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Trump y Corea del Norte, ¿Una Guerra inminente?

bruce octubre 25, 2017 Comentarios desactivados en Trump y Corea del Norte, ¿Una Guerra inminente?
Trump y Corea del Norte, ¿Una Guerra inminente?

Las élites de Washington siempre han considerado la guerra con Corea del Norte como casi impensable. Sin embargo, oscurecida por los salvajes giros y la cacofonía diaria de la presidencia de Donald Trump, la creencia popular está cambiando.

Mientras el presidente Trump suena los tambores de guerra en Twitter y critica al “Hombre Cohete” Kim Jong Un, también hay un tono de endurecimiento perceptible entre los altos funcionarios. La acción militar para detener el avance de Corea del Norte hacia un misil con una cabeza nuclear que pueda impactar en el territorio continental de Estados Unidos parece ser una posibilidad creciente.

Trump elevó la retórica un poco más en una entrevista con Fox Business Network emitida el domingo, en la que dijo que Washington estaba “tan preparado que no lo creerías” para cualquier contingencia con Pyongyang.

“Te sorprendería ver cuán preparados estamos si es necesario”, dijo Trump. “¿Sería bueno no hacer eso? La respuesta es sí. ¿Eso sucederá? Quién sabe, quién sabe”.

El poder de impacto de Trump se ha visto erosionado por el extraordinario espectáculo de sus nueve meses como presidente.

Sin embargo, sigue siendo impresionante escuchar a un presidente estadounidense hablar tan abiertamente sobre la posibilidad de una guerra, que podría, en algunos escenarios, causar una mayor devastación que cualquier otro conflicto de Estados Unidos, al menos desde la Guerra de Vietnam.

No hay señales inmediatas de que el gobierno se esté preparando para una acción militar, por ejemplo, mediante la evacuación de familias de militares estadounidenses en Corea del Sur, o con la acumulación de tropas o material.

Sin embargo, también es posible que el endurecimiento de la retórica del gobierno y la estrecha ventana para que la diplomacia funcione representa un momento significativo en la evolución de una crisis que podría finalmente definir la presidencia de Trump.

El potencial costo humanitario, militar y diplomático de una guerra con el solitario Estado dinástico ha sido citado durante mucho tiempo como la razón por la que nunca debería suceder. Las advertencias sobre los miles de cohetes y proyectiles de artillería provenientes del Norte que podrían llover sobre Seúl y amenazar a millones de personas, reflejan la realidad de que la próspera y democrática Corea del Sur es una nación rehén de su geografía, de su impredecible hermano del norte y de cualquier decisión de su aliado, Estados Unidos, de lanzar un ataque preventivo.

Otras consideraciones, incluida la perspectiva de un colapso del Estado de Corea del Norte y una crisis masiva de refugiados, sin mencionar una peligrosa escalada de las tensiones entre Estados Unidos y China, también han significado que la perspectiva de una guerra con Pyongyang siga siendo en gran medida una propuesta teórica durante medio siglo.

Pero Trump causó un aumento de la ansiedad regional cuando advirtió que Estados Unidos podría hacer llover “fuego y furia” sobre Corea del Norte en agosto y luego dijo que las fuerzas militares estadounidenses estaban “cargadas y con seguro”.

Por un lado, la retórica más severa de Washington puede atribuirse a las apuestas crecientes de un enfrentamiento. Los lanzamientos de misiles balísticos de Corea del Norte y la prueba nuclear de este año significan que Trump será el presidente que enfrente el dilema que sus predecesores temían desde hace mucho tiempo: ¿qué hacer con un dictador impredecible, con el poder de atacar el territorio continental estadounidense con un misil balístico de punta nuclear de largo alcance.

‘Bueno, esperemos que la diplomacia funcione’

Existe una creciente preocupación, expresada discretamente en conversaciones privadas en Washington entre expertos en política exterior, miembros del Congreso y antiguos funcionarios de seguridad nacional, de que la guerra se esté volviendo cada vez más posible.

Muchas personas bien ubicadas comienzan a preguntarse si existe una salida.

Altos funcionarios, que han hablado en las últimas semanas, han hablado de manera más directa y pública sobre la posibilidad de un conflicto en modos que suscitan dudas sobre el enfoque de la gobierno.

El domingo pasado en State of the Union de CNN, el Secretario de Estado Rex Tillerson prometió mantener la diplomacia hasta que “la primera bomba caiga”.

Sus comentarios podrían interpretarse como la disposición a nunca abandonar la diplomacia, a pesar de que Trump le dijo en un tuit reciente que estaba “perdiendo el tiempo”.

O bien, Tillerson podría estar buscando ampliar su influencia con una amenaza creíble de fuerza: la percepción de que Estados Unidos nunca podría usar la fuerza en la península coreana claramente erosiona la fortaleza de su posición diplomática.

Pero sus comentarios también podrían tener una interpretación más oscura.

La semana pasada, el director de la CIA, Mike Pompeo, advirtió que Estados Unidos debería comportarse como si Corea del Norte estuviera cerca del “paso final” de poner a 320 millones de estadounidenses al alcance de una bomba nuclear. En una reunión informativa en octubre, el jefe de gabinete de la Casa Blanca, John Kelly, también habló de forma sombría.

“En este momento, creemos que la amenaza es manejable, pero con el tiempo, si crece más allá de lo que donde se encuentra hoy, bueno, esperemos que la diplomacia funcione”, dijo.

La semana pasada, el exdirector de la CIA John Brennan calculó en riesgo de guerra de Estados Unidos con Corea del Norte, en por lo menos una entre cinco.

¿Y qué hay de China?

A pesar de los crecientes riesgos, hay pocas señales de un intenso esfuerzo diplomático del gobierno por aliviar la crisis más allá de las nuevas sanciones aprobadas durante el verano contra Pyongyang y respaldadas por Rusia y China.

El ritmo aumentará el próximo mes cuando Trump visite Asia en un viaje que resaltará la profundización de la crisis de Corea del Norte y podría conducir a más provocaciones por parte de Pyongyang, incluidas posibles nuevas pruebas de misiles.

Ese viaje podría proporcionar una pista sobre la estrategia del gobierno, ya que hablar fuertemente de la posibilidad de una guerra sería una forma lógica de intentar presionar a China para que haga más por convencer a su recalcitrante aliado de que cambie su comportamiento.

En línea con las últimas sanciones, China ha apretado los tornillos financieros de Corea del Norte, pero no está claro hasta dónde está dispuesto a llegar para aislar a Pyongyang. Beijing no ha dado señales de que haya cambiado en su larga negativa a desestabilizar el régimen de Kim ni a que acepte una Corea unida que teme que sea un estado aliado de Estados Unidos en sus fronteras.

Muchos observadores creen que Washington sobreestima la influencia de China sobre Kim, que no tiene ninguna relación con el presidente chino, Xi Jinping.

Si ese punto de vista es correcto, las conversaciones bélicas podrían bloquear a Estados Unidos en un ciclo de intensificación que cobre su propio impulso sin cambiar los cálculos de China.

La posición de Washington —de que Trump nunca aceptará que Corea del Norte tenga un arma nuclear que pueda llegar a Estados Unidos— está muy arraigada.

De manera similar, la mayoría de los expertos creen que Kim nunca aceptará renunciar a un programa nuclear que él ve como una garantía de supervivencia del régimen contra un Estados Unidos hostil que lo ha satanizado para solidificar su gobierno tiránico.

Parece haber poco espacio para el compromiso o para la creatividad diplomática y la perspectiva de que las sanciones puedan derribar al régimen de Kim antes de que pueda desplegar un misil de largo alcance con una ojiva nuclear parece débil.

Ni Trump, ni Kim están dejando salidas que puedan salvar su dignidad en esta confrontación.

Es por eso que las conversaciones bélicas en Washington deberían ser tomadas en serio.