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La última misión de Leo Messi

Leo Messi cumplió 31 años el pasado 24 junio. Tiene tres hijos. Insiste en su costumbre de no ver uno solo de sus partidos. Haya jugado bien o regular. Porta por fin esta temporada el brazalete de capitán del Barcelona. Guarda en el armario el de la albiceleste. Y, visto que el Mundial, el único gran título que le falta, probablemente sea un sueño prohibido ante las escaseces de su selección, la última misión parece clara. Recuperar la Liga de Campeones.

Eso fue lo que clamó el primer día de curso cuando se estrenó como portavoz, ya no sólo del primer equipo, sino del club. Ninguna voz cuenta más que la suya.Los premios individuales, por primera vez en su carrera, le están pasando de largo.

Futbolistas y entrenadores sacaron a Messi del podio del galardón al mejor jugador de Europa de la temporada pasada. Los votantes consideraron que, pese al doblete de Liga y Copa del argentino y la conquista de su quinta Bota de Oro, Luka Modric, Cristiano Ronaldo, Mohamed Salah y Antoine Griezmann hicieron mejor campaña que él.

El croata, una vez más, volverá a ser el gran favorito para alzarse con el The Best de la FIFA. Tampoco habrá lugar para atrapar el sexto Balón de Oro, con France Footballdebatiéndose entre el centrocampista croata del Real Madrid y Griezmann, líder de la Francia campeona del Mundo.

Messi no hace oídos sordos a todo esto. Pese a su genética discreción, su competitividad es extrema. Aunque pocas cosas le turban más que el no haber podido aprovechar más su plenitud deportiva. Sólo ha podido alzar el argentino una de las últimas siete Champions (la última de sus cuatro Copas de Europa la ganó en Berlín en 2015), viendo además cómo su némesis, Cristiano Ronaldo, enhebraba las tres últimas con el Real Madrid.

Una disfunción a la que La Pulga trata de poner remedio remando a contracorriente y consciente de que el Barcelona continúa dependiendo casi exclusivamente de él.

Tres eliminaciones seguidas en cuartos

Para muestra, lo ocurrido la temporada pasada. Tres días antes de que el Barça encadenara en Roma su tercera eliminación consecutiva en los cuartos de final de la Liga de Campeones, Leo Messi fue titular junto a Luis Suárez frente al Leganés en el Camp Nou.

El uruguayo dijo hace unos días que se arrepentía de haber jugado ese partido, declaración que, por cierto, discute las responsabilidades de Valverde. En cuanto a Messi, de no haber sido por sus tres goles, probablemente los azulgrana no habrían podido llevarse un encuentro que el entrenador consideraba clave para llevarse la Liga.Las prioridades para Messi son ya otras.

Se acabaron por ahora los viajes transoceánicos para jugar con Argentina y, al contrario que Piqué, tampoco tiene negocios por el mundo que él mismo deba atender. Y en cuanto a la gestión de esfuerzos, algo pudo intuirse en el sufrido triunfo del Barcelona en Anoeta. Porque La Pulga siempre prefirió descansar sobre un terreno de juego, no en el salón de su casa.

A tres días del debut continental de este martes frente al PSV en el Camp Nou, sólo disparó una vez a puerta en 90 minutos contra la Real Sociedad.La exigencia, incluso más emocional que física, a la que se ha visto sometido Messi durante su periplo como azulgrana resulta evidente al advertir el dato.

Todas las eliminaciones continentales del Barcelona durante su periplo como azulgrana tuvieron un punto en común:en ninguna de ellas marcó el argentino. Ni en la ida. Ni en la vuelta. Messi ha ganado cuatro Copas de Europa. Las mismas, por ejemplo, que Casemiro. Una menos que Alfredo di Stéfano, Maldini, Costacurta o Cristiano Ronaldo. En la atalaya aún aguarda en soledad Gento, con seis. Y Messi no se rinde.