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Arturo Vidal se forjó en una cancha de tierra

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Hay que imaginarse cómo el polvo se levantaba cuando un niño corría en esa cancha de tierra ubicada justo enfrente de su casa. En aquel rectángulo de topografía irregular, colmado de piedras afiladas, en el corazón de la población El Huasco en el sur periférico de Santiago, Arturo Vidal pasaba gran parte del día pateando un balón de fútbol. El muchacho era uno más de los cientos de jóvenes que deambulaban buscando distracción en medio de un contexto pesimista: pobreza general, marginalidad y falta de oportunidades.

Ahí en la calle Aníbal del municipio de San Joaquín, transcurrió la infancia del nuevo refuerzo del FC Barcelona, el segundo de cinco hermanos criados gracias al tesón de Jacqueline Pardo, su progenitora, y a quien le prometió que algún día no trabajaría más y le compraría una nueva casa para que no volviera a habitar aquella vivienda sin ventanas donde el frío se filtraba en invierno. “El único ídolo que tuve en mi infancia fue mi madre”, ha confesado en innumerables ocasiones Vidal.

Y fue ella, precisamente, quien recordó cómo Arturo fue desarrollando su apego al fútbol, el del niño que dormía abrazado a su pelota y pasaba interminables jornadas jugando con sus amigos, los mismos que lo apodaban “Cometierra” por su increíble capacidad de terminar siempre empolvado luego de un partidillo.

“Eran realmente pobres, a veces no tenían qué comer. Es de esos casos por accidente de la vida, pero Arturo tuvo una gran estrella junto a él y el apoyo de su mamá fue clave”, apunta Nicolás Olea, autor del libro biográfico del futbolista ‘Vidal, su historia’.

Se inició en el Rodelindo Román, el club amateur de cual hoy el Rey Arturo es presidente honorario y que actualmente busca, a través de un ambicioso plan, insertarlo en el fútbol profesional chileno. Empezó a los ocho años y a los trece su vida dio un giro: en un torneo infantil destacó y el humilde club de Deportes Melipilla se fijó en él y se sumó a la serie Sub 13. El equipo, eso sí, resultó ser un desastre y Vidal despuntó con su rebeldía: se desplazaba hasta la zona defensiva a recibir el balón y luego se lanzaba al ataque. Ahí se forjó, en teoría, su inconfundible estilo de ida y vuelta, y de pisar ambas áreas sin pausas y hasta en una misma jugada.

Vidal dejó Melipilla y fichó por 334 euros de la época en Colo Colo, el equipo más popular de Chile. La noticia de su contratación generó ilusión en su familia que hizo lo imposible por darle las facilidades a Arturo para que entrenara y pudiera descansar. Finalmente era el mejor posicionado para poder dar el salto, convertirse en futbolista y cambiar la situación económica de sus seres queridos.

Los años pasaron y Vidal fue avanzando en las distintas series del club, aunque el lastre de su físico esmirriado le jugó en contra. “Arturo era muy frágil físicamente pero ya se le notaba que tenía mucha calidad. Él comenzó como defensa en las series menores (juveniles) de Colo Colo y pasó por todos puestos, desde lateral hasta central. Creo que eso fue clave para que adquiriera una polivalencia pocas veces vista en un jugador y además potenciara uno de sus principales talentos: los robos de balón limpios a través de una barrida. Obviamente nunca pensamos que se iba a transformar en la figura mundial que es hoy en día”, rememora Hugo González, entrenador de Vidal en la Sub 15 y en la Sub 16 del equipo chileno.

Para su biógrafo Nicolás Olea, justamente, aquella fue la época en que Arturo experimentó un cambio que determinó su futuro.

“Todo va de la mano junto a su desarrollo físico. Cuando llega a Colo Colo él no tiene masa muscular, pero algunas personas se preocuparon de él y regularon el tema de la alimentación. Podría entrenar hasta tres jornadas al día y así desarrolló una forma física inusual y de amplia resistencia. Por eso él partía como suplente porque realmente era delgado. Era imposible pensar que un chico tan flaco tuviera tanto éxito, pero ahora te das cuenta que fue un adelantado: siempre tuvo un personal trainer que complementó su trabajo físico. Cuando aumentó su masa muscular se transformó en un portento”.

El 2005, y con 18 años, Vidal debutó en Colo Colo siendo un juvenil pero tuvo que pasar un año para que fuera integrado al plantel de honor y recibiera su primer salario. Muchas veces perdió la paciencia por la escasa consideración y hasta pensó en dejarlo todo y estudiar para convertirse en profesor de educación física. Pero aquello cambió.

Un año más tarde, el 8 de enero de 2006, llegó su citación al primer equipo y Jacqueline, Arturo y sus hermanos terminaron aquel día llorando abrazados de la emoción. Fue el inicio de una historia grande donde la irrupción del “Cometierra” que se transformó en Rey del fútbol chileno no dejaría indiferente a nadie.