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¿Cómo sería otra guerra en Corea?

bruce octubre 18, 2017 Comentarios desactivados en ¿Cómo sería otra guerra en Corea?
¿Cómo sería otra guerra en Corea?

Si se desencadena una segunda guerra de Corea, “tan solo en las primeras semanas podría haber cientos de miles de víctimas en el Norte y en el Sur (…) Si China se implica militarmente, o si se emplean armas nucleares, puede ser mucho peor”. Esta es la primera conclusión de un breve informe del Royal United Services Institute for Defense and Security Studies (RUSI), de Londres, acreditado como el más antiguo think tank de seguridad y defensa, fundado en 1831 por el duque de Wellington.

Un ataque de EE.UU. a Corea del Norte no podrá ser ni “quirúrgico” ni “corto” como podría pretender Donald Trump sino que tendría un coste elevadísimo. Según otras versiones, el recurso al arma nuclear causaría un millón de víctimas de una tacada. El propio jefe del Pentágono, James Mattis, ha calificado esa posibilidad de “catastrófica”.

La guerra de Corea causó, de 1950 a 1953, alrededor de 1,6 millones de muertos entre la población civil y más de 1,2 millones entre los combatientes. Y esto teniendo en cuenta que no se llegó a utilizar la bomba como propuso el general MacArthur, que fue destituido como comandante de las fuerzas aliadas por Harry Truman.

El expresidente Jimmy Carter escribía el 4 de octubre en The Washington Post que “es imperativo que Pyongyang y Washington encuentren alguna vía para rebajar la escalada de tensión y alcanzar un acuerdo pacífico y duradero” porque la perspectiva de otra guerra en Corea es “la amenaza más grave a la paz mundial”. Carter fue gestor de un acuerdo que evitó la guerra en 1994. Ahora se ha vuelto a ofrecer como mediador, recibiendo solo negativas de Trump.

Entre 1950 y 1953, la guerra de Corea costó casi tres millones de muertos sin que se utilizaran armas nucleares

El vicedirector del RUSI, Malcolm Chambers, cree que “mucho depende de cómo empiece la guerra”, es decir, de cómo interpreten Washington y Pyongyang sus respectivas amenazas. De un lado está el rápido avance norcoreano en tecnología de misiles y del otro, un presidente estadounidense “de personalidad volátil e impulsiva, lo cual es una mezcla peligrosa”.

Primer escenario: Estados Unidos ataca Corea del Norte

 La hipótesis de un ataque estadounidense está sobre la mesa. The New York Times ha llamado la atención sobre el hecho de que sólo hay un dedo sobre el botón nuclear, el del presidente, en base a una ley que data de 1946, “cuando preocupaban más los generales de gatillo fácil -dice un editorial, recordando a MacArthur- que los líderes civiles electos”. El Congreso estaría considerando limitar el poder presidencial con la exigencia de votar una declaración de guerra o incluso, apunta el diario, con la aprobación de los secretarios de Estado y de Defensa.

Según decía en mayo en el Bulletin of the Atomic Scientists el experto Siegfried Hecker, de la universidad de Stanford, “no es concebible que EE.UU. pueda destruir todas las armas nucleares norcoreanas” en un ataque, e incluso asumiendo que el Pentágono supiera dónde están todas (por las mueven costantemente) “sería difícil hacerlo sin hacerlas explotar, provocando un hongo nuclear sobre la península coreana”.

El Pentágono especuló hace años con una guerra convencional y calculó cientos de miles de muertos entre la población civil y hasta medio millón entre las tropas surcoreanas y estadounidenses en los primeros 90 días. Asimismo, el informe británico evita hablar de la hecatombe nuclear y, con un enfoque más parecido a la situación de 1950, dice que la comunidad internacional tendría que ejercer toda su influencia para impedir “una escalada” que lleve a un conflicto abierto entre EE.UU. y China, que es justo lo que ocurrió entonces (implicando además a la Unión Soviética), cuando las tropas aliadas llegaron a la frontera china y Pekín desplegó un millón de soldados.

Segundo escenario: Corea del Norte ataca

Pyongyang se podría lanzar a la guerra, bien porque EE.UU. derribe uno de los misiles que lanza, a modo de ensayo y de provocación sobre el Pacífico –por ejemplo, cerca de la isla de Guam– bien porque perciba que una concentración de fuerzas en sus fronteras es el preludio de una invasión. Precisamente el pasado martes 10 de octubre dos bombarderos estratégicos B-1 se acercaron al espacio aéreo norcoreano escoltados por cazas de Corea de Sur, y este país y EE.UU. acaban de iniciar, el lunes, sus rutinarias maniobras navales conjuntas

Londres y París están a la misma distancia de Corea del Norte que Los Ángeles por lo que respecta al alcance de los misiles, pero a Pyongyang le faltan de uno a cinco años para tener esa capacidad

El informe del RUSI señala que el Reino Unido, Australia y otros países occidentales se verían implicados en la guerra, y también la OTAN, dado que “Londres y París están a la misma distancia de Corea del Norte que Los Ángeles” por lo que respecta al alcance de los misiles intercontinentales, y todos estarían interesados en evitarlo. Pero este último aspecto es duduso, hoy por hoy. El misil intercontinental Hwasong-14, que los norcoreanos están desarrollando, todavía no tiene esa capacidad. La cuestión es si tardarían cinco años, como decía el profesor Hecker, o tan solo uno, como opinan otros analistas.

Es obvio que una agresión se tendría que centrar en Corea del Sur y Japón. Hay que tener en cuenta la exhibición que el régimen suele hacer de su artillería. Miles de proyectiles podrían alcanzar Seúl, ciudad de 25 millones de habitantes, en cuestión de segundos. Y Japón está, desde luego, al alcance de los misiles norcoreanos. El peor de los casos sería que se lanzaran bombas nucleares sobre ambos países, lo que causaría “un millón de víctimas o más”, estima Siegfried Hecker. Técnicamentes esto es factible con misiles de corto alcance que en teoría son capaces de evadir el sistema de intercepción Thaad instalado en Corea del Sur.

Una mediación

En estas, y ante la retórica belicista de Donald Trump y Kim Jong Un, Jimmy Carter ha insistido en ofrecer su mediación. La última vez, a través de Park Han Shik, de la universidad de Georgia, coreano nacido en China y experto en la región. El profesor Park fue el negociador ante Pyongyang para la liberación de las periodistas norteamericanas Laura Ling y Euna Lee cuando fueron detenidas y encarceladas en el 2009 por entrar ilegalmente en el país.

Carter quiere volver a viajar a Corea del Norte como hiciera en 1994, en que fue recibido por Kim Il Sung, el padre de la patria, pero el Departamento de Estado le ha respondido que ya tiene canales de comunicación con Pyongyang. En aquella ocasión el expresidente afrontó la oposición general en Washington y no fue sino en última instancia que Bill Clinton aceptó. Los líderes norcoreanos habían invitado a Carter. Este respondió de nuevo a una invitación en abril del 2011 como miembro del grupo The Elders, acompañado de la irlandesa Mary Robinson, el finlandés Martti Ahtisaari y la noruega Gro Harlem Brundtland. Pero esta vez no se ha cursado tal invitación, según la agencia surcoreana Yonhap.

Carter recuerda que Corea del Norte siempre ha reclamado un acuerdo de paz porque la guerra acabó en 1953 simplemente con un alto el fuego

Jimmy Carter señalaba en su artículo que los norcoreanos siempre han pedido conversaciones directas con EE.UU. que lleven a un tratado de paz definitivo, el fin de las sanciones y la garantía de que el país no será atacado. La guerra de Corea acabó en 1953 con un alto el fuego pero no con un acuerdo de paz. Carter añadía que las sanciones económicas no han frenado el programa nuclear. Tampoco lo están haciendo las restricciones comerciales impuestas por China.

Algunos critican a Carter su gestión de 1994. Anunció por su cuenta en la CNN desde Pyongyang (la cadena viajó invitada) un acuerdo antes de consultar con Washington. De ese modo evitó la guerra, pero aquel forzado Marco Acordado no sirvió para nada porque nadie cumplió sus compromisos. Por fin, en el 2002 George W. Bush colocaba a Corea del Norte en el “eje del mal”, junto a Irak e Irán.

En octubre del 2006 Pyongyang realizó su primer ensayo nuclear. Pocos meses después, Hans Blix, que había sido director del Organismo Internacional de la Energía Atómica, decía a La Vanguardia que había que “dar garantías a Corea del Norte de que no será atacada”. “Lo más inteligente –afirmaba- sería decirles: no queremos un cambio de régimen, dejad a ese hombre en el poder (Kim Jong Il en aquel entonces); os ayudaremos, a través del Banco Mundial, etc., podéis ser como Vietnam, o China. Pero desmantelad todo eso”.