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Sexualidad, Trió ‘Tres No son multitud’

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Si antes de esta experiencia me hubieran preguntado si me gustaría hacer un trío, definitivamente habría dicho que no. La verdad no me llaba la atención, sobre todo no estaba dispuesta a compartir a mi pareja. Sin embargo, cuando la oportunidad se presentó, me fue muy difícil negarme; quería saber cómo era, qué se sentía y lo mejor de todo es que no era yo quien tenía que compartir a su novio. Todo resultó irresistible. 

Tengo que retroceder unos meses y contarles cómo conocí a esta pareja, para poner un poco las cosas en contexto. Una noche, mi grupo de amigas y yo salimos de copas, era la típica noche en la que el plan era solo salir por un par de tragos y regresar a casa, pero como todos estos planes, las cosas se salieron de control y terminamos en un antro bailando con una chica que no supimos ni de dónde salió.

La verdad es que la estábamos pasando muy bien cuando nos anunciaron que el lugar tenía que cerrar; estábamos enfiestadas y queríamos seguir bebiendo. Laura, la chica que recién conocimos, vivía cerca.

Se nos hizo fácil pasar a comprar una botella y seguirla en su depa. Subimos a tropezones las escaleras y al llegar a su puerta nos recibió Lalo, su novio. Se notaba un poco su molesta por el ruido que hacíamos pero al final nos recibió con gusto.

Seguimos bailando y tomando hasta casi medio día, cuando decidimos regresar a casa. Intercambiamos teléfonos con Laura y quedamos de ir de fiesta después.

Los días pasaron y una tarde recibí un mensaje de ella, intentamos coordinar una salida con mis amigas, pero entre sus trabajos, sus parejas y su familia, no podíamos… al parecer las únicas interesadas éramos ella y yo, así que decidimos salir solo nosotras. Cabe destacar que en las mismas pláticas nos fuimos conociendo mejor, teníamos gustos muy similares. Así que, ¿por qué no salir con ella? ¿Qué tenía de malo? Nada. Cada salida se convertía en mi mejor amiga, nos contábamos todo y en ocasiones íbamos al cine o por café, ya no había necesidad de beber todos los días, nos teníamos la una a la otra.

Una noche decidimos hacer ladies night en mi depa, compramos una botella de vino, una charola de quesos y elegimos las películas que queríamos ver. Entre la comedia y el drama, ella recargaba su cabeza en mi hombro y yo hacía lo propio; al final de una de las películas una lágrima rodaba por mi mejilla, me sentía sola, me sentía mal, creía que nunca iba a encontrar a la persona que me complementara y que quisiera pasar el resto de su vida a mi lado. Con gentileza, Laura tomó mi rostro y me dijo que eso no iba a pasar, como buena amiga. Me dijo que los hombres son tontos y… ¡me besó! Yo no me resistí pero tampoco contesté el beso; nos separamos como si nada, pero la velada se volvió un poco incómoda, yo tenía mil preguntas que hacerle pero no me atreví, ella terminó por irse. Al cabo de varias semanas sin hablar, me di cuenta que me gustaba su presencia en mi vida y le escribí, quedamos de vernos en un café y platicar. Cuando nos vimos, me dijo que no sabía por qué lo había hecho, pero era una idea que le venía rondando la cabeza desde la primera vez que me vio.

El café se convirtió en cervezas, hasta que me confesó que le contó el “incidente” a su novio. la lo se portó comprensivo con ella, sin embargo, Laura sentía que algo se había roto entre ellos y tenía miedo de perderlo. Le dije que hablara con él y buscara la forma de resarcir el daño.

Mi primera impresión era que le pediría que no nos viéramos más, pero él le dijo que quería vernos más, que le excitaba pensar que su chica se besara con otra mujer. Puse de excusa conmigo misma que solo lo haría para salvar la relación de mi nueva mejor amiga pero la verdad es que quería ser partícipe de un beso apasionado con Laura. Lo deseaba.

Me invitó una tarde a su depa y estuvimos platicando y tomando vino, Lalo estaba trabajando y era probable que saliera hasta tarde. Laura me planteó la idea de que era el momento adecuado de saldar nuestra cuenta con él y yo no podía estar más de acuerdo. Le pregunté si podríamos practicar porque según yo, me iba a dar pena hacerlo.

Nos besamos y el momento fue subiendo poco a poco de temperatura cuando escuchamos el cerrojo de la puerta, ¡era Lalo! Nos separamos y ella corrió a saludarlo, yo me quedé sentada, una parte de mí se sentía avergonzada y otra deseaba que él no hubiera llegado. Tras saludarme como si nada sucediera, como si no supiera que besé a su novia, ella le propuso saldar nuestra deuda y él accedió.

Puedo medir el tiempo en botellas, desde que Lalo llegó al momento de saldar la deuda había pasado botella y media, más lo que Laura y yo ya nos bebido. Nos besamos, probé su boca sabor a vino y me excité, mordí un poco su labio. Al separarnos, esperaba cualquier reacción menos esa sonrisa de él, pícara, quería más… igual que nosotras.

Nos besamos de nuevo, más apasionado, por más tiempo. De repente sentí cómo se aproximaba a nosotras y acercaba su cara a la nuestra, Laura lo besó mientras tomaba mi mano y la dirigía a uno de sus senos, la toqué de la forma en la que me gusta que me toquen y de inmediato aproximó su mano e hizo lo mismo.

Sin pensarlo, mi otra mano se dirigió hacia su novio y comezó a acariciarlo, ella me miró y sonrió.

Poco a poco los tres nos fuimos despojando de nuestras ropas, el intercambio de besos no paraba, ella me tocaba exponiendo su cuerpo al de él, pero enfocándose en mí, yo la tocaba de la misma manera. Sus dedos suaves y cálidos se introdujeron poco a poco en mí, mientras me besaba; él hacía lo mismo con ella, sin dejar de mirarnos a las dos.

Lalo introdujo su miembro en Laura, mientras ella me hacía sexo oral a mí al ritmo que él marcaba con sus penetraciones. De repente se detuvo y me preguntó si quería cambiar.

Jamás le había hecho sexo oral a una mujer, pero eso no pasaba por mí cabeza, quería que alguien me penetrara y quería satisfacerla a ella.

Sentí su miembro introducirse en mí, tibio y duro; mientras Laura disfrutaba de mi boca sobre su zona V.

Ella tomó mi mentón y bajó poco a poco hasta que nuestras bosas pudieron juntarse, me acomodé para que ella pudiera rodear mi cintura con sus piernas, Lalo se bajó de la cama y nos quedamos en la orilla.

Mientras ella y yo nos besábamos y acariciábamos, él la penetraba por un par de segundos y después lo hacía conmigo. Las embestidas eran fuertes y se acababan justo en el momento en que comenzaba a producirse el clímax. Cambiamos de posición, Lalo se recostó sobre la cama y Laura se montó sobre él, yo me quedé al lado de ellos tocándome, viendo cómo ella lo montaba y lo besaba mientrs me miraba fijamente. A ella le gustaba que la viera, la prendía verme mientras me introduciía los dedos. Finalmente llegó al orgasmo. su espalda se arqueó y vi esa expresión que seguro muchas mujeres hacemos pero pocas tenemos la oportunidad de ver desde afuera. Se bajó de él, ni Lalo ni yo habíamos acabado, así que mientras lo hacía jaló de mi brazo para que me pusiera sobre él. Lo monté y caí en su miembro para que me penetrara, mientras Laura estimulaba mis senos con sus manos, con su boca, besando mis pezones con ternura.

Él tomaba mi cintura con sus grandes manos para marcar el ritmo al que quería que me moviera, no podía más, estaba disfrutando demasiado. Besé a Laura apasionadamente mientras me veía sobre su novio, esperando que fuera ella en realidad. Al bajarme de él, Laura le preguntó cómo quería terminar; yo pensé que como buen macho querría hacerlo al puro estilo de las películas porno, en nuestro rostro, pero no fue así. Él le dijo que quería terminar sobre su espalda, mientras no veía besándonos, y eso fue lo que hizo, parecía excitarle mucho vernos intercambiar caricias y besos.

Aunque no lo conocía, puero jurar que fue el mejor orgasmo de su vida.

Laura y yo hablamos diario y yo temo pedirle qu elo repitamos porque la verdad me fascinó.