Fue un instante que terminó resultando un hito. Italia acababa de recibir, quizá, el golpe más duro de su historia grande, de tetracampeón del mundo, de equipo al que nadie quiere enfrentar. Ese instante del año pasado trajo un recuerdo maldito. “Vergogna”, titulaba la Gazzetta dello Sport tras la eliminación en la primera ronda de la Copa del Mundo de 1966. Lo del último Repechaje fallido ante Suecia estuvo a altura de aquella vergüenza deportiva. Sobre todo en términos del cimbronazo para un fútbol que ya venía golpeado. Por primera vez desde 1958, Italia no estuvo en la máxima cita. La tercera Liga de Europa -de acuerdo con el Coeficiente UEFA-, los cultores del catenaccio, los que se visten de azul e imponen respeto fueron los grandes ausentes en el país más gran del planeta. El único de los campeones del mundo que no participó de la reciente Copa del Mundo.

Ese nocaut significó un fin de ciclo. Para Gian Piero Ventura -el entrenador sin grandes antecedentes en la élite que condujo al fracaso- y para un fútbol que parecía comenzar su colapso frente a los otros gigantes del continente. Se sabe: la Serie A, desde hace varias temporadas, perdió el glamour de otros días felices.

No sólo eso: también cedió protagonismo en Europa. De los últimos 16 finalistas de la Champions League, apenas dos fueron italianos: en ambos casos, Juventus, el ganador de los recientes siete Scudettos. Perdió las dos veces. Frente a los dos gigantes españoles: en 2015 con el Barcelona y en 2017 con el Real Madrid. El último equipo del calcio que logró consagrarse en la máxima competición continental fue el Inter de José Mourinho, en 2010.

El caso de la Europa League es incluso mucho más sintomático: en el Siglo XXI ningún equipo italiano la ganó ni llegó a la final. El último en alzar el trofeo fue el Parma, en 1999. El equipo, entonces sostenido por la gigante lácteo Parmalat, sirve como espejo del fútbol italiano: desde sus días de gloria pasó por quebrantos, descensos, desapariciones, resurrecciones. Este año, regresó a la Serie A.

Hubo otros tiempos felices, claro. Antes de la irrupción del Real Madrid tricampeón de Zidane, el último equipo en ganar dos Champions sucesivas había sido el Milan de las temporadas 88/89 y 89/90, en la entonces llamada Copa de Campeones. El Meazza era una fiesta. Otros tiempos para ese fútbol italiano que era un orgullo nacional parecido a la pasta o a la moda.

Después de tantos tropiezos, de los escándalos de corrupción (esos que, por ejemplo, obligaron al descenso de la Juventus), del título mundial de 2006 como espasmo glorioso en plena crisis, el fútbol italiano quiere su resurrección. Una más.

Y el modo que encontró es acorde al de estos tiempos. A impacto de billetera y de marketing. La gran medida la adoptó el más poderoso de los equipos de este tiempo: la Juventus. Contrató a Cristiano Ronaldo, le paga el mejor sueldo de la Liga a sus 33 años(31 millones de euros por campaña) y lo utiliza como bandera ante el mundo. No sólo de la Vecchia Signora; también de un fútbol italiano que trata de rescatarse a sí mismo.

No es casualidad su condición: viene de quedar en la historia grande del Real Madrid, de subirse al pedestal de Alfredo Di Stéfano, de salir tricampeón de Europa, de obtener las dos ediciones de los premios The Best de la FIFA. En Turín confían que los llevará a terminar con La Maldición de La Tercera Orejona.

Italia trató y trata de acercarse a las Ligas que más dinero invierten (con la Premier League, otra vez al mando en cualquier rubro que se analice). Por primera vez en la década un club italiano fue el que más dinero invirtió en el mercado de pases. Juventus gastó 257 millones de euros. El podio lo completaron el PSG, de la Ligue 1, y el Liverpool de la Premier League. Hay otros dos italianos en el top 10: Roma (sexto, con 131 millones) y Milan (décimo, con 123 millones).

El caso del Milan es emblemático del cambio de paradigma: Tras 31 años de gobierno de Silvio Berlusconi y de 17 meses de administración del empresario chino Li Yonghong, el Milan  pasó a manos del Elliott Management. El fundador Paul Singer es el mismo que negoció con la Argentina en nombre de los fondos buitre. ¿Volverán las celebraciones de los rossoneri? ¿Alcanzará?

El Inter, mientras tanto, sigue anclado a capitales chinos (Suning Holdings Group) y del sudeste de Asia (con el indonesio Erick Tohir del Mahaka Group a la cabeza). Pero no jugó fuerte en este mercado de pases, más allá del arribo de Lautaro Martínez (le pagó 23 millones de euros a Racing; fue su pase top). Apostará a un buen administrador de recursos, su entrenador Luciano Spalletti. Y claro, por los goles de Mauro Icardi. Con él el Inter quiere volver a ser Il Grande Inter.

Con la Serie A recién iniciada (van tres fechas) hay otro detalle que puede aportar a la reconstrucción: Sassuolo -equipo periférico, de presupuesto escaso- se anima a jugar y es el escolta de la Juventus de puntaje ideal. El equipo de la Emilia Romagna también es el que más goles convirtió, con ocho. Quizá la audacia sea otro de los modos de rescatar al viejo y glorioso calcio. Más allá de Cristiano y de la inyección de millones de euros.

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