Expertos en cuestiones idiomáticas dicen que las claves para identificar al autor de un artículo anónimo publicado por el New York Times que critica duramente a Donald Trump no son necesariamente expresiones poco comunes como una equivalente a “nuestro norte”, sino más bien el empleo de pequeñeces como “yo”, “de” o “pero”.

De hecho, algunos entendidos creen que la expresión “lodestar” (que podría traducirse como “nuestro norte”) en la que tanto se ha reparado pueden haber sido incorporada a propósito, como pista falsa.

Los expertos apelan a una combinación de uso del lenguaje, estadísticas e informática para tratar de determinar quién escribió documentos anónimos o que han sido plagiados. Incluso han resuelto crímenes y misterios históricos.

Estos entendidos se afanan ahora por descubrir quién es el “alto funcionario del gobierno” que escribió un artículo en el que se describe como miembro de un movimiento de “resistencia” que procura contener los peores impulsos del presidente trabajando desde adentro del gobierno.

“Mi teléfono no deja de sonar. Me piden análisis del ensayo, pero no tengo tiempo”, dijo el experto en lenguaje y computación de la Universidad Duquense Patrick Juola.

Robert Leonard, profesor de lingüística de la Universidad de Hosfra que ha ayudado a resolver crímenes, dijo que los expertos podrían estudiar escritos de funcionarios de la Casa Blanca “y hacer un análisis”, comparándolos con la pieza del Times.

Un politólogo calcula que hay unas 50 personas que entrarían en la categoría de alto funcionario del gobierno que podría ser el autor del artículo. Se podría analizar cómo escriben, las palabras que emplean, cuáles usan pegadas, la ortografía, la puntuación e incluso los tiempos de los verbos, según los expertos.

“El lenguaje es un conjunto de opciones. Qué se dice, cómo se dice y cuándo”, dijo Juola. “Hay muchas opiniones divergentes al respecto”.

Una de las técnicas preferidas de Juola y de otros expertos es analizar lo que se denomina “palabras funcionales”. Son palabras de uso corriente, que cumplen una función más que ofrecer un significado. Expresiones como “de”, “con”, “el”, “un”.

“Todos las usamos, pero no necesariamente de la misma manera”, dijo Juola. “No las empleamos con la misma frecuencia”. Lo mismo sucede con los apóstrofes y otras puntuaciones.

Por ejemplo, ¿dice “deferente de” o “diferente a”?, señala el experto Shlomo Argamon, del Instituto de Tecnología de Illinois.

Acota que las mujeres tienden a usar más pronombres de primera y segunda persona. Y que los hombres emplean con más frecuencia “el”, “de”, “esto” y “eso”.

Argamon opina que será difícil identificar al autor del artículo por varias razones, incluido el estilo de edición del New York Times y posibles esfuerzos para confundir a los expertos en el lenguaje, como el uso de la palabra “lodestar”, poco frecuente y que el vicepresidente Mike Pence tiende a emplear. Su pesimismo, más que nada, responde al hecho de que para llevar a cabo una comparación bien hecha, habría que conseguir muestras similares de todos los sospechosos, como columnas de opinión, no novelas, discursos o artículos para revistas.

Rachel Greenstadt, experto de la Universidad de Drexel que estudia el uso de palabras o de errores ortográficos con el fin de despistar a los investigadores, opina que la expresión “lodestar” fue incluida a propósito, para confundir.

“La mayor parte de la gente está buscando ejemplos de ‘lodestar’ en lugar de tratar de hacer un análisis más general”, expresó Leonard, el experto de Hofstra.

Juola fue testigo en unos 15 juicios e intervino en muchos casos más que no llegaron a juicio. Su caso más sonado fue en el 2013, cuando un diario británico se enteró de que el libro “The Cuckoo’s Calling”, de Robert Galbraith, había sido escrito en realidad por la autora de los libros de Harry Potter J.K. Rowling. En una hora, Juola descargó varios libros de Rowling y “The Cuckoo’s Calling” en su computadora, analizó los patrones del lenguaje con cuatro programas distintos y llegó a la conclusión de que Rowling lo había escrito.

Un par de días después, Rowling confesó.

No fue la primera vez que el lenguaje delató a alguien. Un hermano del “unabomber” lo identificó precisamente por su forma de escribir. Y el empleo de una expresión usada solo en partes de Ohio ayudó a resolver un crimen.

Un análisis estadístico de 1963, por otro lado, permitió descifrar cuáles de los Documentos Federalistas habían sido escritos por Alexander Hamilton y cuáles por James Madison. Una pista clave fue el uso de “while” o “whilst”, dos expresiones que quieren decir lo mismo, “mientras”. Resultó que Madison usaba “whilst” y Hamilton prefería “while”.

Juola afirma que los expertos generalmente pueden descifrar si el autor es introvertido o extrovertido, hombre o mujer, su nivel educativo, su edad y su ubicación. Casi todo menos su signo astrológico.

“La ciencia es muy buena”, dijo Juola. “No es lo mismo que el ADN. Pero algunos científicos lo consideran la segunda forma más certera de identificación forense”.

Publicidad