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Grecia y Turquía vuelven a ser enemigos

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Grecia y Turquía están envueltas en una típica gresca de bar en el Egeo. Una de esas en la que dos machos, ambos con un botón de la camisa abierto de más le grita al otro “que te mato” mientras se empujan mutuamente, pecho contra pecho; en la que uno dice “porque me sujetan que si no…”. Ese tipo de pelea en la que ninguno de los dos quiere realmente pegarse, pero en la que ninguno quiere tampoco retirarse a riesgo de quedar como un blando. Cómica, en resumen, si no hubiera ejércitos, bombas y aviones de combate de por medio.

Ambos países pertenecen al mismo grupo de amigos, la OTAN, y, aunque uno es más cercano a los pesos pesados europeos por razones históricas y políticas -Grecia-, el otro esdemasiado importante en términos estratégicos -en temas como implicación en Siria o el control de refugiados- para dejarlo de lado, y nadie quiere tomar partido.

En el lado griego la chulería la encarna mejor que nadie el ministro de Defensa, Panos Kammenos, un nacionalista conservador al que solamente su gusto por el sillón hace permanecer en el Gobierno de un Alexis Tsipras con el que no tiene nada en común. El grandilocuente Kammenos, casi dos metros y más de 120 kilos de peso de político, soltó recientemente sin despeinarse que Grecia “aplastaría a quien se atreviera a cuestionar la soberanía nacional”. “Nuestras Fuerzas Armadas están preparadas para enfrentarse a cualquier reto”, afirmaba bravucón. “Quien tenga en mente el gran Imperio Otomano debe recordar 1821, cómo el pueblo griego se enfrentó al imperio [por su independencia] y lo aplastó”.

Este juego de referencias a guerras pasadas ha vuelto a estar de moda entre ambos desde hace ya unos años, cuando el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, empezó a evocar de nuevo la idea de una “gran Turquía”. Esta, que toma prestados conceptos de los grandes sueños irredentistas balcánicos, tiene como anhelo recuperar territorios que Ankara considera turcos por derecho. Esta anexión de nuevas regiones incluye revocar -“revisar” dicen en Ankara- los Tratados de Lausana de 1923, que definen las fronteras actuales turcas, entre ellas la del Egeo. En ese sentido Turquía considera que hay islas, actualmente de soberanía griega, que conforman una “zona gris” que habría que negociar. Erdogan no está solo en este pensamiento. Sin ir más lejos el líder del nacionalista MHP, Devlet Bahceli, aliado -en cierto modo contra natura- del presidente, fue más allá el año pasado al decir que “Grecia se ha anexionado 15 islas turcas” en el Egeo. Esta idea se está estableciendo como transversal en el ideario político turco.

Cazas de la fuerza aérea de Grecia sobrevuelan Atenas durante una exhibición aérea, en abril de 2017. (Reuters)© Proporcionado por El Confidencial Cazas de la fuerza aérea de Grecia sobrevuelan Atenas durante una exhibición aérea, en abril de 2017. (Reuters)

¿Guerra? Ni cercana… ni descartable

Grecia y Turquía han estado al borde de nuevos conflictos armados varias veces, la última en enero de 1996. Entonces una confusa escaramuza en la que comandos de dos ejércitos desembarcaron en el islote deshabitado de Imia -reclamado por Turquía- acabó con tres soldados griegos muertos tras estrellarse el helicóptero en el que viajaban. Solo la intervención de Bill Clinton salvó los muebles. Kammenos ha ido cada año desde que juró su cargo como ministro a dejar una corona de flores cerca del islote: una provocación, según el lado turco.

No obstante, la opción de una guerra sigue siendo improbable, según Constantinos Fílis, director de investigaciones del Instituto de Relaciones Internacionales de Atenas. “No, no creo que estemos cerca de que se produzca otro incidente como Imia”, explica al Confidencial. “Por supuesto que está creciendo la tensión, pero no creo que Turquía se vaya a arriesgar, es un riesgo enorme para Turquía, tanto en el terreno militar, operativo, como en el diplomático”, añade. Aunque Filis es prudente en su diagnóstico: “No lo podemos descartar, sobre todo si Erdogan se ve sometido a mucha presión”.

“Estamos en guerra no declarada en el Egeo”, decía hace unas semanas Fotis Kuvelis, viceministro de Defensa. Una opinión compartida por altos mandos militares helenos. Uno ellos, en declaraciones a los medios ha dicho que “no espera una guerra en el Egeo porque esta ya ha empezado, y hemos tenido el primer muerto”. El primer fallecido, según ellos, es un piloto de caza de 34 años, que murió el 12 de abril tras caer al mar en la isla de Skyros. Se encontraba de regreso a la base tras interceptar una intrusión turca en el espacio aéreo griego. Volvía de una ‘dogfight’.

Las llamadas ‘dogfights’ son muy frecuentes entre aviones de ambos países. Estas consisten en que después de una intrusión turca de uno o varios aviones en Grecia, naves helenas salen en su persecución. Cuando se encuentran, entran en modo de combate simulado en el que “gana” el que consigue poner a tiro de misil a su “contrincante”. Cuando esto sucede, ambos se retiran. Este baile y demostración de músculo se da… varias veces al día. En 2016 Grecia registró 1.671 violaciones de su espacio aéreo, 3.317 en 2017 y en lo que llevamos de 2018 alrededor de 920. Por comparar, en 2016 los aviones de la OTAN interceptaron 780 aviones rusos, y esto era el nivel más alto desde la Guerra Fría.

Aunque sí el más frecuente, este no es el único roce entre ambas naciones. Otro tipo de incidentes trufan la actualidad. Recientemente Atenas aseguró que un caza turco voló de manera insistente e intimidatoria cerca del helicóptero del primer ministro mientras volvía de un viaje a la isla de Kastelórizo. Turquía dijo también hace pocas jornadas que Grecia disparó -sin producir daños- sobre uno de sus helicópteros que sobrevolaba un islote del que reclama su soberanía.

El ministro de Defensa griego Panos Kammenos durante la relocación de un campo de refugiados en Schisto, cerca de Atenas, en febrero de 2016. (Reuters)© Proporcionado por El Confidencial El ministro de Defensa griego Panos Kammenos durante la relocación de un campo de refugiados en Schisto, cerca de Atenas, en febrero de 2016. (Reuters)

El golpe fallido y Chipre vician las relaciones

El fallido golpe del verano de 2016 contra Erdogan tuvo un efecto negativo sobre las relaciones entre los dos países. Tsipras se congratuló en su momento por el desmantelamiento del complot, pero ocho militares turcos aparecieron en un helicóptero robado en el norte de Grecia pocas horas después de la intentona y pidieron asilo. Ankara ha pedido en varias ocasiones la extradición, pero la justicia griega se mantiene firme, aceptando hasta el momento la argumentación de los ocho: que en Turquía carecerían de un juicio justo.

Tsipras hubiera preferido que el asunto se solucionara rápido para evitar otra confrontación diplomática, pero no ha sido así. A pesar de la insistencia del vecino él reitera que la separación de poderes en Grecia le impide actuar como querría Erdogan. Su mala suerte que se volvió peor cuando hace casi dos meses dos oficiales griegos que patrullaban la frontera con Turquía se perdieron en la niebla y acabaron detenidos por Ankara. Expertos en asuntos militares consultados por El Confidencial aseguran que este tipo de errores, de soldados que acaban al otro lado de la frontera tras haberse desorientado, son relativamente frecuentes y se suelen saldar con una discreta devolución.

Esta vez fue diferente, pues Turquía ha planteado un intercambio de prisioneros, y parece que la disputa se va a enquistar. Para echar más leña al fuego el primer ministro turco, Binali Yildirim, dijo hace unos días que los “enemigos” del Estado turco están viendo a Grecia como un “refugio seguro”. Uno de los ocho militares ya ha sido puesto en libertad provisional hasta que su demanda de asilo quede resuelta, y Grecia le ha puesto protección policial 24 horas, con 90 agentes implicados, cámaras de vigilancia y micrófonos… por lo que pudiera pasar.

Otro golpe a la calma en el Egeo fue el fracaso de las negociaciones para la reunificación de Chipre, a pesar de los esfuerzos de los líderes greco y turcochipriotas que deseaban llegar a algún tipo de compromiso. Muchos apuntan a Ankara como principal autor de este descarrilamiento, ya que Mustafa Akinci, líder de la autoproclamada República Turca del Norte de Chipre, es considerado como un conciliador. En cualquier caso Nicosia decidió retomar las exploraciones de hidrocarburos en el sur de la isla, a todos los efectos sus aguas territoriales. Ankara, que considera que estas exploraciones deben hacerse con el consentimiento de todos los chipriotas, llegó a detener con una fragata militar un barco de exploración de una multinacional italiana que se dirigía a esas aguas.

El presidente turco Recep Tayyip Erdogan y el líder turcochipriota Mustafá Akinci durante un desfile militar, en 2015. (EFE)© Proporcionado por El Confidencial El presidente turco Recep Tayyip Erdogan y el líder turcochipriota Mustafá Akinci durante un desfile militar, en 2015. (EFE)

La UE y EEUU pierden su papel de mediadores

La posición de las grandes potencias en 2018 dista mucho de la de 1996. La OTAN se ha desmarcado (“esto no es asunto de la alianza”, dicen), y tanto la UE y Estados Unidos ya no son los actores neutrales que eran en la década de los 90. Bruselas, además de depender de Ankara para el mantenimiento del acuerdo para bloquear a los refugiados, ha perdido el ascendiente sobre aquel país, en tanto que su integración en el bloque comunitario parece ya un sueño del pasado. En cuanto a Washington, sus choques dialécticos durante la guerra en Siria, en la que apoya a los enemigos declarados del Gobierno turco, las guerrillas kurdas, han desgastado una influencia que ha terminado de arruinar la permanencia de Fetullah Gülen -considerado por Erdogan cerebro del golpe contra él- en territorio estadounidense a pesar de las peticiones de extradición.

“Esto es un problema, porque seguramente Estados Unidos estará buscando un mediador para mejorar sus relaciones con Turquía”, ironiza Filis, “pero creo que tanto la UE como Estados Unidos tienen el poder de disuadir a Turquía de atacar, pero para ello tienen que mandar un mensaje claro de cuáles serían las consecuencias si esto pasa”. Por ejemplo, que una agresión llevaría consigo “sanciones económicas”.

Grecia está tan segura del apoyo europeo -sustentado en la declaración al respecto del Parlamento Europeo y del “estamos al lado de Grecia” de Macron- que ha hecho el ridículo: anunció que Francia le iba a alquilar dos fragatas para reforzar su flota en el Egeo. Fue Fotis Kuvelis el que lo anunció en la radio, y llevó a días de confusión y cierta euforia en el nacionalismo, porque esto significaba la entrada de París en el conflicto sobre el terreno. Para alivio de algunos y sonrojo del Ejecutivo, que no puede echarle la culpa a trolls rusos, la prensa francesa y el ministerio de Defensa galo desmintieron tajantemente el acuerdo.

Aún así, la escalada de armamento no se detiene. Grecia -que ya desembolsa más del 2% de su PIB en Defensa- gastará 1.100 millones de euros para modernizar 85 aviones F-16. El beneficiario serán los Estados Unidos.

Cadetes de la Fuerza Aérea Turca marchan durante una ceremonia de graduación en la Academia Militar, en Estambul. (Reuters)© Proporcionado por El Confidencial Cadetes de la Fuerza Aérea Turca marchan durante una ceremonia de graduación en la Academia Militar, en Estambul. (Reuters)

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