Inicio Internacionales El nuevo ejército chino que todos temen

El nuevo ejército chino que todos temen

En un campo de entrenamiento del norte de China, las fuerzas terrestres del ejército nacional, acompañadas por vehículos de asalto y helicópteros, ejecutan un ejercicio simulando encontrase bajo fuego real. A miles de kilómetros, la Armada realiza prácticas con vehículos anfibios en aguas próximas a uno de los puertos meridionales del país. En una tercera ubicación, jets chinos emulan combates aéreos y ataques contra objetivos terrestres.

Con este peculiar ‘ballet’ bélico coordinado alrededor del país, que también incluyó actuaciones de brigadas de artillería y distintas fuerzas policiales, China dio inicio a un conjunto de entrenamientos militares el pasado 3 de enero, recogía el rotativo estatal ‘China Daily’. “Los oficiales y soldados del ejército chino deben […] mantener el espíritu de lucha, sin temer las dificultades ni la muerte”, aseguró el presidente chino, Xi Jinping, delante de más de 7.000 soldados y 300 piezas de equipamiento militar, poco antes del inicio de las maniobras. Xi, que como presidente de la Comisión Militar Central también es el máximo responsable del Ejército de Liberación Popular (ELP), dejó claro a sus tropas que desea un ejército “siempre listo para la batalla, capaz de combatir y seguro de su victoria”.

A la vez que China expande su influencia global, la cúpula gobernante ha impulsado una transformación sin precedentes del ELP, con la intención de contar con fuerzas capaces de proteger los intereses chinos alrededor del planeta. Sin embargo, la modernización también ha aumentado la preocupación entre los países de la región, con quienes China mantiene abiertos numerosos conflictos territoriales.

“China debe asegurase de que, a la vez que se convierte en una potencia global, las fuerzas militares pueden desarrollar sus tareas sin sufrir ninguna derrota embarazosa”, explica Timothy Heath, analista de defensa internacional en el centro de investigación Rand, respaldado por las Fuerzas Armadas y el Gobierno de Estados Unidos.

Con el fin de mejorar su capacidad de reacción, el ELP ha realizado 45 ejercicios militares al año por tierra, mar y aire durante los dos últimos años, según datos del ‘South China Morning Post’. “China no puede copiar a Estados Unidos mejorando su capacidad a través de combates reales en el extranjero, ya que nuestra política de defensa es defensiva, no ofensiva. Por lo tanto, las maniobras militares son muy importantes”, explicaba Xu Guangyu, exvicepresidente del Instituto de Defensa de China, un centro de investigación militar del país, en el diario estatal ‘Global Times’.

El Gobierno también ha intentado frenar la corrupción endémica en las filas del ejército, y más de 13.000 oficiales, incluidos más de 100 generales, han sido investigados y disciplinados desde 2012. A su vez, se ha emprendido un ambicioso plan de reforma de las fuerzas armadas, y en julio se anunció que se reducirá drásticamente el número de tropas del sobredimensionado ejército terrestre. La medida permitirá aumentar los efectivos destinados a secciones militares consideradas de mayor importancia en la guerra moderna, como la Armada y las Fuerzas de Apoyo Estratégico, responsables de la comunicación y la guerra cibernética, recogía el diario estatal ‘Global Times’.

“Una lección que China ha aprendido de las grandes potencias militares es que, para disuadir cualquier agresión externadebes parecer preparado”, explica Tong Zhao, experto en política exterior china del Centro de Política Global Carnegie-Tsinghua, en Pekín.

Además de maniobras militares domésticas e internacionales, China también se ha beneficiado de su participación en misiones de paz para mejorar la eficacia de sus tropas fuera del país, asegura Tong. Según el periódico estatal ‘China Daily’, en 2017 Pekín había aportado 2.5000 soldados a las misiones de paz de la ONU, desplegados en países como Sudan del Sur, Mali o la República del Congo. Dos años antes, el gigante asiático llegó a aportar 8.000 tropas a Naciones Unidas, una quinta parte del total de contingentes de cascos azules.

El ELP es hoy una fuerza mucho más preparada que hace cinco años, cuando Xi asumió el poder: menos corrupto, con tropas que cuentan con armamento capaz de luchar en guerras informatizadas y participan en entrenamientos intensivos”, explica Zi Yang, analista de la política de defensa china de la Escuela de Estudios Internacionales S. Rajaratnam, en Singapur.

Cooperación y evacuaciones en el extranjero

Uno de los principales intereses de China es blindar sus activos en los países que participan en la iniciativa ‘una franja y una ruta’, un ambicioso plan del ejecutivo comunista para impulsar la construcción de infraestructuras en más de 60 países distintos, emulando la antigua Ruta de la Seda. El proyecto espera estimular el comercio entre África, Europa y Asia, y cuenta con el apoyo de un fondo de inversión de más de 30.000 millones de euros y un banco de inversión internacional con 70 países miembros.

El impulso se ha traducido en una mayor cooperación militar con naciones próximas, y los expertos esperan que el gigante asiático siga incrementando su presencia militar en países en vías de desarrollo. China, por ejemplo, formó hace años la Organización de Cooperación de Shanghái, centrado en la lucha antiterrorista en Asia Central, y ha expandido su cooperación militar con países como Pakistán y Afganistán, donde financiará una base contra el terrorismo, según recogía ‘The Hindu’.

Pero el secuestro el pasado diciembre de un trabajador chino que participaba en la construcción de una central hidroeléctrica en Pakistán, recogido por el ‘South China Morning Post’, ha puesto de manifiesto los obstáculos que China puede encontrar en algunos de estos territorios.

“Las operaciones militares pueden incrementar el temor hacia China en los países en vías de desarrollo, así que las compañías privadas jugarán un papel clave en la defensa de sus intereses. En un futuro inmediato, el ELP se centrará en evacuaciones en zonas de conflicto y la protección de rutas marítimas”, comenta Yang.

China ha ampliado durante los últimos años su capacidad en alta mar, clave para garantizar el suministro de recursos a través del Océano Índico. El país cuenta actualmente con un portaaviones, el Liaoning, y se prevé que un segundo modelo, desarrollado completamente en China, este operativo en 2020, según recogía la BBC.

Además, el gigante asiático abrió su primera base naval en el extranjero, en Yibuti, el verano pasado, para contar con una mayor capacidad de reacción en la convulsa zona del Cuerno de África y el resto de África, y ampliar su participación en operaciones contra la piratería. En 2015, una fragata china evacuó con éxito a 800 extranjeros, incluidos casi 600 chinos, en Yemen, atrapados en la guerra civil del país.

Heath prevé que la presencia naval de China siga aumentando en la región, e incluso que el país inaugure nuevas bases “de suministro militar” en países como Sri Lanka o Pakistán. El pasado diciembre, Colombo tuvo que ceder el control del principal puerto del sur de Sri Lanka a una compañía del gigante asiático, después de no poder pagar una deuda de más de cerca de 6.500 millones de euros a distintas firmas china, recogía ‘The New York Times’. Japón, India y Estados Unidos expresaron su preocupación ante el posible establecimiento de una nueva base militar en la zona.

Soldados del Ejército chino durante una ceremonia en una base naval en Hong Kong. (Reuters)© Proporcionado por El Confidencial Soldados del Ejército chino durante una ceremonia en una base naval en Hong Kong. (Reuters)

Posible carrera armamentística

Por otra parte, los estados que mantienen disputas territoriales abiertas con China observan con temor como aumenta la capacidad militar china y su influencia en el exterior, y buscan coordinar sus esfuerzos para contener el ascenso militar chino. Durante el último año, por ejemplo, India ha anunciado que aumentará la cooperación militar con Australia y Japón.

Nueva Delhi y Pekín protagonizaron un tenso enfrentamiento militar en el disputado altiplano de Doklam, en los Himalayas, el verano pasado. El episodio finalizó con la supuesta retirada de ambos ejércitos en la región, pero los rotativos indios han informado del establecimiento de hasta 1.800 soldados chinos en la parte norte del territorio durante este invierno.

“Algunos opinan que ya está empezando una nueva carrera armamentística en la región, con India, por ejemplo, intentando alcanzar a China en tecnología armamentística avanzada”, dice Yang. Otros países han tomado decisiones similares: Taiwán, considerada una región rebelde por Pekín, anunció que aumentará su gasto militar en un 50% en 2018, mientras que Japón, que mantiene abierto un conflicto con China por las islas Diaoyu/Senkaku, invertirá una cifra récord en defensa este año.

Timothy Heath, del instituto Rand, advierte que pueden producirse “errores que lleven a un conflicto”, pero descarta que China decida solventar ninguna de sus disputas territoriales usando la fuerza. “La influencia diplomática y económica de China está aumentando, no tiene porque arriesgarse a lanzar un ataque”, argumenta.

Los líderes chinos siguen insistiendo que el desarrollo chino será, en todo momento, pacífico. Desde Pekín, Tong Zhao admite que Pekín “se reserva la opción” de resolver los conflictos territoriales usando la fuerza, ya que los gobernantes chinos consideran esos territorios como parte inherente del país. “La ironía es que China, que siempre se ha visto como un país maltratado por otras potencias […], no puede entender ahora por qué otros países se sientan amenazados por ella, pese a estar desarrollando sus capacidades militares”, comenta.