Arrecian las críticas -internas y en Bruselas- contra la estrategia de Theresa May para las negociaciones del Brexit. A menos de dos meses del plazo fijado por la Unión Europea y el Reino Unido para acordar las condiciones de la ruptura, la ‘premier’ sufre para ‘vender’ a su propio partido y a un país dividido su hoja de ruta, que pasa por crear un área de libre comercio de bienes y mantener abierta la frontera con Irlanda.

La posibilidad de que May no logre alcanzar un acuerdo sobre las condiciones de salida y el Reino Unido rompa con la UE en marzo sin un pacto no sólo preocupa a los mercados y al ministro de Economía -según Philip Hammond, el país puede aumentar su endeudamiento en 88.400 millones de euros anuales para 2033 si no hay acuerdo-; el plan de la ‘premier’ genera un rechazo frontal entre los diputados ‘tories’ más euroescépticos y ha desatado una guerra civil en el Partido Conservador.

Damian Green, ex primer secretario de Estado y “mano derecha” de May, ha comparado la situación que atraviesa el Gobierno con “caminar por una senda angosta mientras te arrojan piedras desde los dos lados”. Todo después de que Boris Johnson, exministro de Asuntos Exteriores y otrora favorito para suceder a May, lanzase una crítica feroz contra los planes de la ‘premier’. En su columna en ‘The Daily Telegraph’, el siempre polémico Johnson asegura que la hoja de ruta de May supone “un desastre para el país” y que el Reino Unido se quedará “sin nada” tras las negociaciones con Bruselas.

El antiguo titular de Exteriores, que dimitió por su oposición al programa diseñado por la jefa del Gobierno, carga con todo contra el “plan de Chequers”, la residencia de campo en las afueras de Londres donde en julio se diseñó dicho plan durante una reunión del gabinete. “En caso de aplicarlo, me temo que el resultado inevitable es una victoria para la UE, con el Reino Unido acostado sobre un lienzo y 12 estrellas circulando simbólicamente sobre su cabeza semiconsciente”, afirma Johnson.

“Vamos a continuar en el taxi de la UE, pero esta vez encerrados en el maletero, sin poder decir nada sobre nuestro destino. No vamos a asumir otra vez el control. (…) Cualquiera puede ver que Chequers significa desastre“, zanja el exministro, quien asegura que Londres ha acordado entregar 44.800 millones de euros de los contribuyentes británicos a cambio de casi nada.

Otros diputados del Partido Conservador se han sumado a las críticas contra el plan de Chequers. El Gobierno sostiene que es la única forma de salir de la UE sin daños para la economía británica, pero opositores a ambos lados del debate critican el plan porque ofrece una ruptura con la UE demasiado brusca o una salida que no está lo suficientemente clara. El propio exministro británico para el Brexit, David Davis, declaró este domingo en la BBC que el plan dejaría “bajo el gobierno de la UE” todos los productos manufacturados y agroalimentarios británicos, una “concesión” que supondría “que los 27 recuperasen el control”.

Tampoco en Bruselas encuentra May un respaldo firme a su programa. El negociador europeo para el Brexit, Michel Barnier, criticó la propuesta de la ‘premier’ este domingo en un diario alemán afirmando que Londres intenta mantener las ventajas de pertenecer a la UE sin aceptar sus responsabilidades. “Permitir a los británicos coger los frutos a la carta con nuestras reglas tendría consecuencias muy graves. Todo tipo de terceros países podrían insistir en que les concediésemos los mismos beneficios. Sería el fin del mercado único y del proyecto europeo“, dijo Barnier.

La respuesta del Gobierno a las críticas de Johnson no se ha hecho esperar. El portavoz de la primera ministra insistió este lunes en que el programa de Chequers es “el único plan creíble y negociable” sobre la mesa. La oficina de May aseguró que el exministro “no ofrece un liderazgo serio” y que su análisis derrotista no incluye “ideas nuevas”. Es más, el Ejecutivo no sólo cree que dicho plan obtendrá el apoyo de la Cámara de los Comunes, también resta importancia a las declaraciones de Barnier sobre los “defectos” en la hoja de ruta. Para el portavoz de la ‘premier’, los líderes europeos se toman “muy en serio” la propuesta del Gobierno británico.

La primera ministra británica, Theresa May, ofrece una rueda de prensa en Nairobi. (EFE)© Proporcionado por Titania Compañia Editorial S.L. La primera ministra británica, Theresa May, ofrece una rueda de prensa en Nairobi. (EFE)

Este domingo, en un gesto de fuerza, May aseguró que no cederá ante el clamor para que se celebre un segundo referéndum sobre el Brexit porque supondría una “traición” a la democracia. La opción de convocar una nueva consulta en caso de no alcanzar un acuerdo -o someter a votación los términos del pacto- ha cobrado fuerza en los últimos meses. La defienden campañas como ‘The People’s Vote’, que quiere que diputados y activistas presenten una moción en la conferencia anual del Partido Laborista, que se celebrará este mes, para solicitar que se apoye oficialmente una nueva consulta.

El Parlamento británico da por concluido hoy su receso de verano. Reabre sus puertas para afrontar los últimos siete meses en la UE, durante los cuales se debe diseñar la nueva relación entre Londres y el bloque comunitario. El acuerdo, si se alcanza, deberá ser ratificado en Westminster antes de que la ruptura se haga efectiva, el 29 de marzo de 2019. La votación supone una de las mayores amenazas del Gobierno de May, que no tiene garantizado el apoyo de los diputados. Ni siquiera en las filas ‘tories’.

Publicidad