las ar­cas del estado de una nación y con­tribuir en el mejoramiento de la ca­lidad de vida de quienes más lo ne­cesitan.

En ese sentido demuestra que existe una manera asequible para que los gobiernos puedan aumen­tar los precios de la gasolina y otras fuentes de energía sin afectar a los ciudadanos más vulnerables.

“En el pasado los aumentos de precio han sido impopulares, porque afectan el bolsillo de los consumido­res, pero son necesarios para com­batir el cambio climático y fortalecer las cuentas públicas”, cita una parte del contenido del estudio.

Esta investigación muestra que políticas bien diseñadas pueden pro­mover una transición justa al aten­der conjuntamente los objetivos de desarrollo social y ambiental, asegu­ró Amal Lee Amin, jefa de la Divi­sión de Cambio Climático del BID.

Eliminar los subsidios a la ener­gía puede ayudar a los países a avan­zar hacia cero emisiones netas de carbono para fines de siglo, pero es­to no debe hacerse a expensas de los objetivos de desarrollo social.

El aumento de los precios de la gasolina y otras fuentes de energía en América Latina y el Caribe pue­de ayudar a reducir la polución, im­pulsar la transición hacia vehículos eléctricos para transporte público y privado, y recompensar a las em­presas y los hogares que inviertan en maquinaria y electrodomésticos de bajo consumo.

También pueden contribuir a ha­cer las cuentas públicas más trans­parentes en una región que gasta al­rededor de 1.6% de su PIB (Produc­to Interno Bruto) en subsidios ener­géticos.

En el análisis se pretende servir de apoyo para los gobiernos que de­seen avanzar hacia un aumento de los precios de la energía, evitando consecuencias sociales negativas. Se muestra que los subsidios ener­géticos son un instrumento ineficaz para ayudar a los hogares pobres.

En la región, por cada $14 que los gobiernos gastan en subsidios a la gasolina y el diésel, solo $1 acaba beneficiando a hogares de bajos re­cursos.

Sin embargo, si los nuevos recur­sos son bien utilizados, los más po­bres pueden verse beneficiados por aumentos de los precios de la ener­gía.

“Quien se beneficia más con los subsidios a la energía, en particular gasolina, son los hogares de mayo­res ingresos. Desde una perspecti­va de eficiencia económica y justi­cia social, tiene sentido reducir esos subsidios y redistribuir los recursos a los hogares de menores ingresos, pero esto constituye un desafío po­lítico” declaró Ariel Yépez, jefe de la División de Energía del BID.

El estudio demuestra que los go­biernos podrían mejorar la calidad de vida del 40% de los hogares más pobres con tan solo invertir el 19% de la ganancia fiscal proveniente del aumento de los precios de la ga­solina. Los gobiernos podrían rein­vertir esos recaudos para fortalecer programas de transferencias mone­tarias, mejorar el acceso a servicios de salud gratuitos, mantener bajo el costo del transporte público o me­jorar la calidad de la educación de sus ciudadanos. En la región, Brasil y República Dominicana son ejem­plos de países que han implementa­do soluciones similares con exitosos resultados, señala el estudio.

 “Crear conciencia en la sociedad acerca de los impactos regre­sivos de esos subsidios es una precondición para realizar refor­mas exitosas”.  Ariel Yépez García  Jefe de la División de Energía del BID.

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