Inicio Internacionales Era Atleta de día, asesino de mujeres de Noche

Era Atleta de día, asesino de mujeres de Noche

En la noche del 1 de agosto de 2002, en plena celebración del Día Nacional de Suiza, un desconocido agredió con un cuchillo una chica de 23 años en el distrito Bümpliz de Berna. A las dos horas, un ataque similar a una joven de 20 años tuvo lugar en el distrito de Niederwangen, a media hora de camino. La primera de ellas se quedó parapléjica a causa de una puñalada que afectó a la médula espinal. La segunda murió a causa de las lesiones. Estos dos crímenes eran los últimos de una larga lista de asaltos a chicas jóvenes cada vez más violentos que había sufrido la ciudad suiza desde el año 2000. “Las mujeres de Berna tienen miedo”, publicó entonces el periódico helvético ‘Blick’.

A los pocos días, el 20 de agosto, la policía suiza detuvo a Mischa Ebner, un hombre de 27 años, uno de los atletas más prometedores de la región (en 1998 fue uno de los ganadores de la Frauenfelder Militärwettmarsch, una prueba de maratón muy conocida en Suiza). Habían atrapado al ‘asesino de medianoche’, como lo había bautizado la prensa. Ebner compatibilizaba sus entrenamientos con el trabajo de cocinero en un restaurante. Tenía novia, madre y planes de futuro. Las autoridades lo habían identificado gracias a un retrato robot que publicaron en la prensa y, atención, al ADN que encontraron el las cartas que envió a sus víctimas después de atacarlas y robarles la cartera, misivas en las que pedía perdón por su crimen o les encomiaba a ser mejores personas. Los médicos que lo trataron admitieron en su momento que no tenía un perfil psiquíatrico habitual entre los criminales. Los medios destaparon una infancia de abandono y orfanatos: su madre biológica les había abandonado a él y a su hermano al poco de nacer y su padre había ingresado en prisión. Su madre adoptiva defendió que a pesar de un pasado de maltratos por parte de su familia biológica, Ebner había sido un niño “sensible” y “empático con los más débiles”. La prensa también descubrió que tres días después de que Ebner consiguiese la victoria en la maratón, su hermano se había ahorcado.

“¿Por qué ataca?”, tituló el diario ‘Blick’ tras su detención. “¿Por qué asaltaba a chicas jóvenes para robarles la cartera si no tenía problemas económicos?”, se preguntó la opinión pública. Nunca se supo; Ebner se colgó en su celda en noviembre de 2002, a los tres meses de haber entrado en prisión.

Y esas mismas preguntas son las que se hace el director suizo Hannes Baumgartner en ‘Midnight Runner’ (‘Der Läufer’ en su título original en alemán), su ópera prima, que participa en el Festival de San Sebastián en la sección de Nuevos realizadores. Baumgartner acompaña al personaje de Jonas (inspirado en Ebner) en su bajada a los infiernos hasta cometer los últimos crímenes e intenta comprender la procedencia de la pulsión, no del asesino, sino de este asesino en concreto, que durante toda la película se mueve entre el impulso y la culpa y que a la vez va incrementando la violencia con la que comete sus ataques, que la policía elevó hasta otros 29.

“De todas formas, no te entiendo”, le dice a Jonas Simone, su novia, en un momento de la película. ‘Midnight Runner’ opta por la apuesta controvertida de adoptar el punto de vista del asesino para plantear, que no justificar, la complejidad de conocer los motivos de un criminal que no actuaba por dinero ni por sexo, pero cuyas víctimas fueron todas mujeres jóvenes. El director traslada la acción a la actualidad, permitiéndose la licencia de cambiar nombres y fechas para subrayar la intención subjetiva del film.

Max Haubacher es Jonas en 'Der Läufer/Midnight Runner'.© Proporcionado por Titania Compañia Editorial S.L. Max Haubacher es Jonas en ‘Der Läufer/Midnight Runner’.

Primero presenta a Jonas (interpretado de forma muy perturbadora por Max Hubacher) como un hombre con problemas para manejar la frustración y que utiliza el deporte como una válvula de escape. Retrata al asesino como un hombre con problemas para relacionarse con las mujeres, a pesar de tener pareja y un buen trato con su madre. Un hombre de una masculinidad tóxica, impulsivo y testosterónico, que además arrastra el trauma de la muerte de su hermano. Lo más cuestionable de la película es que, aunque el objetivo sea indagar el la mente del psicópata, por momentos parece que el film compadece más al asesino que a sus víctimas: Jonas aparece en actitud doliente, a punto de explotar por algo que lleva por dentro y que ni siquiera él consigue concretar.

Su primer delito, que es robar un bolso, responde, como dice él mismo algo parecido a “un reflejo”. Pero noche tras noche la necesidad de salir a la calle y aumentar la gravedad y la violencia de sus agresiones crece. En contraste, por el día la culpa lo corroe y acaba enviando cartas de disculpa a cada una de sus víctimas. ‘Midnight Runner’, en su sencillez, consigue adentrar al espectador en el estado de ánimo de Jonas, gracias, además, a un trabajo de sonido minucioso y envolvente, pero también en la angustia de las mujeres que caminan solas a casa. En una escena, Simone corre por las escaleras de un edificio en obras seguida de Jonas y, aunque están jugando, el espectador siente el estado de alerta. Baumgartner recrea los ataques de una forma cruda y desnuda, hiperrealista y para nada adornada o aplacada. Una película sobre los monstruos interiores y la frustración misógina desasosegante, visceral y perturbadora.