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Pasión y sexo, encuentro con el vampiro

Redacción Diario QuienOpina.com abril 25, 2018 Comentarios desactivados en Pasión y sexo, encuentro con el vampiro
Pasión y sexo, encuentro con el vampiro

Como la mayoría de los viernes, mis amigas y yo acudimos a un bar para tomarnos unas copas, divertirnos y relajarnos.

Se trata de convivir entre nosotras, por eso muy pocas veces nos damos el chance de ligar, básicamente es cuando el chico lo ‘vale’. A mí me late mucho la onda del one night stand, porque te evitas tener que volver a salir con alguien a quien conoces en un bar.
Una noche que pudo ser como cualquier otra, pasó algo que no tenía planeado. Un hombre estaba sentado solo en la barra del bar y eso llamó mi atención, aunque parecía que sólo yo lo veía. Francamente era muy atractivo, y comenzó a carcomerme la duda de por qué ninguna de las mujeres del lugar había intentado acercarse a él. Por aquellos días mi autoestima no era la mejor, así que no pasó por mi cabeza hacerlo, pues pensé que me rechazaría.
A lo largo de la noche nuestras miradas se cruzaron varias veces, pero rápidamente yo bajaba la mía, penosa de sostenerla. Mis amigas parecían tampoco darse cuenta de su existencia, ni del magnetismo que generaba en mí.
Pasada la medianoche se levantó y lo perdí de vista entre la multitud, maldije el momento en que bajé la mirada para evitar la suya. Me levanté para ir al baño, estaba bastante molesta conmigo misma cuando una mano tomó mi antebrazo, era él. Me congelé, no supe cómo actuar o qué decir. Me atrajo hacia él colocando sus labios muy cerca de mi oreja y me dijo su nombre. Juro que lo sabía, lo supe por horas, pero ahora no puedo recordarlo. En fin, quedé impactada por sus ojos, por sus labios, por lo tersa de su piel y lo encantador de sus actos de caballerosidad conmigo, parecía que para él sólo estábamos nosotros dos. Me alejó de mis amigas, y a ellas pareció no importarles. Tomamos un par de copas, platicando cosas banales, nada que indicara que quería conocerme a profundidad, me encantó hablar de tonterías, yo reía y él parecía estar fascinado con ello. Algunos minutos después lo cuestioné sobre por qué no escogía a otra chica del bar, había varias de ellas muy hermosas. Me tomó por los brazos, me miró directamente y me dijo que si quería averiguarlo tendría que pasar la noche con él. Esa frase, que en otra circunstancia pudo hacerme soltar una carcajada, me hipnotizó y accedí.
Caminamos lentamente a la mesa donde se encontraban mis amigas, tomé mi bolsa, me despedí y les dije que me iría con él; se emocionaron y me pidieron que les escribiera por la mañana para saber que me encontraba bien. Pidió al valet su auto, era como un sueño: un descapotable rojo con asientos de piel. Algo en mí se sentía con la confianza de desinhibirse, así que le pedí que me diera una pequeña vuelta por la ciudad, me quité los tacones, me senté en el respaldo y me dejé llevar por el viento. Bajé al asiento extasiada por la descarga de adrenalina de ir a toda velocidad por las avenidas. Al bajar le sonreí, me respondió con su hipnótica sonrisa e inmediatamente su mano se posó en mi rodilla, fue subiendo rápidamente hasta llegar a mi entrepierna y topar con mi ropa interior. Sobre ella comenzó a pasar sus dedos de arriba a abajo, presionando ligeramente, pero lo suficiente para prenderme más. Mi reacción fue abrir las piernas para dejarlo maniobrar, y jugar con mi cabello mientras cerraba los ojos y disfrutaba del fresco de la madrugada. Después de unos minutos se detuvo, acomodó mi falda y entramos al estacionamiento de un hotel que a primera vista parecía caro, y a segunda vista vaya que lo era. Entramos y los empleados lo saludaron como si fuera un inquilino más que un huésped, la verdad es que no me importó, solo quería acostarme con él, que me hiciera sentir la mujer más sexy de todo el mundo. Al llegar a la habitación se abalanzó sobre mí, impactando mi cuerpo contra la pared, besándome apasionadamente, pasando su lengua por mi garganta y sus frías manos recorriendo mi espalda, por debajo de mi falda. Le encantaba besarme el cuello, morder un poco, besar, succionar y morder cada vez más fuerte, no sabía por qué pero eso me resultaba bastante excitante. Ambos nos despojamos de nuestra ropa, me di cuenta que su traje era de una marca bastante cara, siguió besándome el cuello y de vez en cuando la boca mientras me cargaba a la cama y me penetraba suavemente a la orilla de ésta. Su piel era tan suave que mis manos querían recorrerla toda, mi lengua también lo deseaba, pero se conformaba con besar su cuello, mientras mis uñas se enterraban y daban un paseo por sus espalda. Sus embestidas se hacían más intensas, me tomó por la cintura para que las penetraciones fueran más profundas y más fuertes, claramente sentía cómo la punta de su miembro llegaba al fondo de mí. Estaba a punto de terminar cuando se salió, me empujó un poco hacía arriba y apoyó mis pies en la cama. Comenzó a besar mis rodillas, mientras me veía a los ojos y de vez en cuando miraba cómo me tocaba los senos, cómo con la yema de mis dedos pellizcaba levemente mis pezones. Bajó besando mis muslos, hasta que llegó a mi vulva, donde su lengua hizo pequeños círculos en mi clítoris, y un par de sus dedos se introdujeron en mi vagina. Con un ritmo lento me estimulaba cuando, nuevamente, estando por terminar, se detuvo. Subió pasando su lengua por todo mi abdomen y senos hasta llegar a mi boca y besarme. Nuevamente besó mi cuello haciéndome sentir que no sabía qué seguía, pero que lo quería averiguar.
Bajó hasta ponerse de pie nuevamente a los pies de la cama, me tomó por los muslos y con fuerza, pero sin esfuerzo, me volteó por completo. En unas milésimas de segundo sentí miedo, mucho miedo, estaba con un desconocido que parecía tener todo fríamente controlado, estaba desnuda en una posición en la que era presa fácil, eso me sentía: una presa. De repente comenzó a morder ligeramente mis pantorrillas y ese sentimiento desapareció, se tornó como un recuerdo muy
lejano o como algo que había leído en un cuento de la infancia. Subió hasta mis nalgas, igualmente las mordió y continuó su camino por mi espalda, para ese momento estaba sentado sobre mí, sin poder moverme lo único que me quedó fue entregarme al placer.
Los pequeños mordiscos de mi espalda hicieron que me excitara y me humedeciera mucho, deseaba que me penetrara, pero al mismo tiempo que no dejara de morderme. Al llegar a mi nuca las mordidas se intensificaron, sin embargo el dolor parecía un afrodisíaco estupendo. Me tomó por la cadera, me colocó en cuatro y su lengua recorrió mi vulva tan rápido que probablemente no pasó, pero así me lo hizo creer, porque claramente continuaba sintiendo sus delgados y fríos dedos tomados de mis nalgas. Me penetró y comenzó a mover su cadera, tomando mi cuerpo para que no se moviera, le agradaba mi gran trasero. Nuevamente sus manos subieron, quitaron mi cabello que quedaba en mi nuca y bajaron un poco
hasta llegar a mis senos, los cuales tomó con toda su mano y comenzó a hacer círculos mientras que a la par besaba y me hacía chupetones en el cuello. Las embestidas y los besos se hicieron más intensos hasta que no aguanté más, parecía que sabía cuando estaba a punto de terminar, pero esta vez no se detuvo y continuó penetrándome con fuerza, más rápido y más profundo. Ambos tuvimos un orgasmo intenso, tanto que él mordió mi cuello con tanta fuerza que del dolor combinado con el orgasmo, me desmayé. Me desperté y el cuarto estaba en completa oscuridad, estaba boca abajo, desnuda, cubierta con la sabana. Intenté incorporarme rápido, porque me asustó no recordar de primera lo que había pasado. Entonces vi la almohada con unas gotas de sangre y recordé lo que había sucedido.
Lo llamé por su nombre pero no había rastro de nadie en la habitación. Sacada de onda me vestí, la marca de su mordida había desaparecido, pero juro que por lo fuerte que la sentí debería estar ahí. Bajé al lobby dispuesta a preguntar por él. Los empleados me saludaron de manera muy cortés y a pesar de no ser los mismos de la madrugada parecían saber quién era yo y lo que tenían que hacer.
Muy amables me indicaron que el auto que estaba en la entrada me llevaría a donde yo le indicara.
Me subí y me sentí como una especie de Mujer Bonita. Entre más trato de recordar las cosas más olvido su nombre, lo que cada día que pasa me hace creer que se trató de un simple sueño más que de una one night stand.