El presidente de EE.UU., Donald Trump, dijo hoy que está dispuesto reducir la ayuda a los países que no impiden la migración de integrantes de la organización criminal Mara Salvatrucha (MS-13) y confió en que su Administración erradicará este problema.

“Vamos a ver la estructura completa de ayuda y va a cambiar muy radicalmente”, afirmó Trump, que hoy visitó un Centro de Seguridad Nacional en Benthpage, en el condado de Nassau (Long Island, Nueva York), uno de las más afectados por la presencia de la MS-13.

Trump encabezó una mesa redonda en la que, junto a autoridades federales y locales, congresistas, familiares de víctimas de las pandillas y algunos lugareños, abordó la lucha contra las pandillas y el tema migratorio.

El gobernante se quejó de que en otros países “no quieren a la gente” que están recibiendo de Estados Unidos, y señaló que en muchas ocasiones estos regresan tras haber sido deportados.

“Creo que no es difícil (parar el flujo de gente) Te dan a entender que están intentando pararlo. No lo están parando, están fomentando que la gente salga”, subrayó.

Anticipó que trabajarán “en algo para que cada vez que alguien de determinado país” haya entrado de forma ilegal a Estados Unidos se le descuente “una gran cantidad de dinero” de ayuda.

“Si es que les damos algo de ayuda, o a lo mejor no les damos nada. Porque a pesar de los reportes que oigo no creo que nos estén ayudando en nada. No nos están ayudando en nada”, criticó.

Consideró además que si tuvieran “leyes apropiadas no estarían volviendo aquí como lo hacen”, y cuestionó la práctica conocida como “atrapar y soltar” a los migrantes previa firma de un papel “que no tiene significado ni validez”.

También defendió un cambio en las leyes para resolver las lagunas que pueda haber frente a la migración y avanzar en el combate a las pandillas, a las que culpó de haber convertido áreas pacíficas en “zonas de matanza”.

“Estamos realmente trabajando mucho en este problema”, afirmó Trump, que volvió a llamar “animales” a los integrantes de la MS-13, a la que describió como “una pandilla sin piedad”.

Esa afirmación fue respaldada hoy, entre otros de los asistentes, por el director Adjunto del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), Thomas Homan, quien advirtió que los animales “matan para sobrevivir”, mientras la “MS-13 mata por deporte”.

Homan destacó que bajo el liderazgo de Trump se han “duplicado” los arrestos de integrantes de pandillas, con 796 en el primer año de la actual Administración, y resaltó el trabajo que desarrollan de forma coordinada con las autoridades salvadoreñas.

La MS-13, nacida entre los años 80 y 90 en Los Ángeles (California) junto a su rival, el Barrio 18, se ha esparcido a Centroamérica y otros lugares.

Según el Gobierno estadounidense, hay alrededor de 10.000 miembros de MS-13 en el país -de los cuales 2.000 se calcula operan en Long Island- y más de 30.000 están repartidos por todo el mundo.

El fiscal general adjunto John P. Cronan, de la División Criminal del Departamento de Justicia, citó durante su intervención versiones de que está entrando “gente nueva” de esta pandilla desde El Salvador, y alertó que están infiltrando incluso colegios.

El gobernante, que tuvo a su izquierda al republicano Pete King, estuvo flanqueado por Evelyn Rodríguez y Freddy Cuevas, padres de Kayla Cuevas, una joven de Long Island asesinada en 2016 por la MS-13 junto a su amiga Nisa Mickens, cuyos padres, Elizabeth Alvarado y Robert Mickens, también lo rodeaban en primera fila.

Robert Mickens llamó a atajar la violencia al advertir que las calles “no deberían estar cubiertas de sangre”.

Al encuentro, en el que los aplausos rompieron en varias ocasiones el protocolo, también asistieron la secretaria del Departamento de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, y el vicefiscal general, Rod Rosenstein, entre otros.

Es la segunda ocasión que Trump visita Long Island, donde ya estuvo a julio del año pasado.

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