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Posiciones sexuales para derretir el hielo

No dejes que la rutina de hacer siempre lo mismo vaya apagando la pasión entre tu pareja y tú. ¿Qué tal si experimentan nuevas posiciones que de tan buenas, pueden derretir hasta el más hombre más frío?

Toma nota

Las llaves cruzadas. Es una posición básica que sirve de transición para pasar del misionero al perrito. Empiecen haciendo el clásico misionero, y tú tendrás que levantar las piernas y cruzarlas frente a él, hasta que queden juntas. Tú quedarás recostada de lado y de perfil, mientras él continúa penetrándote por atrás. Lo mejor es que no tienes que salirte al hacer el cambio de posiciones, y él puede tocar tus senos y nalgas, así como estimular el clítoris con la mano.

La cabalgata. Con él acostado boca arriba, y tú sobre él frente a frente, bájate sobre su miembro apoyada en las rodillas. Manteniendo las rodillas en la cama, engancha tus pies en la parte interior de sus piernas, posiblemente a la altura de sus rodillas. Agarra las sábanas a ambos lados de su cabeza, aprieta tus glúteos e inclina la pelvis hacia arriba, y haz movimientos cortos y tirantes como si estuvieras cabalgando.

La V de los torsos.Ponte boca abajo a lo ancho de la cama y deslízate hacia afuera del colchón para que el torso y la cabeza cuelguen hacia ese lado; pon las palmas de tus manos en el piso para sostenerte. El, que estará montado sobre ti, te penetrará por detrás, con sus piernas dentro de las tuyas, y agarrará con sus manos tu torso para equilibrarse y así mantener su cabeza y hombros elevados.

El delfín. Es una posición que requiere de cierta pericia. Se trata de que tú hagas una especie de puente con tu cuerpo de tal forma que tu pareja pueda sujetar tus muslos con sus brazos y te pueda sostener por la parte final de la espalda o el trasero. Tú debes quedar apoyada sobre tus hombros y él debe sostener gran parte de tu peso para que no te hagas daño. Tu pareja está de rodillas y lleva el ritmo. Esta posición es ideal para una penetración profunda, pues estimula tu punto G.

El loto. Acostada boca arriba dobla las piernas, mientras que tu chico se acomoda entre ellas y te penetra desde arriba. Para que no tengas que soportar el peso de él, lo mejor es que tu pareja se apoye sobre sus antebrazos. Esta posición además tiene la ventaja de que tienes las manos libres para estimular las zonas erógenas de la pareja, y pueden besarse y susurrarse todo lo que quieran.