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Submarino Argentino, dos meses en el fondo del mar

En el fondo del Atlántico hay un inmenso féretro de hierro con 44 muertos en su interior. En tierra, los vivos siguen esperando. Las respuestas de lo que pasó con el submarino argentino Ara San Juan no llegan o llegan a medias, enredadas entre un entramado de escritorios y funcionarios.

La espera de las familias completa 2 meses. A los 15 días de que el  submarino desapareciera de los radares, el gobierno argentino dio por muertos a los tripulantes y terminó la búsqueda. Empezó otra batalla: ahora había que sacar la verdad a flote, no del fondo del mar, sino de las profundidades de un estado casi tan impenetrable como el lecho marino.

Cronología de una tragedia

Pasadas las 7 de la mañana del martes 15 de noviembre del 2017 se recibió la última comunicación del ARA San Juan. Había partido del Puerto Ushuaia con destino a la Base de Mar del Plata.  El radar mostró que el submarino estaba a 432 millas náuticas al sudeste de la Península de Valdés.

Y de pronto, sin una causa aparente, la potente nave desapareció sin dejar rastro. Que hubo una explosión, dicen; que un fallo en las baterías, o que incluso pudo haber un ataque. Literalmente se evaporó, en todo caso, sin que se supiera a ciencia cierta qué pasó. 3 meses y sigue sin saberse.

Empieza la búsqueda. Dos días después la armada sacó un comunicado. La prensa ya no hablaba de más. Y ante la imposibilidad de los efectivos argentinos para dar con los marinos perdidos, se lanzó un llamado internacional que atendieron los rusos, los estadounidenses, los británicos, los alemanes, franceses, españoles, italianos, noruegos, chilenos, peruanos, ecuatorianos, y como no: los colombianos, que enviaron un avión CN-235, especialista en patrullaje marítimo.

 El 18 de noviembre ya habían realizado un barrido de toda la zona en la que podría estar el submarino. El desfile los expertos internacionales, con toda su parafernalia, ya era una constante en pistas de aterrizaje y embarcaderos argentinos.

El 19 ya había un equipo bastante grande.

El 20 salió a la luz la teoría de que pudo haber un fallo eléctrico. “El día miércoles se informó este principio de avería, por eso se cambió la derrota (la ruta del buque) y se lo pone rumbo a Mar del Plata”, explicó el vocero de la Armada argentina.

Ese mismo día se detectaron ruidos a 350 kilómetros de la costa. Aparentemente venían del submarino. Revivió la esperanza. “Se analizó la firma acústica y no corresponde a un submarino. No corresponde a un patrón de lo que sería golpes de casco en sistema morse. Es un ruido continuo, constante que podría ser un ruido biológico”, explicó el portavoz.

El 22 se vieron unas véngalas cerca de la Península de Valdés. De inmediato se descartó que pudieran ser del submarino.

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El jueves 23 se reveló un comunicado que hablaba de una “anomalía acústica” que había generado una “evento anómalo singular corto violento y no nuclear consistente con una explosión”.

Los días que siguieron, 24, 25. 26, 27 y 28 se fueron quemando entre la zozobra y la angustia. No se sabía nada. Cada minuto que pasaba se perdían más las esperanzas: las previsiones, la energía y sobre todo el oxígeno al interior de la nave eran cada vez menos.

30 de noviembre: la Armada argentina y el Ministerio de defensa decretan oficialmente el fin de los operativos de búsqueda y rescate.

¿Y qué pasó después?

Las familias siguen esperando. Se han quedado en la Base naval de Mar del Plata. La Armada les garantizan un sitio para estar pero no la comida. Es una vigilia constante. A estas alturas hay sólo dos barcos buscando el submarino. El lunes 17 de enero del 2018, los familiares esperaban que el gobierno de Mauricio Macri enviara dos buques más.

No queda sino eso de las 30 embarcaciones y 18 aviones que llevaron a cabo la primera parte del operativo.

Al par de barcos se le han sumado los humildes esfuerzos de una vidente que, carta de navegación en mano, señaló el punto en el que podría estar la nave. En medio de la desesperación, y sin otras posibilidades, las familias le creyeron. Llamó la atención que un chaman mexicano, sin tener contacto con su par argentina, dio el mismo lugar. La armada ha barrido el lugar varias veces sin resultados.

“Lo estoy ubicando en la zona más al norte del supuesto punto de explosión. Vi la posición del submarino, de trompa a la costa desde el día 18, y tiene un golpe en la popa. Me da mucha impotencia que no lo encuentren, sabiendo que están ahí y que, hasta el momento estaban todos vivos. El oxígeno se estaba terminando pero están cerca de Mar del Plata, como le dije a los comandantes en Puerto Belgrano, están buscando en el fondo del patio cuando lo tienen en la puerta”, le contó la vidente a El País.

Ahora todo se reduce a remotas posibilidades. Un milagro, quizás: no hay más opciones. “Yo soy católica, creo en los milagros y pienso en los mineros de Chile y en los sobrevivientes de la tragedia de los Andes”, dijo la familiar de uno de los marinos. “Todo puede pasar y la única persona que lo sabe es Dios. No creo en los videntes y personalmente no creo en esa versión”.