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Nadal manda bajo la lluvia de Roma vuelve a ser número uno

Thiem había ganado a Nadal en Madrid. Zverev lo tuvo en sus manos en Roma, alimentar aún más las dudas del rey de la tierra a dos semanas de Roland Garros, pero la lluvia y la cabeza de Nadal lo evitaron. El campeón defensor no pudo rubricar su remontada y cayó en la final al no saber digerir correctamente el parón por lluvia. Cosa que sí hizo el mallorquín, que sumó su octava corona en la capital italiana de una manera un tanto extraña y, a su vez, recuperó el número uno del mundo superando a Roger Federer.

Después de arrasar en Montecarlo y Barcelona, la temporada de arcilla parecía propicia para que Nadal reeditara sus gestas pasadas. Pero las cosas se torcieron en Madrid y a punto estuvieron de hacerlo también en Roma. Su triunfo final no disipa las dudas que dejó en el Foro Itálico donde, por momentos, Zverev se mostró tremendamente superior. La preparación de París necesita ser reajustada para llegar con plenas garantías de aspirar a conquistar la undécima corona.

Nadal volvió a superar a Federer en lo más alto del ranking mundial

Nadal sacó su rodillo a pasear en el primer set, una continuación de su exhibición ante Djokovic en semifinales. El balear desplegó un tenis sin fisuras. Llegaba a todas las pelotas y desesperaba a Zverev. El alemán no se lo explicaba. Estaba jugando bien pero le estaban pasando por encima. Intentaba abrir todos los ángulos posibles, cargando mucho el revés de Nadal para acabar luego con el golpe paralelo. Pero las piernas del mallorquín estaban frescas y llegaban a todo.

A Zverev no le respondía ni el servicio, su mejor aliado en momentos complicados. No lo ganó ni una sola vez en toda la primera manga. El único juego que sumó, el inicial, lo hizo al resto. Se las prometía muy felices antes de que el huracán mallorquín compareciera en la pista Centrale del Foro Itálico para adjudicarse la primera manga por 6-1.

Zverev pide explicaciones© Proporcionado por La Vanguardia Ediciones, S.L. Zverev pide explicaciones

Nada hacía presagiar lo que ocurriría luego. Un cambio de escenario inexplicable en una final que empezó a hablar alemán de repente. Los buenos golpes de Zverev empezaban a hacer daño a Nadal, mucho menos preciso en el segundo set. Más fallón. Caían los juegos del lado germano como una losa. Lograr un deuce era motivo de un “¡Vamos!” que retumbó hasta en el Coliseo. Pero igualar a 40 era poco botín para Nadal, que empezaba a ir a remolque en el partido y sólo evitó el rosco manteniendo su servicio en el sexto juego. El 1-6 fue contundente y le hizo daño.

Pero las nubes negras no sólo acechaban a Nadal, también a la capital de Italia. Las gotas de agua caían sobre el Foro Itálico y no hacían presagiar nada bueno. Un posible parón sólo podía beneficiar al mallorquín. Cualquier alternativa era buena para cambiar la dinámica. Zverev jugaba cada vez más cómodo, más metido en la pista y Nadal no encontraba la manera de conectar los golpes ganadores que le habían hecho rozar la gloria en el primer set.

Nadal bendijo la suspensión por lluvia

Zverev empezó fuerte la tercera y definitiva manga. El campeón defensor en Roma rompió el servicio de Nadal en el primer juego y eso le permitió jugar con más tranquilidad. Con 3-1, el juez de silla interrumpió temporalmente la final ante la intensidad de la lluvia. Al cabo de unos minutos, el juego se reanudó y el mallorquín pudo subir el 3-2 al marcador antes de que la final quedara suspendida indefinidamente por más lluvia.

Esta vez sí, los tenistas se fueron a los vestuarios un buen rato. Casi una hora. Nadal intentando encontrar soluciones a lo que estaba pasando, a la superioridad de Zverev. El alemán, por su parte, irascible como pocos, con la esperanza de que la pausa no afectara su buen momento. Rozaba con los dedos su primer triunfo ante Nadal después de cinco enfrentamientos y era una oportunidad que no quería dejar escapar.

Virgina Raggi, alcadesa de Roma, intenta protegerse de la lluvia© Proporcionado por La Vanguardia Ediciones, S.L. Virgina Raggi, alcadesa de Roma, intenta protegerse de la lluvia

La primera impresión fue que Nadal, muy por delante de todos su rivales a nivel mental, aprovechó mucho mejor la pausa para reordenar las ideas y encontrar maneras de superar el potentísimo servicio de Zverev, que rompió nada más volver a la pista. Con 3-3, la final se iba a decidir en un mini set al mejor de tres juegos, un desenlace dramático, pero digno de un torneo como el de Roma.

El Nadal que regresó a la pista estaba mucho más cómodo que el que la había abandonado. Tenía más confianza en sus golpes y emitía señales muy positivas. Las dudas se habían cambiado de bando y Zverev ya no ganaba puntos con tanta autoridad. De hecho, no volvió a ganar un juego el jugador alemán, arrollado desde que cerró el paraguas.

Nada debe empañar una gesta como sumar ocho títulos en un torneo con el prestigio que tiene Roma, donde no se imponía el de Manacor desde hacía cinco años. Y es que Nadal sigue reescribiendo la historia del tenis cada semana. Pero hay pocos tenistas tan autocríticos como el mallorquín, que será el primero en darse cuenta de que debe retocar algunos detalles de su juego para volver a ser infalible. Desde lo más alto del ranking, todo debe ser más fácil.