Jeff Bezos, Bill Gates, Warren Buffett, Amancio Ortega, Mark Zuckerberg, Carlos Slim, Bernard Arnault y Larry Ellison

Jeff Bezos , dueño de Amazon, se convirtió recientemente en el primer hectomillonario de la historia con una fortuna de 150 mil millones de dólares. En la actualidad él y otros siete hipermillonarios suman la misma cantidad de riqueza que 3500 millones de personas, la mitad más pobre del planeta. Lejos ser visto como un logro, los propios hiperricos y los especialistas ven el fenómeno de la acumulación exorbitante y el incremento de la desigualdad como una falencia del capitalismo. Pero varios países desarrollados ya están aplicando soluciones exitosas.

En su libro El Capital en el siglo XXI el economista francés, Thomas Piketty sostiene que por la forma en que se ha estructurado el sistema económico en la mayoría de los países desarrollados “el capitalismo genera desigualdades arbitrarias e insostenibles que socavan radicalmente los valores meritocráticos en los que se basan las sociedades democráticas”.

La concentración excesiva del capital en pocas manos es una de las patas del creciente fenómeno de la desigualdad que tiene en su contracara el problema de la pobreza. Muchos países lograron subir “el piso” de la pirámide socioeconómica reduciendo el número de pobres –tal como lo hizo América Latina en los primeros años de este siglo-, pero son pocos los que aplicaron estrategias para evitar que la cumbre de la pirámide se dispare a niveles exorbitantes.

Sirva como ejemplo una comparación muy gráfica.

En 2010 el mundo se sorprendió con un reporte que indicaba que los 388 hombres más ricos del planeta, o sea un grupo de personas que cabe perfectamente dentro de un avión jumbo, tenían la misma cantidad de riqueza que la mitad más pobre del planeta.

Pero cinco años más tarde la cantidad de supermillonarios que se necesitaba para igualar la riqueza de la mitad más pobre del mundo era de apenas 60. Siguiendo con la comparación con los medios de transporte, este grupo de súperricos ya no necesitaba un jumbo; cabía adentro de un ómnibus de dos pisos.

Y la cuestión se agravó aún más. El año pasado, en el Foro Mundial de Davos se informó que la cantidad de personas que se necesitan para igualar la riqueza de la mitad más pobre es de apenas ocho supermillonarios, o sea ya pueden sentarse cómodamente adentro de una camioneta.

“La fortuna de Bezos es un premio a su ingenio y su visión para los negocios. Pero también es un fracaso político-económico, una acusación a un sistema impositivo y regulatorio que sobrealimenta las ganancias y fomenta la acumulación de riqueza entre unos pocos”, comentó la analista económica norteamericana Annie Lowrey.

Hasta el propio magnate Bill Gates reconoció a comienzos de año que el sistema impositivo de Estados Unidos -donde viven siete de los diez hombres más ricos del mundo-, es demasiado benévolo con él.

“Yo pagué 10.000 millones de dólares en impuestos, más que ninguna otra persona en Estados Unidos. Pero el gobierno debería exigir que la gente como yo pague impuestos significativamente más altos”, dijo Gates.

El magnate norteamericano coincide así con las políticas aplicadas en algunas naciones desarrolladas, como Japón y los países escandinavos, donde los súperricos pagan súperimpuestos, una de las alternativas dentro del propio sistema capitalista para enfrentar el problema de la concentración de riqueza.

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