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Abre la embajada de EEUU en Jerusalén

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El Consulado de EEUU en Jerusalén, en el barrio de Arnona, se convertirá este lunes en la embajada provisional del Gobierno de Donald Trump en Israel. Desoyendo (nuevamente) los consejos de la comunidad internacional y de la ONU, el republicano da un paso que desequilibra aún más el conflicto entre palestinos e israelíes y reconoce plenamente Jerusalén como capital de Israel, pese a que al menos la mitad de la ciudad está ocupada a los palestinos y para el mundo es Tel Aviv la sede administrativa legal. “Trasladaré la embajada a Jerusalén, la capital eterna del pueblo judío”, garantizó Trump en campaña, como dijo que se saldría del acuerdo nuclear con Irán. Otra promesa cumplida, otro tanto para el amigo israelí. Dos en menos de una semana.

¿Pero por qué es importante y peligroso este cambio? ¿Cómo se llevará a cabo? ¿Qué supone en lo práctico y en lo simbólico? Aquí tienes las claves de la nueva provocación del magnate neoyorquino.

Netanyahu y Trump se dan la mano en el Despacho Oval, en la Casa Blanca.© Bloomberg via Getty Images Netanyahu y Trump se dan la mano en el Despacho Oval, en la Casa Blanca.

El traslado

La ceremonia oficial de apertura de la embajada se celebrará a las 16.00 horas del lunes 14. La fecha no está elegida al azar: justo ese día se cumplen 70 años de la declaración de independencia de Israel. Aunque el consulado (el diplomat, como se le conoce en la zona) dejará de serlo para convertirse en embajada, no todos los servicios se trasladarán automáticamente a Jerusalén. La actual embajada en Tel Aviv seguirá funcionando, aunque ya no tenga ese nombre. Es un traslado peliagudo. El edificio final de la embajada jerosolimitana tardará “años” aún en estar operativo.

El embajador norteamericano, David Friedman, tendrá dos despachos, uno en cada ciudad, y los funcionarios norteamericanos se irán trasladando a Jerusalén de forma paulatina. Las autoridades israelíes confían en que este paso contagie a otros países y hasta empieza a planificar dónde colocar los nuevos edificios por venir, en una ciudad ya de por sí caótica y con poco suelo libre. De momento, Guatemala y Paraguay han anunciado que siguen los pasos de Trump y se moverán también desde Tel Aviv a lo largo de este mes de mayo.

Al acto de inauguración acudirán las principales autoridades israelíes, como el presidente Reuven Rivlin y el primer ministro, Benjamin Netanyahu, mientras que por parte estadounidense se espera recibir al secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, a la hija de Trump, Ivanka, y a su esposo y yerno del presidente, Jared Kushner (judío y cuya familia tiene importantes intereses económicos en las colonias ilegales de Jerusalén Este y Cisjordania, en las que residen ya casi 600.000 personas). No está prevista, por ahora, la presencia del propio Trump o de Mike Pompeo, su nuevo secretario de Estado, pero la prensa local insiste en que no hay que descartar sorpresas de última hora.

Ansiada por todos

Fue a finales del año pasado cuando Trump anunció el traslado de la embajada, que va de la mano con el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel. La ciudad, considerada “santa” por cristianos, judíos y musulmanes (las tres religiones del libro), lleva siete décadas como foco principal del conflicto entre Israel y una gran parte del mundo musulmán. Es una de las ciudades más antiguas del mundo y es venerada y glorificada de la misma forma por esas tres religiones, que tienen allá algunos de sus lugares santos más preciados.

Para los cristianos, allí tuvo lugar parte de la vida, pasión y muerte de Jesús, y es el lugar donde su cuerpo fue enterrado, en el Santo Sepulcro. Los judíos, por su parte, veneran el Muro de los Lamentos, lugar donde se esconde la sagrada piedra del sacrificio no consumado de Isaac, hijo de Abraham, único resto en pie del mítico templo de Salomón. Por su parte, los musulmanes custodian la mezquita Al Aqsa y la Cúpula de la Roca, donde, según su tradición, se encuentra no sólo la piedra sobre la que Abraham se dispuso a sacrificar a su hijo, sino desde la que Mahoma fue elevado al cielo.

La Ciudad Vieja de Jerusalén, con la Cúpula de la Roca en primer plano y el oeste moderno al fondo, en una imagen tomada desde el Monte de los Olivos.© THOMAS COEX via Getty Images La Ciudad Vieja de Jerusalén, con la Cúpula de la Roca en primer plano y el oeste moderno al fondo, en una imagen tomada desde el Monte de los Olivos.

Dividida por la guerra

El 15 de mayo de 1948 estalló la primera guerra árabe-israelí, tras la declaración unilateral de independencia por parte de Israel y el ataque de las tropas árabes. Las batallas más violentas, que se sucedieron hasta julio de 1949, tuvieron lugar en los alrededores y en el interior de Jerusalén. Este conflicto llevó a la división de la ciudad: Jerusalén Este, bajo control árabe; y Jerusalén Oeste, en manos de Israel. El poder de la parte oriental lo tuvo Jordania hasta 1967, una zona que incluía la Ciudad Vieja y los lugares sagrados. Ese año, tras la Guerra de los Seis Días (entre el 5 y 10 de junio), el control pasó a manos de Israel. El Parlamento israelí (Knesset) aprobó una ley para brindar protección a los lugares sagrados. A través de esa medida, se garantizaba el acceso a los fieles de todas las religiones.

El conflicto en torno a esta ciudad triplemente santa se convirtió en uno de los principales focos de disputa entre israelíes y palestinos. Estos últimos, hasta el día de hoy, continúan proclamando a Jerusalén Este como capital de un futuro estado. Actualmente, Palestina es un estado observador, no miembro, en Naciones Unidas, reconocido como tal en 2012. Prácticamente salvo los países occidentales, el resto del planeta ha avalado ya su estado y el hecho de que Jerusalén Oriental ha de ser su capital.

En 1993, en el marco de los Acuerdos de Oslo, Israel y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) acordaron que el estatus de la ciudad sería discutido en etapas más avanzadas de la negociación. Una vez que se hablase de fronteras, refugiados, recursos… entonces vendría el nudo gordiano de Jerusalén.

En terreno delicado

Precisamente con ese mapa enloquecido de Jerusalén en mente, se entiende mejor la denuncia hecha por la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), que el miércoles desveló que una parte del suelo donde se ubica el aún consulado de EEUU es “tierra de nadie” ocupada por Israel, que pertenece a los palestinos de Jerusalén Este. El territorio, que la comunidad internacional considera “tierra de nadie”, está más allá de Jerusalén Oeste y de la línea de armisticio marcada en 1949, y su estatus quedó sin determinar por la comunidad internacional.

Palestine PLO-NAD

@nadplo

New map shows annexed No-Man’s Land, an integral part of occupied Palestinian territory, with location of the existing US Consulate and Diplomat Hotel, planned for US embassy in .

Según informa EFE, El área donde se ubica parte de la que será la embajada de EEUU ante Israel pasa por encima de la Línea Verde -una delimitación que divide la zona de Jerusalén Oeste de la parte oriental ocupada y que, para los palestinos, debería ser el límite de su futuro Estado, que no ha llegado a materializarse. “Este territorio fue ocupado por Israel en la Guerra de los Seis Días de 1967, y posteriormente anexionado bajo soberanía israelí”, dijo Fouad Hallak, miembro de la OLP.

Según Hallak, “pese a que la comunidad internacional consideró este territorio en 1949 como ‘tierra de nadie’, los palestinos siguieron viviendo allí, y esta área pertenece a la población de Sur Baher”, ubicada en Jerusalén Este y a poca distancia de las instalaciones de la legación. “La tierra de nadie donde se establecerá la embajada nunca fue parte de Jerusalén Oeste”, aseguró Nabil Shaath, asesor del presidente Abbas.

¿Un mediador neutral?

La Casa Blanca es un histórico aliado de Israel, desde 1948. Siempre han compartido intereses geoestratégicos en la zona y la población judía tiene, además, una enorme influencia en EEUU. Durante décadas, la postura de Washington frente a este conflicto fue similar a la de la comunidad internacional: una solución de dos Estados es la única posible y justa. Eso quiere decir que, llegados a este punto del problema, lo menos malo es que se mantenga un Estado de Israel junto con un Estado palestino, vecinos, con una coexistencia pacífica y la mayor cooperación posible.

Sobre esta hipótesis ya se trabajaba en la ONU en 1947, en una propuesta que cuajó en el llamado Plan de Partición, pero vino la guerra y todo se perdió. En 1967 se estableció la Línea Verde con el objetivo de dividir los territorios israelíes y palestinos; siempre ha sido más una línea de barricada que de paz. En 2009, con Barack Obama en la presidencia de los Estados Unidos, hasta Benjamin Netanyahu respaldó esa idea, en su histórico discurso en la Universidad de Bar Ilan. Sin embargo, la radicalización en la zona ha ido en aumento y los discursos han virado: Netanyahu cada vez es más halcón, ha tenido que apoyarse en partidos ultranacionalistas, de colonos y religiosos para seguir de primer ministro y ha acabado desistiendo de esta idea; al otro lado, seguía Hamás mandando en Gaza, lanzando constantes ataques con cohetes a suelo israelí, con réplicas israelíes extremadamente mortíferas desde entonces.

En 1995, el Congreso de los Estados Unidos adoptó una norma por la cual Washington debía enviar su delegación diplomática a la sagrada ciudad. No obstante, una cláusula permite a los presidentes postergar la mudanza por seis meses, potestad que han utilizado Bill ClintonGeorge W. BushBarack Obama y el propio Trump en su primera etapa de mandato. Todos ellos alegaban que esa postura se debía a cuestiones de seguridad nacional. Ahora, por primera vez, eso ha cambiado, afectando muy negativamente a la neutralidad de EEUU en cualquier proceso de paz que se abra.

El amigo de Israel

El presidente norteamericano llegó a la Casa Blanca en enero de 2016, tras imponerse a la demócrata Hillary Clinton. En campaña electoral, ya dejó claro que, bajo su mandato, Estados Unidos fortalecería su histórico vínculo con Israel, y deslizó la posibilidad de llevar la embajada a Jerusalén, propuesta inmediatamente aplaudida por Netanyahu y por el AIPAC (Comité de Asuntos Públicos EEUU-Israel), que cuenta con unos 100.000 miembros y cuyas donaciones a la causa del republicano -aunque no han trascendido datos oficiales- fueron elevadas, según la prensa norteamericana. Durante los primeros meses, Trump decidió posponer esa resolución, enfriando un poco el entusiasmo de Israel, pero al final dio el paso, que ahora se materializa.

El pasado martes, de paso, dio otra alegría inmensa a Netanyahu anunciando que abandona el acuerdo nuclear con Irán, un país en el que Tel Aviv ve una “amenaza existencial”. Trump ha tomado la decisión, en gran parte, para evitar que Israel pierda su poder en Oriente Medio y apoyándose en datos de la inteligencia de Israel, ni siquiera en la suya propia.

El enfado de los países musulmanes

Los vecinos árabes de Israel ven el traslado de la embajada como una provocación, porque afirma las pretensiones de Israel de mantener el status quo sobre Jerusalén, ya ocupada. EEUU da una bofetada así a algunos de sus aliados en la zona, esenciales para sus misiones internacionales o para sus agencias de inteligencia, como es el caso de Jordania o Egipto. Ambos países tienen acuerdos de paz en vigor con Israel, ambos tienen frontera con el territorio palestino y los dos se han implicado en los procesos negociadores abiertos desde 1991. Son los que más pueden presionar.

Así, pueden acabar retirando a sus embajadores como respuesta, frenando la cooperación en seguridad con Israel o guardando sus informaciones sobre yihadistas, suspendiendo temporalmente los tratados de paz (el de Jordania, de 1994; el de Egipto, de 1979)… Y existe un alto riesgo de disturbios en las dos naciones, en solidaridad con los palestinos.

Para este lunes de fiesta en Israel, los palestinos tienen precisamente convocado un día de furia y una huelga en protesta por la apertura de la embajada, movimientos que podría saltar a otros países árabes, en forma de marchas de solidaridad.