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El asesinato de Kennedy y los archivos secretos

bruce septiembre 19, 2017 Comentarios desactivados en El asesinato de Kennedy y los archivos secretos
El asesinato de Kennedy y los archivos secretos

El 26 de octubre de este año, y si el presidente Donald Trump no lo impide, conoceremos la verdad sobre lo que pasó aquel 22 de noviembre de 1963 en la Plaza Dealey de Dallas. O, al menos, toda la información que contienen los más de 3.000 documentos nunca vistos que revela el JFK Records Act promulgado en 1992. Al igual que con las revelaciones que se han ido sucediendo durante los 54 años posteriores a los tres disparos que acabaron con la vida del presidente John F. Kennedy, esta última desclasificación echará por tierra algunas de hipótesis favoritas de los ‘conspiranoicos’, pero todo parece indicar que también revivirá ciertas teorías que contradicen la versión oficial de los hechos.

No es poca la ironía, tal y como opina el periodista Philip Shenon en ‘Politico‘, de que la decisión dependa en última instancia del “conspiranoico-en-jefe”, Donald Trump, quien ha difundido tanto en campaña como desde la presidencia múltiples teorías y complots de dudoso origen: desde la nacionalidad de su predecesor hasta que el cambio climático es un invento de los chinos, pasando, cómo no, por la especulación de que el padre de su rival republicano Ted Cruz estaba compinchado con el supuesto tirador, Lee Harvey Oswald.

Desde que el católico en la Casa Blanca fuese asesinado en aquella fatídica tarde de viernes en Dallas, teorías como la de Trump han prosperado como la espuma. La historia oficial, relatada en el informe de la Comisión Warren de 1964, en la que un solitario marxista mató al presidente con un rifle que adquirió por 21 dólares, no terminó de convencer al pueblo estadounidense. Y no es para menos.

Ciertamente, los responsables de la CIA dijeron a la Comisión que no había pruebas de una conspiración que la agencia pudiera haber frustrado. Sin embargo, hoy sabemos que el gobierno ocultó evidencias de su mala praxis tras la muerte de Kennedy, que la CIA no reveló a la Comisión que planeaba el asesinato de Fidel Castro en aquel momento y que el personal de la agencia había monitoreado los movimientos, contactos y actividades políticas de Oswald durante los cuatro años anteriores del homicidio.

Poco a poco van saliendo a la luz los muchos fallos e incógnitas que los documentos desclasificados revelan. Gracias al trabajo de historiadores profesionales, investigadores aficionados y periodistas, la historia va cobrando sentido. Estos son, por el momento, los últimos descubrimientos, antes de que los archivos del 26 de octubre estén disponibles:

El alcalde de Dallas, relacionado con la CIA

El alcalde de Dallas durante el asesinato de Kennedy, Earle Cabell, fue un agente de la CIA durante la década de los 50 y su hermano Charles un alto funcionario de la agencia hasta 1962. Lo descubrió John Newman, un oficial retirado de la inteligencia estadounidense que estaba llevando a cabo un minucioso análisis de los documentos que ya han visto la luz, y lo publicó la web ‘Who.What.Why‘. Earle supervisó los detalles de la comitiva del presidente, que como ahora se critica, no tenía ningún sentido que pasase por la Plaza Dealey, pues la ruta violaba las reglas estándar de la seguridad presidencial.

Aunque los documentos no demuestran que Earle o Charles tuviesen nada que ver con el caso, sí evidencian la extraordinaria penetración de la CIA en las instituciones. Huelga decir que si alguien hubiera dicho durante estos últimos 50 años que el alcalde de Dallas estaba relacionado con la agencia de inteligencia, se habría tratado como una teoría de la conspiración.

El desertor desafortunado

Por su parte, el periodista Ian Shapira de ‘The Washington Post‘ ha registrado los nuevos documentos sobre el interrogatorio secreto a Yuri Nosenko, un oficial de inteligencia de la KGB que desertó a Estados Unidos tan solo dos meses después de la muerte de Kennedy. El exteniente coronel de la URSS no llegó solo. Lo acompañaban unos documentos soviéticos que determinaban que Oswald no trabajaba para ellos durante la época del asesinato. ¿Decía la verdad? ¿No sería Nosenko un agente doble? No había manera de saberlo con certeza, por lo que la CIA lo detuvo durante tres años sometiéndolo a un duro interrogatorio.

La transcripción de las conversaciones demuestran que James Jesus Angleton, el legendario jefe de contrainteligencia de la CIA cuya búsqueda de agentes soviéticos dentro del gobierno marcó una época dentro de la agencia, sospechaba que Nosenko era un falso desertor, un espía enviado para confundir a la inteligencia americana y, en definitiva, no confiaba en nada de lo que decía sobre Oswald. “No tengo ni nada ni a nadie, estoy solo, absolutamente solo. Soy un sucio traidor acabado, el más infame, que seguramente ya ha sido sentenciado muerte, aquí me hallo”, le espetó a su interrogador, el también desertor ruso Peter Deriabin. Tras múltiples pruebas del polígrafo, la CIA finalmente le creyó y Angleton tuvo que tragarse su orgullo. Fue puesto en libertad en 1969, con una nueva identidad y un hogar en algún lugar del sur del país.

¿Fue la KGB? ¿Fue Castro?

Pero Angleton no era el único que ponía en duda el veredicto tomado por la Comisión. Al respecto, el profesor Larry Sabato y el periodista Philip Shenon revelaron el mes pasado en ‘Politico‘ las dudas de algunos de sus agentes, que por supuesto nunca hicieron públicas. Al parecer, consideraban que la investigación no había incidido lo sufiente en la relación de Oswald con los gobiernos comunistas de la URSS y Cuba. Dichos documentos hablan acerca de una seductora conjetura que explicaría las razones del tirador: en septiembre de aquel año leyó en un periódico de Nueva Orleans un artículo sobre los intentos de la Administración Kennedy de asesinar a Castro, y Oswald, que sabía como manejar un rifle, se dispuso a buscar venganza.

No obstante, pese a las quejas de los agentes, el periodista Jefferson Morley recuerda en ‘Alternet‘ que toda la investigación estuvo controlada por miembros de la CIA, incluido Angleton: “La agencia hizo por lo menos cuatro declaraciones falsas a los investigadores de la Comisión. Quisieron ocultar que los principales oficiales conocían a Oswald mucho antes de su muerte”. El experto en el caso asegura que estas nuevas revelaciones hacen más plausible la teoría de que Cuba, y no la KGB, esté relacionada con el asesinato.

O alguien del propio gobierno…

No obstante, Morley sostiene que aunque Sabato y Shenon estén bien informados siguen siendo menos convicentes que Charles de Gaulle y el propio Castro: ambos coincidían que fue asesinado por alguien de su propio gobierno. Sea como fuere, nadie espera que los archivos de octubre revelen la identidad de un homicida secreto o segundo tirador, pero sí que arrojen luz sobre las trabas de la CIA y, en definitiva, cómo la propia agencia conspiró para ocultar la verdad sobre quién asesinó a Kennedy.