Filipinas olvida el «No matarás»

A pesar de las críticas de la Iglesia, la católica sociedad filipina apoya las ejecuciones extrajudiciales de drogadictos por la alta criminalidad.

El padre Flavie Villanueva reza un responso junto al cadáver de Roberto Manaligán, abatido en la «guerra sucia» contra las drogas
El padre Flavie Villanueva reza un responso junto al cadáver de Roberto Manaligán, abatido en la «guerra sucia» contra las drogas – ABC

Enviado especial a ManilaActualizado:

En la católica, apostólica y romana Filipinas, donde la fe se vive con tanta devoción que los villancicos empiezan a sonar en septiembre, parecen haberse olvidado del quinto mandamiento: No matarás. Desde hace dos años, cuando el presidente Rodrigo Duterte ganó las elecciones con la promesa de acabar con la delincuencia, el país está sumido en una sangrienta guerra contra la droga que oficialmente ha dejado más de 4.400 muertos. En realidad son muchos más porque ha habido 23.500 crímenes no resueltos, entre los que figuran los cometidos por «escuadrones de la muerte» al servicio de las autoridades, como revelaba ayer en estas mismas páginas uno de sus sicarios.

Aunque el Gobierno de Gloria Macapagal Arroyo abolió en 2006 la pena capital, en buena parte por la presión de España para que no fuera ejecutado el preso hispano-filipino Paco Larrañaga, la Policía la aplica en la práctica sin pasar siquiera por los tribunales. Una salvajada ante la que la sociedad filipina no solo no protesta, sino que apoya con la esperanza de que sirva para combatir la criminalidad que sufre el país, la más alta de Asia.

En los dos últimos meses, el padre Villanueva ha perdido a tres de sus feligreses, abatidos por la Policía o asesinados por «escuadrones de la muerte». «A Roberto Manaligán, que se había inscrito en el registro de drogadictos para desintoxicarse y lo único que podía “meterse” ocasionalmente era disolvente, lo secuestraron el 19 de julio y su cuerpo fue hallado el 1 de agosto, torturado», cuenta el sacerdote tras darle la bendición al cadáver.

Días antes, a Fátima «Mayumi» Milagros, de 39 años, le pegaron tres tiros en la cabeza. «Vendía basura para el reciclaje, pero ese día solo se había sacado para darle a sus seis hijos y su marido unas patas de gallina», detalla el padre Villanueva, quien la define como «consumidora esporádica» y cree que su muerte fue «por un error de identificación o para cumplir la cuota». Por último, a un chico llamado Alex, que conducía un motocarro y no tomaba drogas, «la Policía le pegó seis tiros».

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