Inicio Internacionales Notas desde el infierno de Kasai, la gran crisis ignorada del Congo

Notas desde el infierno de Kasai, la gran crisis ignorada del Congo

Al caminar por Tshikapa, la capital de la provincia de Kasai, no se perciben señales evidentes de las decenas de miles de personas que allí han encontrado refugio. No hay grandes campos de acogida; en su lugar, los desplazados han encontrado cobijo en casas de familiares, iglesias o habitaciones alquiladas. Pero esta relativa normalidad es engañosa, ya que la región está inmersa en una gran crisis que ha sido ignorada.

Hasta hace poco más de un año, la región de Kasai era un lugar pacífico en medio de un país propenso a la inestabilidad. En agosto de 2016, estalló la violencia. Sus repercusiones aún se sienten. Ha habido una alta prevalencia de desnutrición infantil y agresiones sexuales contra las mujeres, entre otros episodios. Los enfrentamientos han dejado además una sociedad fragmentada con numerosas necesidades médicas y humanitarias que no están pudiendo ser atendidas, pues el sistema de salud ha perdido gran parte de su funcionalidad.

Después de huir de sus hogares, muchas familias se escondieron con sus hijos en el bosquepara salvarse de los ataques de los grupos armados. Estuvieron expuestos a enfermedades como la malaria y con muy poco para comer.

En Tshikapa, los servicios están saturados y los precios de los alimentos han aumentado mucho. Nuestros equipos han visto muchos niños con marasmo -una forma de desnutrición severa- en esa ciudad y también en áreas rurales. En los centros de alimentación terapéutica apoyados por MSF, las familias desplazadas llegan regularmente con sus hijos, a veces con la esperanza de obtener algo para llenar sus estómagos después de varios días sin comer.

Aunque la violencia parece haber menguado, el regreso a la vida normal es lento y complicado. En los lugares donde las actividades económicas eran más diversas e incluían agricultura, las personas se las arreglan mejor. Pero donde la única actividad era la minería, que en muchos casos se interrumpió, ha sido complicado conseguir comida suficiente. En estos lugares, hemos encontrado una mayor prevalencia de desnutrición infantil, incluidos casos de kwashiorkor, una enfermedad en la que los niños desarrollan edemas debido a la carencia de ciertos nutrientes.

Las secuelas de una violación

 Los mecanismos de defensa psicológica de las personas que han huido de sus hogares en Kasai se han visto afectados al vivir en un estado de miedo permanente después de todo lo que ha sucedido. Recientemente hemos atendido a varias víctimas de violencia sexual que acudieron a recibir tratamiento meses después, en embarazo o cuando ya habían desarrollado alguna enfermedad de transmisión sexual.

Siempre insistimos en la urgencia médica de los primeros tres días después de una agresión de este tipo. No obstante, el tratamiento debe ir mucho más allá. Las familias a menudo ocultan el hecho de la violación debido a la estigmatización que supone aquí. Así que es importante tratar de evitar que las supervivientes sean doblemente castigadas al ser rechazadas también por la sociedad. No hay que olvidar que estos episodios a veces implican violaciones colectivas, torturas y otras situaciones horribles.

El pequeño Makila, de 7 años, que recibió dos disparos en el brazo y en el pie, espera frente al hospital de Tshikapa donde recibe tratamiento. (Marta Soszynska/MSF)© Proporcionado por El Confidencial El pequeño Makila, de 7 años, que recibió dos disparos en el brazo y en el pie, espera frente al hospital de Tshikapa donde recibe tratamiento. (Marta Soszynska/MSF)

Una niña de 13 años llegó al hospital acompañada de su madre. Cuando huían, su padre fue detenido por cinco milicianos y decapitado frente a ella y su madre. La niña fue violada por al menos tres de los hombres, que la dieron por muerta. Sin embargo, sobrevivió, y pudo escapar con su madre y llegar a Tshikapa. Asustada de que pudiera estar embarazada, y traumatizada por sus experiencias, llegó al hospital. El test de embarazo fue negativo, pero el de VIH/sida fue positivo.

Una madre y su hijo esperan para un reconocimiento sobre malnutrición en el centro de salud de Mayi Munene. (Foto: Marta Soszynska/MSF)© Externa Una madre y su hijo esperan para un reconocimiento sobre malnutrición en el centro de salud de Mayi Munene. (Foto: Marta Soszynska/MSF)

La violencia ha dejado un sistema de salud hecho trizas. Y ya era frágil antes de esta crisis. La mitad de los centros de salud que hemos visitado en las áreas rurales han sido saqueados, quemados o destruidos. Algunos trabajadores sanitarios han regresado al trabajo, pero no hay medicamentos ni materiales suficientes, y hay escasez de profesionales capacitados. Queda mucho por hacer.

Los equipos médicos móviles de MSF viajan a pueblos y aldeas de la provincia de Kasai para tratar a personas que necesitan atención médica, en particular niños desnutridos, y reabastecer a los centros de salud locales con medicamentos y materiales. MSF también apoya tres centros de salud y un hospital en la ciudad de Tshikapa. Entre junio y septiembre de 2017, los equipos de MSF en la provincia de Kasai realizaron más de 5.000 consultas pediátricas, más de 200 cirugías y han tratado a 155 personas por lesiones relacionadas con la violencia y a 30 víctimas de violencia sexual. Además, casi 1.000 niños menores de cinco años fueron tratados por desnutrición severa. En la provincia de Kasai central, MSF ha estado apoyando al Hospital Provincial de Kananga desde abril de 2017 y también ha establecido un servicio de asistencia a víctimas de violencia sexual en junio.

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