Inicio Internacionales Tramadol, la droga de Boko Haram

Tramadol, la droga de Boko Haram

Uno de los soldados chadianos que combaten a Boko Haram en la orilla del Lago Chad aceptó el cigarrillo del periodista, pero insistió en que no podía tocarlo hasta la noche por encontrarse en el Ramadán y le pidió al reportero que se lo guardara él mismo en su bolsillo.

– ¿Los de Boko Haram son buenos soldados?

– No, no lo son. Corren hacia nosotros sin cubrirse, totalmente drogados, gritando “Alá Akbar”. Es fácil abatirlos. Yo mismo maté a siete y herí a otros dos.

Al margen de la brutalidad y el fervor pseudorreligioso, los que han combatido a la secta yihadista destacan el absoluto desprecio por su propia vida, su excitación y su capacidad de resistencia ante el esfuerzo y la tensión física. Los cuatro ejércitos que combaten a esta milicia radical, que ha causado decenas de miles de muertos desde su creación y que controla una porción de territorio más grande que la región de Andalucía, saben que aquellos a los que consiguen apresar llevan siempre en los bolsillos unas pastillas blancas conocidas como “la droga del combatiente”. En términos farmacológicos, se trata de un opiáceo conocido como Tramadol, una potente sustancia sintética cuyo coste es de sólo 50 céntimos de euro para una tableta de 10 comprimidos.

Este medicamento, que se produce en India, provoca algunos efectos parecidos a la heroína y resulta muy económico para grupos yihadistas como el Estado Islámico, que también lo ha usado junto al Captagon, una mezcla de anfetamina y teofilina altamente adictivo que fue prohibido ya en los 80.

¿Cómo las consiguen? No es sencillo. El tráfico de esta sustancia requiere una logística compleja que sólo poseen los grandes grupos criminales como la ‘Ndrangheta, la mafia calabresa. La agencia antidroga de EEUU, la DEA, seguía este comercio desde hace tiempoy avisó a las autoridades italianas de la llegada, en noviembre del pasado año, de un barco concreto al puerto de Calabria. Cuando la policía de aduanas entró en sus bodegasencontraron un gran cargamento de 24 millones de pastillas sintéticas de Tramadol por valor de 58 millones de euros que tenían como destino el puerto libio de Misrata. Desde allí se distribuyen a Oriente Próximo y a África del Oeste para abastecer a la yihad.

El problema es que su consumo ya ha superado a los miembros de Boko Haram para afectar también a los grupos vigilantes, voluntarios improvisados que les combaten pueblo a pueblo. Estos milicianos de fortuna han adoptado también el consumo no sólo de codeína, sino también de este analgésico como antídoto contra el miedo, el hambre y el cansancio.

También los niños de la calle de las megaurbes nigerianas de Lagos y Abuja abusan de esta sustancia. Como todos los opiáceos, es tremendamente adictivo y ha creado grandes problemas de enganche a enfermos no sólo en África, sino en países como EEUU, donde se ha vendido a miles de personas bajo la marca Ultram. La OMS recuerda que no hay ningún control internacional sobre el Tramadol y eso ha provocado que se produzca en lugares como India y se venda sin receta en muchos países.

En España, en cambio, se vende bajo control de las autoridades, lo que evita problemas. Además, los doctores cada vez lo prescriben menos por su poder adictivo y sus efectos secundarios.