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La bancarrota moral de la Iglesia papal

Mi primer viaje a Boston fue en 2002, justo después de que se dieran a conocer los casos de abuso sexual y su encubrimiento en el bastión católico de los Estados Unidos. Yo era becario en el estudio de la televisión alemana ZDF de Nueva York. Me enviaron allí por dos meses desde la redacción de Maguncia. La emisora está allí cerca de la ciudad, sobre una montaña. Imponente, se asemeja a un monasterio medieval. La idea de tener que informar sobre abusos sexuales por parte de sacerdotes contra un sinnúmero de niños era entonces impensable. Hasta mi llegada a Boston parecía algo surrealista. Allí hablé, entre otros, con Mitchell Garabedian, el abogado de las víctimas, que me explicó de manera tranquila e ilustrada su visión de las cosas.

Horror en todos los continentes

El escándalo de los abusos en Boston tomó notoriedad en 2015 con la película ‘Spotlight’. Uno de los personajes es el propio Mitchell Garabedian (interpretado por Stanley Tucci). Cuando me encontré con él durante una mesa redonda en la Facultad de Derecho de la Universidad de Harvard en Cambridge, cerca de Boston, comprobé que no se acordaba de nuestra entrevista 14 años atrás. Al Papa polaco le han seguido desde entonces uno alemán y otro argentino. Sus tres pontificados se han visto ensombrecidos por los escándalos de abusos sexuales. Tras las revelaciones en Boston vinieron otros: Australia, Irlanda, Alemania, Filipinas, Tanzania… En todos los continentes, en todo el mundo cristiano, el mismo horror, la misma incredulidad… la decepción, el dolor, la ira. Emociones compartidas por los creyentes de todo el mundo.

Es un escándalo que acerca a los fieles entre sí… y los aleja del clero. También impulsa a cientos de miles de personas fuera de la Iglesia católica. La práctica diabólica con que los servidores del Señor aumentaron sus juegos sexuales supera todo lo que se puede pensar de un alma buena católica. Por tanto, es comprensible que algunos creyentes vean aquí una obra del propio Satanás. La verdad parece, sin embargo, más bien ser que estamos ante un sistema que propiciaba el disfrute sexual, ante una estructura de camarillas que han llevado a los peores excesos. La Iglesia papal, la del celibato, está en bancarrota moral. Este es el momento más crítico de la Iglesia desde la Reforma. No se puede pensar ahora mismo en nada que pueda evitar su hundimiento total.

Una noticia bomba

Y ahora el propio Francisco se convierte en centro de las acusaciones. El exembajador de la Santa Sede en los Estados Unidos, el arzobispo Carlo Maria Vigano, lo acusó públicamente de haber conocido ya en 2013 las acusaciones contra el exarzobispo de Washington, Theodore McCarrick. Esta noticia golpea como un bombazo justo el día en que Francisco termina su viaje a Irlanda, donde se reunió con víctimas de los abusos y donde había pedido perdón por el sufrimiento infligido por miembros de su Iglesia. La católica Irlanda choca, en su relación con la autoridad vaticana, con un nuevo capítulo del escándalo.

El reciente caso de los abusos en el estado de Pensilvania no será el último, como el de Boston en 2002 no fue el primero, aunque sí fue el primero en salir a la luz. Antes quedan muchas décadas, siglos, en la oscuridad de las sacristías y las casas parroquiales, en las que ninguna acusación salió a la luz pública. En estos tiempos la Iglesia era tan poderosa que nadie podía interponerse contra la destrucción de unas almas a cuya salvación se suponía que estaba dedicada. Ahora es el momento de decidir sobre lo que dice el Señor en el Evangelio según San Mateo: deben dejarse crecer las malas hierbas junto al trigo limpio, para ser arrancadas después sin dañarlo. En una Iglesia en la que las acusaciones de complicidad alcanzan hasta al Papa es más que dudoso que eso todavía se pueda conseguir. En cualquier caso, el jefe de la Iglesia debe permanecer del lado de los débiles. Y no del lado del clero.

Alexander Görlach es asesor en el programa “En defensa de la democracia” de la Fundación F. D. Roosevelt en la Adams House de la Universidad de Harvard, miembro principal del Consejo Carnegie de Ética en Asuntos Internacionales, investigador asociado de la Universidad de Cambridge, en el Instituto de Religión y Estudios intencionales y también Profesor Honorario de Ética y Teología en la Universidad de Leuphana en Lüneburg. Prominente lingüista y teólogo, trabaja en narrativas de identidad, política y religión, democracia liberal, secularismo, pluralismo y cosmopolitismo. Entre otros, es columnista en New York Times y Neue Zürcher Zeitung, y fundador de la revista de debate The European, de la que fue también editor en jefe.