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La trama de los Príncipes perdidos de Arabia Saudita

bruce agosto 17, 2017 Comentarios desactivados en La trama de los Príncipes perdidos de Arabia Saudita
La trama de los Príncipes perdidos de Arabia Saudita

Una investigación de la BBC reveló este martes que tres príncipes sauditas, críticos del gobierno de Arabia Saudita, han desaparecido en los últimos dos años sin dejar rastros. Hay evidencias de que fueron secuestrados en Europa, donde residían, y retornados forzosamente a su país. Desde entonces, no se ha sabido nada de ellos.

En la mañana del 12 de junio de 2003, un príncipe saudita es conducido a un palacio en las afueras de Ginebra.

Su nombre es sultán bin Turki bin Abdulaziz y el palacio pertenece a su tío, el fallecido rey Fahd. Quien lo invitó a un desayuno fue el hijo predilecto del Rey, el príncipe Abdulaziz bin Fahd

Durante la cita, el príncipe Abdulaziz le pidió al sultán que regresara a Arabia Saudita y le prometió que sería resuelto un conflicto surgido a raíz de sus críticas a la realeza de su país.

El sultán se rehusó y a seguidas el príncipe Abdulaziz se excusó para hacer una llamada telefónica. El ministro saudita para Asuntos Islámicos, jeque Saleh al Sheikh, que también estaba presente en el encuentro, dejó el salón.

Momentos después, entran hombres enmascarados que golpean al sultán, lo atan y le inyectan una sustancia en el cuello.

El sultán es llevado al aeropuerto de Ginebra en estado inconsciente y colocado a bordo de un avión de evacuación de emergencias que aguardaba en la pista.

Eso al menos es lo que relató a una corte suiza unos años después.

Entre los empleados del sultán, esperando en un hotel de Ginebra a que éste retornara de su cita, estaba su asistente de relaciones públicas, Eddie Ferreira.

“Progresivamente, a medida que avanzaba el día, el silencio era ensordecedor“, recuerda Ferreira.

“No podíamos contactar a su guardia de seguridad. Esa fue la primera alerta. Llamamos al príncipe, no hubo respuesta”.

Entonces, en la tarde, llegaron dos visitantes inesperados.

El embajador saudita en Suiza vino junto al gerente general del hotel y simplemente nos dijo que evacuáramos el ático.

Según Ferreira, les dijeron que el príncipe sultán estaba en Riad y que “nuestros servicios ya no se necesitaban y que nos podíamos ir”.

¿Qué había hecho el príncipe sultán que llevó a su familia a drogarlo forzosamente y a secuestrarlo?

El año anterior, éste había llegado a Europa para someterse a tratamiento médico y comenzó a dar entrevistas criticando al gobierno saudita.

Condenó el historial de derechos humanos de su país, se quejó de la corrupción existente entre príncipes y funcionarios del gobierno, e instó a la adopción de reformas.

Desde 1932, cuando el rey Abdulaziz, conocido como Ibn Saud, fundó Arabia Saudita, el país ha sido gobernado por una monarquía absoluta, que no tolera disensión.

El príncipe Turki bin Bandar llegó a tener el cargo de mayor de la policía saudita, responsable de vigilar a la familia real.

Pero terminó en prisión tras una fuerte disputa familiar sobre una herencia. Cuando consiguió la libertad, huyó a París, donde en 2012 comenzó a subir videos a YouTube llamando a la adopción de reformas en su país.

El gobierno saudita reaccionó, como lo habían hecho con el príncipe sultán, y trataron de persuadir a Turki a regresar.

Cuando Ahmed al Salem, el viceministro de Interior, lo llamó, el príncipe grabó la conversación y la subió a la internet.

“Todo el mundo aguarda tu retorno, que Dios te bendiga”, dijo el viceministro.

“Aguardando mi retorno”, respondió Turki: “¿Y qué pasó con las cartas que tus funcionarios me enviaron? ‘Tú, hijo de puta, te arrastraremos como hicimos con el sultán bin Turki'”.

El viceministro respondió dándole garantías: “No te van a tocar, soy tu hermano”. “No, son tu gente”, dijo Turki. “El ministerio del interior las envía”.

Turki continuó publicando videos hasta julio de 2015, pero en algún momento en los meses posteriores desapareció.

“Me llamaba cada uno o dos meses”, dice un amigo, el bloguero y activista Wael al Khalaf.

“Entonces, desapareció como por cuatro o cinco meses. Yo tenía sospechas. (Entonces) escuché de parte de un alto oficial del reino, que tenían a Turki bin Bandar. O sea, que se lo habían llevado, lo habían secuestrado”.

Tras una larga búsqueda, encontré un artículo en un periódico marroquí, según el cual Turki estaba a punto de regresar a Francia después de visitar Marruecos cuando fue arrestado y encarcelado.

Y, según este artículo, fue deportado en respuesta a una solicitud de Riad, que fue aprobada por un tribunal marroquí.

No sabemos con certeza qué pasó con Turki bin Bandar, pero antes de su desaparición le dio a su amigo Wael una copia de un libro que escribió, en el que incluyó una nota que podría calificarse de profética.

“Querido Wael, estas aseveraciones no deben compartirse a menos que me secuestren o me asesinen. Sé que me van a secuestrar o a asesinar. También sé que abusan de mis derechos y de los del pueblo saudita”.

“El avión no aterrizó en Roma sino en Riad”

Más o menos en la misma época en que desapareció el príncipe Turki, otro príncipe, Saud bin Saif al Nasr, un miembro de la realeza de bajo rango aficionado a los casinos y a los hoteles europeos, corrió la misma suerte.

En 2014, Saud comenzó a escribir tuits criticando a la monarquía saudita: llamó al enjuiciamiento de funcionarios que habían respaldado la deposición del presidente egipcio Mohammed Morsi el año anterior.

En septiembre de 2015, Saud fue aún más lejos cuando respaldó dos cartas que publicó un príncipe anónimo en las que se hacía un llamado a la remoción del rey Salman. Esto podría ser visto como una traición y puede haber decidido su futuro.

Unos días después, escribió en un tuit: “Llamo a que la nación traduzca el contenido de estar cartas en presión popular”. Después de esto, su cuenta de Twitter permaneció en silencio.

Otro príncipe disidente, Khaled bin Farhan, que huyó a Alemania en 2013, cree que Saud fue engañado. Lo convencieron de que fuera desde Milán hasta Roma para discutir un acuerdo de negocios con una empresa ruso-italiana que supuestamente buscaba abrir sucursales en el Golfo.

“Un avión privado de la compañía recogió al príncipe Saud, pero no aterrizó en Roma, sino en Riad”, dice Khaled.

“Resultó que la inteligencia saudita estaba detrás de esta operación”, señala.

“Ahora, la suerte del príncipe Saud es la misma que la del príncipe Turki, o sea, la prisión. El único destino es una prisión subterránea”, afirma.

El príncipe que demandó al gobierno saudita

El príncipe sultán (bin Turki bin Abdulaziz) que es de mayor rango en la realeza saudita, fue mantenido entre prisión y arresto domiciliario.

Pero su salud se fue deteriorando y en 2010 la familia real le permitió irse a Boston, en EE.UU., a someterse a un tratamiento médico.

Lo que hizo desde la seguridad de su exilio en Estados Unidos horrorizó al gobierno saudita: presentó una demanda en los tribunales suizos acusando al príncipe Abdulaziz bin Fahd y al jeque Saleh al Sheikh de ser responsables de su secuestro en 2003.

Su abogado estadounidense, Clyde Bergstresser, obtuvo un historial médico del Hospital Rey Faisal en Riad, donde fue admitido el sultán el 13 de junio de 2003.

Según el historial médico, un tubo fue colocado en su boca para ayudarlo a respirar mientras estaba anestesiado. Además, un lado de su diafragma estaba en parálisis presuntamente como resultado del ataque en su contra.

Por primera vez, un alto miembro de la realeza saudita presentaba una demanda criminal en un tribunal de Occidente en contra de alguien de la familia real.

Pero Bergstresser dice que las autoridades suizas han mostrado muy poco interés en el caso.

“Nada se ha hecho para establecer qué pasó en el aeropuerto”, dice. “¿Quiénes eran los pilotos? ¿Cuáles eran los planes de vuelo cuando estos aviones de Arabia Saudita llegaron? Este secuestro ocurrió en suelo suizo y uno pensaría que habría interés en saber qué ocurrió”.

En enero de 2016, el sultán se estaba quedando en un hotel exclusivo de París cuando, tal como sucedió con Saud bin Saif al Nasr, lo convencieron de abordar un avión.

Planeaba ir a El Cairo a visitar a su padre, también un conocido crítico del gobierno saudita. Y en ese contexto, el consulado saudita le ofreció a él y a su equipo de 18 personas -incluyendo a doctores, enfermeras y guardaespaldas de EE.UU. y Europa-, un avión privado.

Pese a lo que sucedió en 2003, aceptó.

Dos miembros de su equipo explicaron a la BBC cómo ocurrieron los hechos. Ambos prefirieron mantener el anonimato.

“Nos estacionamos en la pista de aterrizaje y frente a nosotros había un avión enorme con… tenía escrito el nombre Arabia Saudita “, dice uno de ellos.

“Era un poco espeluznante porque había una tripulación numerosa a bordo, todos hombres”, dice el otro.

El plan despegó con los monitores mostrando que iba hacia Cairo. Pero dos horas y media más tarde los monitores quedaron totalmente en blanco.

El príncipe sultán estaba dormido en su habitación, pero despertó una hora antes del aterrizaje. Miró por la ventana y se veía ansioso, dijo su antiguo empleado.

Cuando comenzó a ser claro para los pasajeros que estaban a punto de aterrizar en Arabia Saudita, el sultán comenzó a golpear la puerta de la cabina de los pilotos pidiendo ayuda.

Un miembro de la tripulación le ordenó al equipo del príncipe a permanecer en sus asientos.

“Miramos por la ventana y vimos a un grupo de personas con rifles colgados de sus pechos rodeando el avión”, explicó uno de los exempleados del príncipe que habló a la BBC.

Los soldados y miembros de la tripulación sacaron al sultán a rastras del avión. Gritaba a sus empleados para que llamaran a la embajada de EE.UU.

El príncipe y sus médicos fueron conducidos a una villa y puestos bajo vigilancia.

En el avión, los otros esperaban nerviosos. Más tarde los llevaron a un hotel, los mantuvieron detenidos por tres días sin pasaportes o teléfonos y luego les permitieron viajar a un destino de su preferencia.

Antes de que salieran, un funcionario saudita, a quien uno de los empleados del príncipe reconoció como uno de los “asistentes de vuelo”, pidió excusas.

“Nos dijo que simplemente estábamos en el lugar equivocado a la hora equivocada y que sentía el inconveniente causado”, dijo a la BBC uno de los empleados.

El otro agrega: “No me causaron inconvenientes, me secuestraron. Me mantuvieron en contra de mi voluntad en un país al que no escogí ir”.

Fue una situación asombrosa. Junto al príncipe sultán, cerca de 18 extranjeros fueron secuestrados, llevados a Arabia Saudita y detenidos por militares sauditas.

No ha habido noticias del príncipe sultán desde estos hechos.

La BBC solicitó al gobierno de Arabia Saudita una respuesta a estos alegatos, pero declinó responder.

Mientras tanto, al príncipe Khaled, que aún está exiliado en Alemania, le preocupa que a él también lo fuercen a regresar a Riad.

“Había cuatro miembros de mi familia en Europa. Nosotros criticamos a la familia real y su manejo de gobierno en Arabia Saudita. Tres fueron secuestrados. Soy el único que queda”, dice.

¿Podría ser él el próximo de la lista?

“Estoy convencido. Lo he estado desde hace mucho tiempo. Si pudieran, lo habrían hecho ya. Soy muy cauto, pero el precio es mi libertad”.