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Cristiano Ronaldo nunca falla

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Dicen que la primavera la sangre altera, y desde luego que la presente semana es buen reflejo. El lunes se despidieron Fernando Torres y Fabio Capello. El martes lo hicieron en la Champions League tanto Barcelona como Manchester City. Y este miércoles la Juventus puso el corazón en un puño a todo el madridismo. Parecía que el 0-3 en Turín con aquella majestuosa chilena había puesto siete candados a la eliminatoria, pero Mandzukic se empeñó en negarlo desde el primer minuto. Literalmente. Porque fue lo que tardó en poner el 0-1 en el marcador aprovechando un fallo en defesa y una laguna en el segundo palo.

Era el gol más tempranero que encajaban los blancos en su estadio en la historia de la competición. Y aunque entonces nadie quiso acordarse de los fantasmas de Roy Makaay, lo cierto es que el partido llevó aquel mismo guión. Con un Real Madrid errático y nervioso en casi cada jugada. Dicen que un equipo juega lo que juegan sus mediocentros, y en este caso, el equipo blanco era el reflejo de lo que hacían sus centrales. Zidane apostó por Vallejo de inicio haciéndole debutar en Europa, y el central español nunca terminó de quitarse los nervios.

Al contrario, contagió a Varane y a todos los suyos mientras la Juventus olía la sangre a kilómetros de distancia. Sólida en el centro del campo, fue armándose hasta terminar la primera parte con cada jugador midiendo 30 centímetros más por lo menos. El segundo gol de Mandzukic al borde del descanso en similares circunstancias al primero bien lo valía.

Al descanso, en el ambiente del Santiago Bernabéu flotaba la sensación de que la clasificación estaba pendiendo de un hilo con el 0-2. Zidane también lo sintió. Porque hizo un doble cambio en vestuarios para revolucionar el once: Bale y Casemiro se quedaron fuera para dar entrada a Asensio y Lucas en un 4-5-1 con el que recuperar la temperatura al partido. La Champions fue la tumba del galés. Merecida, por otra parte. Las circunstancias así lo demandaban. Sin embargo, apenas cambiaron matices en el equipo. Un poco más de control, pero la Juventus nunca se quitó el disfraz del Milan de Sacchi que estaba luciendo y los locales parecían todos fuera de su sitio sobre el césped. Cada error blanco llevaba el drama a las gradas. Y a la hora de partido, se terminó por consumar: cantada de Keylor para regalarle el gol a Matuidi.

El tercer gol. Un 0-3 en sesenta minutos en el Santiago Bernabéu. Impensable, pero cierto. Vuelta a empezar, y la Vecchia Signora con la ventaja del campo. La sangre de todos, alterada definitivamente.

Sin embargo, justo en ese momento en el que a todos les tiemblan hasta las pestañas, el Real Madrid empezó a ser el Real Madrid en el último tramo del partido. Moviendo el balón de banda a banda, castigando por su flanco izquierdo con Asensio y Marcelo, cercando cada vez más el área bianconera. Así, hasta que en el descuento del descuento, el equipo blanco encontró una fuga de escape mientras la Juventus pedía la hora. Un centro de Kroos que dejó atrás Cristiano de cabeza y que acabó con Lucas arrollado dentro del área y con Buffon expulsado por reclamar el penalti al trencilla Michael Oliver. Puede ser su despedida, el Bernabéu se lo reconoció cuando se marchaba a vestuarios con una ovación de gala. Porca miseria acabar así tu carrera, sea como fuere. Cristiano Ronaldo, el que nunca falla, marcaba desde los once metros para meter a los blancos en semifinales.

 La Juventus casi ni pudo sacar de centro. Estaba fuera de la Champions habiendo muerto en la orilla después de tanto y tanto remar. El Real Madrid, rescatado por el de siempre cuando el agua le llegaba al cuello. Nunca una derrota se celebró más. Nunca un jugador fue tan decisivo e influyente en los éxitos de un equipo campeón.