Inicio Internacionales EE.UU. se olvida de Siria menos de 24 horas después del bombardeo

EE.UU. se olvida de Siria menos de 24 horas después del bombardeo

Apenas 24 horas después de haber lanzado conjuntamente con Francia y Reino Unido un total de 105 misiles contra el Centro de I+D de Barzah, a las afueras de Damasco, el depósito de armas químicas de Him Sinshar, y el centro de control de armas químicas de esa misma localidad, junto a la ciudad de Homs, Estados Unidos se olvida del bombardeo.

Donald Trump mantiene inalterada su política de limitar la implicación de Estados Unidos en Siria, y de retirar, cuando sea posible, los 2.000 soldados de tierra que mantiene en el país. Según la prensa estadounidense, el presidente quería un ataque de más envergadura, pero el secretario de Defensa, el general retirado Jim Mattis -el único alto cargo del equipo de seguridad del presidente que éste mantiene desde que llegó a la Casa Blanca- le convenció de limitar el bombardeo por miedo a provocar una confrontación con Rusia, que apoya al régimen de Bashar Asad.

El Gobierno de Damasco ha declarado que las tres bases atacadas el sábado habían sido ya evacuadas. Es algo comprensible, dado que Trump -contrariamente a lo que había prometido en la campaña electoral- anunció a bombo y platillo con días de antelación su intención de atacar en coordinación con Francia y Gran Bretaña, e incluso canceló su asistencia a la Cumbre de las Américas que comenzó, precisamente, el viernes en Lima para coordinar el bombardeo.

Así que la actualidad política de este domingo en Washington vuelve a estar centrada en las memorias del ex director del FBI, James Comey, que salen a la venta el martes y en las que éste lanza un ataque personal contra Donald Trump, y en la investigación penal contra el abogado del presidente, Michael Cohen, que mañana deberá entregar a la Justicia la lista de todos sus clientes.

El bombardeo parece haber sido una distracción en esa batalla política. Y no solo a nivel interno de EEUU sino, también, en términos de política internacional. Washington, París, y Londres no tuvieron el menor problema el sábado para frenar en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas una resolución rusa de condena por el bombardeo. De los 15 miembros del organismo, Moscú solo logró el respaldo de China y Bolivia.

En la sesión no faltaron, como suele ser habitual en estos casos, las declaraciones más o menos altisonantes, con el embajador ruso, Vassily Nebenzia, calificando el ataque de “hooliganismo, y no un hooliganismo menor”, en referencia al término que se emplea para referirse a los hinchas de fútbol británicos, famosos por su violencia, y con la representante estadounidense, Nikki Haley, afirmando que “Estados Unidos está cargado y amartillado”.

Haley ha empleado el ataque para acometer contra Barack Obama, al declarar que “cuando nuestro presidente traza una línea roja, nuestro presidente hace que se cumpla esa línea roja”. El primero en declarar que el uso de armas químicas por el Gobierno sirio sería “traspasar una línea roja” que desencadenaría un ataque fue Barack Obama en 2012. Pero el 21 de agosto de 2013 el régimen de Bashar Asad mató a 1.500 personas en Homs con esas armas, y Washington se conformó con que Damasco, a cambio de no ser atacado, destruyera 1.300 toneladas de su arsenal químico. El Gobierno sirio, sin embargo, ha continuado fabricando y usando en combate armas químicas.

La cuestión, tras el ataque, es que EEUU y sus aliados no quieren alterar el curso de la guerra en Siria. Cuando Haley volvió a repetir la declaración de que el Pentágono está “armado y amartillado” matizó que eso sólo se aplica “si el régimen sirio usa su gas venenoso de nuevo”. Es tanto como decir que la guerra puede continuar siempre y cuando no se empleen armas químicas, o que éstas no se usen de forma muy visible. De hecho, el equipo de Trump declaró que “el objetivo principal del ataque era degradar el programa de armas químicas de Siria, y creo que lo hemos logrado con éxito”.

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