“Los Cachiros” hicieron caer el imperio de los Rosenthal, a Fabio, el hijo del expresidente Porfirio Lobo Sosa y tienen temblando a varios políticos. A Freddy Nájera lo delataron sus mismos socios. Igual le pasó a “Mocho” Matta hijo y a Carlos “El Negro” Lobo, el primer extraditado. En tanto, Héctor Emilio Fernández, alias “Don H”, fue delatado por un ex policía con quien ahora comparte la misma cárcel en Nueva York.

Así se han ido desenredando en las Cortes Federales la trama de los capos hondureños extraditados a Estados Unidos a partir del 2014, algunos de los cuales ya fueron sentenciados y otros están a la espera del juicio final entre septiembre y diciembre del 2018.

Los expedientes de las cortes, donde se ventilan los casos revelan que los capos hondureños, aconsejados por sus abogados americanos, están usando la misma estrategia de los barones mexicanos y colombianos de la droga en la última década como el boleto de libertad: entregan algo de información, negocian ínfimas condenas y en poco tiempo están libres de nuevo, con su situación jurídica resuelta e incluso conservando parte de sus fortunas.

La estrategia ya le ha dado fruto, por ejemplo, a Carlos “El Negro” Lobo y su socio Juving Suazo, los primeros extraditados en medio de un show mediático en el 2014. Acusados de ser los representantes en Honduras del Cartel de Sinaloa, se esperaban condenas arriba de los 30 años a perpetuidad, sin embargo, fueron sentenciados a 14 y 12 años de prisión, respectivamente.

Si todo sale bien, estos hombres saldrán limpios y con parte de su fortuna antes del 2029, según sus sentencias. No corrieron la misma suerte el capo Sergio Neptalí Mejía, quien recibió la cadena perpetua, mientras que los hermanos Miguel Arnulfo y Luis Alonso Valle, jefes del cartel de los Valles, fueron condenados a 27 años de reclusión. El resto de los extraditados, en cambio, enfrentan penas hasta de siete años.

Debido a la “quema” de sus socios, “Los Cachiros” han logrado un trato especial en Nueva York al punto que está como testigos protegidos.

No se sabe a ciencia cierta qué hicieron estos capos para recibir la indulgencia de los jueces americanos pero los expertos creen que detrás de todo esto hay quemas y entregas de información en contra de sus enemigos y socios, soplones y negociaciones con fiscales federales. Desde que cayó “El Negro” Lobo, la entrega y extradiciones de otros capos hondureños no se han detenido.

Hasta la fecha, van 29 extraditados, algunos entregados voluntariamente, y la lista suma cada vez más, luego que estos capos comenzaron a “cantar” en los tribunales de Nueva York. Todo indica que le toca el turno a la clase política y empresarial, comenzando con la entrega voluntaria del político liberal, Freddy Nájera en marzo del 2018 y cuya sentencia está prevista para octubre de este mismo año.

NEGOCIAR ES LA CLAVE

Los capos saben ahora qué la clave está en negociar, como lo afirma el abogado Daniel H. Forman, quien ocupó un alto cargo en la oficina del Fiscal de Estados Unidos en el sur de la Florida. Fue allí donde conoció la letra menuda de la ley antimafia y se especializó en el manejo de casos relacionados con el tráfico de narcóticos.

El subcomisionado Carlos José Zavala fue condenado recientemente en Nueva York a 12 años de reclusión.

En la actualidad, está en la otra orilla tras convertirse en uno de los abogados más cotizados y prestigiosos que defienden a capos, especialmente colombianos, ante cortes de EE UU. En los últimos años ha logrado obtener decenas de sentencias leves para sus clientes, entre ellos Alejandro Bernal, mano derecha del extinto capo mexicano Amado Carrillo.

“El que no ofrece nada, no consigue nada. Los otros entregan rutas, bienes e información a cambio de beneficios. Esos datos ayudan en algo a desmontar el negocio, aunque no es la única vía para combatirlo”, dijo el experto en una entrevista al diario colombiano Tiempo donde explicaba por qué cada día se entregan voluntariamente más capos y reciben penas bajas.

En el caso de Colombia, solo en el 2015 extraditó más de 36 capos mientras que México envió más de mil en el sexenio de Felipe Calderón. La entrega voluntaria o sometimiento a la justicia americana, “es un mecanismo absolutamente legal que, aunque hasta hace tres años gozaba del anonimato, se viene aplicando desde hace décadas en Estados Unidos”, comentó el experto.

En otros casos, los capos pagaron sumas multimillonarias en indemnizaciones al gobierno americano para que les rebajan sus condenas como los hermanos Eduardo y Benjamín Arellanos Félix, líderes del cartel de Tijuana, quienes pagaron hasta 200 millones de dólares para recibir una rebaja de 140 a 20 años de reclusión.

Fabio Lobo fue víctima de la trampa que le tendieron sus propios socios del cartel de Los Cahiros. Ahora enfrenta una pena de 20 años en Estados Unidos.

“Varios diputados que hoy ocupan curules en el Congreso, decenas de alcaldes, fiscales, jueces, banqueros, empresarios agroindustriales, comerciantes, oficiales del Ejército y de la Policía y algún que otro ex-Presidente deben estar muy preocupados y tensos a la espera de lo que de ellos hayan dicho, o vayan a decir, a la DEA Javier y Leonel Rivera después de la entrega que pactaron con Estados Unidos”, dijo en su momento el sacerdote juesita Ismael Moreno, quien lidera la no gubernamental ERIC, dedicada a estudios sobre derechos humanos, crimen y violencia.

DE CRIMINALES A SOPLONES

De esta ley y de abogados como forman se están valiendo los capos hondureños. Tal es el caso de los integrantes del cartel de “Los Cachiros”. Los testimonios de los hermanos Devis Leonel y Javier Rivera, se han vuelto el terror para la clase política hondureña, peor que el miedo que le tenían sus rivales cuando estaban libres al frente del cartel denominado “Los Cachiros”.

Tras su entrega voluntaria a la DEA en el 2015, sus declaraciones en la corte ya comenzaron a causar efectos en Honduras debido los vínculos que cultivaron con políticos, empresarios, policías y militares en más de 10 años de reinado.

El Departamento del Tesoro les calculó su fortuna en casi mil millones de dólares, suficiente poder para atenerse a sus declaraciones. Además, se reunieron al menos 22 veces con fiscales gringos antes de entregarse con el propósito de negociar una baja condena.

Los hermanos Miguel Arnulfo y Luis Alonso Valle con 27 años de reclusión pero el resto del cartel recibieron penas hasta de siete años.

En el acuerdo que firmaron con los fiscales en el 14 de abril del 2016, lograron eliminar los cargos y el traslado de sus familiares cercanos que podrían quedar vulnerables a represalias del hampa en Honduras. También comenzaron a “cantar”.

Así, conforme a los expedientes de la Corte del Distrito Sur de Nueva York, donde guardan prisión, sus delaciones están detrás de la estrepitosa caída de los Rosenthal -una de las más poderosas e influyentes familias del país- por vínculos con el narcotráfico.

Del mismo expediente se desprende que Devis Leonel resultó más lengón que su hermano al admitir que participó en al menos 78 asesinatos en Honduras. Fue también quien ayudó a tender la trampa que condujo al arresto de Fabio Lobo, hijo del expresidente hondureño José Porfirio “Pepe” Lobo por tráfico de cocaína.

Los Cachiros le vendía la droga al cartel de Sinaloa, jefeado por Joaquín “El Chapo” Guzmán. Contaban con una red efectiva de trasiego gracias al apoyo que recibieron de sus socios hondureños Carlos “El Negro Lobo”, los hermanos Valle Valle y Héctor Emilio Fernández, alias “Don H”, todos ellos extraditados después que sus antiguos socios.

A partir del 2004 acentuaron el poder al ordenar la muerte a Jorge Aníbal Echeverría Ramos, “Coque”, quien hasta ese entonces había jefeado las principales rutas del narcotráfico desde los años noventa, según las investigaciones oficiales.

::: Así negociaron los narcos hondureños

A diferencia de la justicia hondureña, la de Estados Unidos es una justicia más ágil. Está fundamentada en la delación y un fiscal federal tiene el poder de acusar o no a un narcotraficante y el gobierno estadounidense de definir si le conviene negociar jurídica o políticamente.

Su sistema de negociación, sometimiento y penas está regulado por una serie de parámetros. Por ejemplo, si se declara culpable le rebajan puntos o si delata a otro capo el tiempo de su condena se disminuye.

Según los informes de las Cortes Federales, así es como han venido negociando las penas los 29 narcotraficantes hondureños extraditados, quienes además han tenido que cumplir con los siguientes pasos:

Muchos de los capos hondureños están logrando ínfimas a cambio de dar información en las cortes de NY.

1. La negociación arranca desde el mismo momento en que el narcotraficante le entrega un poder a un abogado penalista para representarlo ante un fiscal en Estados Unidos y le propone un acuerdo previo de colaboración.

2. El fiscal le explica al narco a través de su abogado las condiciones de la negociación. Tiene que decir la verdad de su caso o de cualquier otro. Si miente, el acuerdo se cae y le imponen la máxima condena. Tiene que estar dispuesto a colaborar como informante y como testigo en cualquier juicio y no le garantiza el resultado final, que solo está en manos del juez que tiene su caso.

3. Si el narcotraficante acepta estas condiciones el fiscal va a donde el juez para que apruebe o no el preacuerdo.

4. Avalado el acuerdo previo, el fiscal va al Blitz Committee, un organismo recién creado en Washington del que hacen parte todas las agencias federales, CIA, DEA, FBI, Aduanas, Impuestos e Inmigración. Allí se define cuál agencia tiene el caso en contra del acusado y las otras se comprometen a no interferir.

5. Una vez estudiado el preacuerdo, este comité le entrega al abogado defensor una carta de inmunidad, que le permite al narco reunirse libremente con el fiscal y con los agentes federales para hablar de su caso. Este trámite puede durar hasta 90 días.

6. Frente a las autoridades federales, el acusado trata de negociar el mínimo de la pena y como prueba de su voluntad informa lo que está dispuesto a revelar en el juicio.

7. Si se llega a un acuerdo se inicia un proceso de extradición y el juicio en Estados Unidos. Este proceso no solo es más ágil sino que va acompañado de una serie de beneficios, como cambio de identidad, acceso al programa de protección a él y a su familia e incluso, en algunos casos, hasta de libertad inmediata.

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