Inicio Entretenimiento El Terminator sexual… yo de hada… verde…

El Terminator sexual… yo de hada… verde…

No es que quiera etiquetar a todo hombre de mi pasado con un alias, pero de verdad no me acuerdo como se llamaba este. Recuerdo que estaba disfrazado de Terminator y yo de hada… verde.

Tenía apenas 17, bueno casi. Lo vi al final de la habitación y su cabello rojo debajo del grotesco antifaz me hizo enamorarme inmediatamente de él. Jamás en mi vida pensé que mi primera vez fuera a ser así, con un tipo que ni conocía. Supongo que como todas las mujeres esperaba algo dulce, inocente, romántico, y en vez de eso tuve una noche increíblemente salvaje con un hombre que sólo volví a ver hasta tres años después. Así es la vida en el trópico, dirían los caribeños.

En fin, después de un par de miradas y sonrisas, el Terminator me invitó a conocer en su departamento el tipo era vecino del chico de la fiesta que, by the way, era novio de mi prima su colección de placas de automóvil y yo le creí… Y así me vi en una habitación con cortinas negras, una inmensa cama y sin colección de placas.

Esa fue mi primera relación sexual. No hubo chispas, ni fuegos artificiales, aunque mucha diversión, mezcla de dolor y pasión… besos torpes por doquier. Terminator me enseñó esa noche el amor no comprometido, el de paso, el que también es amor por unas horas aunque más de 10 años después no te acuerdes de los nombres, de los detalles ni de los olores.

Al día siguiente, con una cruda del carajo y con las piernas más que adoloridas, esperé el repicar del teléfono y el maldito nunca sonó. De esos detalles sí me acuerdo. Levantaba la bocina cada tres segundos para confirmar que tenía línea, que nadie estaba ocupando el teléfono, que el volumen era lo suficientemente alto para escucharlo si me quedaba dormida…

Terminator y yo nos encontramos tres Halloweens después, él ahora era policía y yo una hippie cualquiera, con el colmillo más afilado y ganas de vengarme, ¿de qué? No sé, sólo vengarme de que el ca…nijo nunca me llamó. A todas nos ha ocurrido ¿no?

El Terminator muy fresco se me acercó, me preguntó mi nombre -sí, no se acordaba de mi flor, ni del dolor, ni del grito ahogado- y lo mandé a donde los mexicanos mandamos todo lo que nos molesta. Esa noche terminé la velada curándome el orgullo con un tipo que ni disfraz tenía, nombre sí: Guillermo.

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