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Ejército venezolano vive un terremoto interno

Venezuela vive la peor crisis militar desde los dos golpes fracasados de 1992, los que dieron fama mundial al entonces teniente coronel Hugo Chávez 

La detención de Miguel Rodríguez Torres, uno de sus oficiales favoritos del “comandante supremo” y entre los “héroes” más destacados de la “gesta chavista” del 4-F, evidencia la pulseada entre la elite madurista de las fuerzas armadas y el chavismo militar.

En el horizonte, seguirán “importantes fracturas entre el chavismo y el madurismo”, vaticina para LA NACION Rocío San Miguel, presidenta de la ONG Control Ciudadano para la Seguridad y las Fuerzas Armadas.

La misma opinión comparte otro general que estuvo en la cumbre madurista, Hebert García Plaza, hoy exiliado en Estados Unidos, que adelanta que esta detención aumentará las fisuras dentro de la revolución. La sola comparación con 2002, año del golpe fracasado contra Chávez, hace palidecer al madurismo, que ha desatado la caza y captura no solo de quiénes cree planifican conjuras, sino también de los que muestran malestar.

Para San Miguel, la situación actual es aún más compleja que en 2002, “porque el de entonces fue un golpe palaciego”.

El gobierno de Maduro se atrevió con un movimiento muy arriesgado, que demuestra que un golpe es el principal temor actual del Palacio de Miraflores. Desde la televisión pública acusaron al detenido de participar en conjuras militares solo días después de la detención de cuatro tenientes coroneles que comandan batallones y de otro grupo de oficiales, cuyo número crece cada día, por traición a la patria. Control Ciudadano no ha podido certificar todavía la detención de otro teniente coronel, Carrasquel Vargas, comandante de una unidad de fuerzas especiales.

El operativo desplegado por agentes del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), que Rodríguez Torres dirigió con mano de hierro, evidenció lo trascendente del asunto: un general de brigada carcomido por los nervios y unos agentes que no se atrevían a esposar a su antiguo jefe, quien en esos momentos participaba en un acto político en un hotel de Caracas de su Movimiento Amplio Desafío de Todos.

Este grupo de la disidencia chavista se ha alineado con la oposición, con la Iglesia y con organizaciones civiles y sindicales en el Frente Amplio Venezuela Libre. El general retirado se había planteado presentarse a las presidenciales, pero fue inhabilitado, al igual que el preso político Leopoldo López y el exgobernador Henrique Capriles.

La unidad de acción sorpendió al madurismo, ya que Rodríguez Torres participó de lleno en la represión contra las protestas de 2014. En aquellos tiempos fungía como ministro al mando de las Fuerzas de Seguridad, pero en el duelo que mantuvo con los llamados colectivos revolucionarios (paramilitares chavistas) fue destituido por Maduro.

Las fuerzas armadas viven hoy un terremoto interno entre persecuciones, ruido de sables y el hambre de la tropa. Al frente se sitúa una cúpula leal a Maduro, comandada por el general Padrino López, quien también dirige la importación y distribución de alimentos y productos básicos. Venezuela cuenta con casi 2.000 generales, frente a los 900 de EEUU.

Una cúpula sin fisuras, mimada con los mejores cargos y los presupuestos más importantes en medio de la hecatombe económica y social. Diferencias que sí aparecen entre los oficiales cercanos a una tropa que sufre el impacto de la crisis. Según los datos de Control Ciudadano, más de 1000 soldados han solicitado la baja del ejército.

En otra decisión muy criticada, el gobierno decretó la degradación y expulsión de una veintena de militares, incluidos García Plaza y el general Raúl Isaías Baduel. En las últimas horas se filtró una imagen del exministro de Defensa. “Está encerrado en una celda de 2×3, con aire y luz artificial las 24 horas. Desayuna una arepa frita, almuerza y cena un plato de pasta sin salsa”, explicó su hijo Adolfo.