Diario QuienOpina.Com – Las “Niñas Novias” de EE.UU, bodas infantiles legales

Las “Niñas Novias” de EE.UU, bodas infantiles legales

bruce noviembre 13, 2017 Comentarios desactivados en Las “Niñas Novias” de EE.UU, bodas infantiles legales
Las “Niñas Novias” de EE.UU, bodas infantiles legales

Más de 200.000 menores de 18 años se han casado entre el 2000 y el 2015 en EEUU. La mayoría, niñas de alrededor de 16 años con hombres mucho mayores. Pero también, en algunos casos, niñas de hasta 12 años. Excepciones a la ley de mayoría de edad que nadie parece dispuesto a anular permiten que esto siga sucediendo.

Sara Tasneem tenía 15 años. Sus padres estaban divorciados y ella pasaba el verano con su padre, en las afueras de San Francisco. Era el año 1996. En una ceremonia del pequeño círculo religioso al que su padre pertenecía, le presentaron a un señor de 28 años. Esa misma noche les casaron. Y esa misma noche pasó a ser propiedad de este hombre, originario de un país de habla francesa que ella no quiere desvelar, que se la llevó a su país de origen, donde se quedó embarazada, y la trajo de vuelta a EEUU para casarse legalmente (la ceremonia religiosa se había celebrado el mismo día que se conocieron), unos meses antes de dar a luz, en una pequeña capilla rural de Reno, Nevada.

El caso de Sara puede parecer extremo, una excepción aberrante en un país cuyas leyes protegen a los menores de edad hasta el extremo de no dejarles votar, firmar contratos, o trabajar (con excepciones) hasta los 18 años, y beber alcohol hasta los 21. Oficialmente, esta es la misma edad a la que uno puede casarse. Sin embargo, con leyes que varían de estado en estado y de condado en condado, una serie de excepciones por motivos culturales o religiosos (o, incluso, en caso de embarazos adolescentes), permiten que se celebren estos matrimonios.

Freidy Reiss, activista de Unchained at last, los ha contado. De los estados que guardan datos sobre la edad de los contrayentes (38), ha contabilizado unos 167.000 matrimonios de menores de edad en los 10 años que investigó, de 2000 a 2010. Extrapolando estos datos a los otros 12 estados que no apuntan la edad de los contrayentes, el cálculo podría ascender a 248.000. Al menos 27 estados ni siquiera especifican lo joven que puede ser un niño o niña para acogerse a estas excepciones: hay casos de matrimonios de niñas de 11 años, como el de Sherry Johnson, en Florida (donde no hay un mínimo de edad para poder casarse), obligada por sus padres a casarse con su violador. Y no se trata de costumbres que se circunscriban a determinados grupos étnicos o religiosos: en la ONG han encontrado menores pertenecientes a familias cristianas, judías, musulmanas y seculares.

“Tradiciones ancestrales; padres que vienen de culturas donde los matrimonios son arreglados, que ven en el matrimonio una manera de que sus hijas estén, paradójicamente, protegidas. Y también hay ocasiones en que se hace para conseguir una visa a un familiar, o a alguien que está dispuesto a pagar por ella”, explica a El Confidencial Reiss. En el caso de Sara, su marido consiguió la tarjeta de residente a través de su matrimonio con ella, nacida en EEUU y ciudadana americana; y ella está convencida de que pagó dinero a la congregación religiosa a la que pertenecían para que le consiguieran “una virgen”.

Edad para casarse, pero no para el sexo

“Mantener estas excepciones es anacrónico. El país ha evolucionado, y se han ido aprobando otras leyes y nos hemos ido modernizando. Pero sin embargo, estas excepciones siguen sin tocarse. Nadie quiere ser el primero en prohibir el matrimonio infantil completamente. Es absurdo”, explica Reiss, ella misma víctima de un matrimonio arreglado por su madre en el seno de una comunidad judía ultraortodoxa cuando tenía 19 años. Tras tener a sus dos hijas y conseguir un divorcio, Reiss ha emergido como la activista número uno en esta cuestión.

“La gente no tiene ni idea de que estas cosas pasan aquí, en EEUU. El propio Departamento de Estado describe el matrimonio infantil como una violación de derechos humanos. La “Agencia de Empoderamiento de Adolescentes”, dependiente del Departamento de Estado, se puso en marcha el año pasado busca terminar con el matrimonio infantil en países de todo el mundo. Malawi acaba de prohibir el matrimonio infantil. Sin excepciones. ¿Por qué no podemos hacer lo mismo?”, se lamenta.

Conformada por comunidades de inmigrantes de los más dispares rincones del mundo, la sociedad estadounidense está más que acostumbrada a equilibrar una delicada balanza entre las leyes oficiales, los derechos y obligaciones establecidos por las instituciones laicas del país, y la idiosincrasia de cada grupo étnico. Sin embargo, este equilibrio parece haberse quedado anclado en el pasado en el caso del matrimonio infantil. Por ejemplo: las leyes establecen, a nivel federal, que cualquier menor de 18 años que tenga relaciones sexuales con una persona mayor de edad está siendo “legalmente” violado. Hasta los 18, nadie puede dar su consentimiento a mantener relaciones sexuales. “Cuando una niña de 16 años aparece en el juzgado embarazada, para casarse con un hombre que le dobla la edad, está claro que se trata de una violación, aunque sea desde el punto legal (‘statutory rape’, se llama el delito en inglés, aunque la menor no haya sido forzada)”, argumenta Reiss. “¿Cómo es posible que ese juez permita el matrimonio y no denuncie inmediatamente la comisión de un delito?”.

En algunos estados, incluso, el embarazo es precisamente una de las excepciones que permite el matrimonio a una menor de edad. “Como si el hecho de casarse mejorase en alguna medida el hecho de que se haya quedado embarazada siendo adolescente: lo hará peor. Son vestigios de una manera de pensar patriarcal, de unos legisladores que son todavía en su mayoría hombres y con ideas muy anticuadas. No es una cuestión partidista, de republicanos o demócratas”, sentencia Reiss.

Los menores que se ven metidos en estas situaciones no lo tienen nada fácil para defenderse. En la mayoría de los casos, lo hacen obedeciendo a sus padres. Muchas veces, no se plantean siquiera que pudieran decir que no. Es lo que le pasó a Sara. “Me vi completamente superada por la situación. Era lo que mi padre decía que había que hacer. Era lo que todo el círculo de personas que me rodeaba me decía que debía hacer. Era una niña… no podía hablar con mi madre, me obligaron a mentirle por teléfono”. Acordándose de aquellos momentos, en una entrevista telefónica con El Confidencial, Sara todavía llora. Y se pregunta quién más la podría haber ayudado.

“¿Por qué mis profesores no fueron a preguntarle a mi madre que dónde estaba yo, que por qué no había vuelto a la escuela? ¿Por qué el juez que nos casó no se dio cuenta de que yo tenía solo 16 años, estaba embarazada, y traía solo un permiso para casarme firmado solo por mi padre? ¿Por qué los funcionarios de la aduana que revisaron mi pasaporte cuando mi ex marido me sacó del país no vieron que era menor de edad y viajaba con alguien que no era mi familia?”. Cuando su ex marido la sacó del país, solamente se había celebrado una ceremonia religiosa. Se pregunta, también, por último “¿Por qué la doctora que me trató el embarazo no me preguntó nunca como me sentía, si estaba bien? Creo que a ella le hubiera podido contar lo que me pasaba. Era el único momento en que me dejaban sola”.

Una novia en Las Vegas, en febrero de 2012. (Reuters)© Proporcionado por El Confidencial Una novia en Las Vegas, en febrero de 2012. (Reuters)

Florida puede ser el estado pionero

Pero lo cierto es que más allá de responsabilidades éticas o personales, sin una ley contundente que prohíba todo tipo de excepciones es una situación contra la que es prácticamente imposible luchar. Incluso cuando los menores se resisten o quieren encontrar ayuda, no es fácil ayudarles. “Los menores de edad no tienen posibilidad de contratar a un abogado, porque no pueden firmar un contrato, ni tienen el dinero necesario para pagarlo. Tampoco les podemos ayudar a venir a un refugio, porque legalmente estamos incurriendo en “secuestro de un menor”. No tienen ningún derecho como individuos adultos, siguen “perteneciendo” legalmente a su padres y necesitando su autorización para todo. y sin embargo, se les permite firmar un contrato de por vida con consecuencias drásticas para todo su futuro como es el del matrimonio”, argumenta Reiss.

No hace falta leer las estadísticas para entender que casarse a los 16 años no es una buena idea, incluso, o todavía menos, en el caso de que haya un embarazo de por medio. Según estadísticas que maneja Reiss, hay un 85-90% de probabilidades de que la unión termine en divorcio. Las mujeres que se casan antes de la mayoría de edad tienen un riesgo del 23% más alto de tener enfermedades cardiovasculares o diabetes, y también aumenta su riesgo de desarrollar enfermedades mentales como depresión y ansiedad. Hay 50% menos probabilidad de que terminen sus estudios de secundaria, muchas menos probabilidades de que puedan ir a la universidad.

“Una persona que contrae matrimonio antes de los 18 años está reduciendo sus perspectivas de futuro y su posibilidad de alcanzar su potencial en todos los ámbitos. Hay un 31% más de probabilidades de acabar viviendo por debajo del umbral de pobreza”, explica Reis. “Y además, está mucho más desprotegida legalmente que cualquier adulto. Ni siquiera los refugios para mujeres víctimas de violencia doméstica acogen a nadie menor de edad”, explica Reiss, y recuerda que las personas casadas antes de alcanzar al mayoría de edad tiene 3 veces más riesgo de estar en una relación abusiva con su pareja.

“Tengo 36 años. Me he pasado los 15 últimos saliendo de la situación en la que me metieron cuando tenía 15 años. Mi matrimonio duró 7 años. Después me quedé sola, con 23 años, sin estudios y con dos hijos pequeños, por los que además tuve que pelear judicialmente. Ahora, por primera vez en mi vida, siento que estoy saliendo de ese agujero, que por fin puedo vivir como yo hubiera elegido desde el principio”, explica Sara que tiene hoy 36 años, un trabajo a tiempo completo, dos hijos adolescentes y estudia en la universidad, además de dedicarse en su tiempo libre a ayudar a ONGs como Unchained at last en hacer visible la situación de miles de niñas y niños americanos. “Sé que lo que me pasó a mí le está pasando ahora mismo a alguien, y me siento impotente al no poder hacer nada más por evitarlo”.

Reiss concentra ahora sus fuerzas y esperanzas en Florida, un estado que podría, pronto, aprobar una ley más rotunda y deshacerse de las excepciones. “No entiendo para qué existen la excepciones. No hay un solo ejemplo, una sola situación en el mundo que me convenza de que casarse antes de ser mayor de edad es beneficioso. Lo que necesitamos es una primera victoria. Un estado que acabe con las excepciones. Creo que entonces será más fácil, como en una reacción en cadena, que los demás lo hagan también”.