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La otra cara de la moneda, la mujer que elige ser la amante

bruce agosto 16, 2017 Comentarios desactivados en La otra cara de la moneda, la mujer que elige ser la amante
La otra cara de la moneda, la mujer que elige ser la amante
La infidelidad es uno de los problemas más fuertes que una pareja puede enfrentar, y en la gran mayoría de los casos existe una mujer que acepta ser la amante. Suena fuerte, y aunque siempre la vemos como la villana de la historia, ¿te has preguntado qué motivos tiene para aceptar migajas de amor? O, peor aún, ¿por qué se conforma con unos minutos de placer? 

 
No queremos justificar a las que adoptan ese papel, pero sí hablar de los motivos que las llevan a ello, pues en todos los casos hablamos de carencia emocional.
Las amantes pueden clasificarse en dos grandes grupos: el primero es el de las que no sienten amor por la persona con quien cometen la infidelidad. Aquí hablamos de las que se dejan llevar por una atracción física o una motivación material. Los principales factores son:
 
1.- Temor al compromiso 
 
Son las que no quieren lidiar con los aspectos difíciles de la relación; las diferencias, las atenciones a la pareja, las labores domésticas… Sienten que no quieren ser propiedad de él, les da miedo que les quiera controlar las amistades, la familia, el arreglo personal y aceptan sólo el aspecto íntimo de la relación. Como se ven poco, ambos muestran lo mejor de su personalidad y parece una relación simple y perfecta.
 
2.- Obsequios 
 
Las mujeres aceptan estar con alguien por las comodidades que esa persona les brinda: lujos, obsequios, paseos… Para ellas ceder a los esfuerzos de él vale la pena, con tal de tener cosas materiales.
3.- Ganas de salir de la rutina
 
Suena simple pero es la verdad; muchas aceptan ser la amante por salir de la rutina. Quieren vivir la adrenalina del miedo a ser descubiertos, de guardar un secreto, de hacer algo que saben que no está bien. Saben que la relación tiene pocas probabilidades de prosperar, por lo que se divierten el tiempo que les sea posible. 
 
4.- Venganza 
 
Otra de las razones por las que unas mujeres aceptan convertirse en amante de un hombre con compromiso, es porque desean cobrar venganza de una infidelidad de su pareja. Consideran que la única forma de que pague es haciéndole sufrir lo mismo.
 
Los primeros dos puntos nos hablan de carencias emocionales, pues indican que las mujeres tienen problemas personales que deben resolver antes de establecer una relación. Quizá las han lastimado mucho o piensan que los lujos llenarán esos vacíos que hay en su corazón, algo que no podría estar más alejado de la realidad. Lo mejor es apreciar su soledad; valorarse, reforzar su autoestima y su seguridad y acudir con un especialista pueden ser buena opción.
La venganza y el deseo de salir de la rutina hablan de carencias en su relación actual. Con la infidelidad evaden el problema, pero eso no soluciona nada; al contrario, multiplica el sufrimiento, por lo tanto lo mejor es enfrentar las cosas para encontrar una solución. Muchas veces dar el paso más difícil nos libera de un problema.
En el otro grupo encontramos a las mujeres que se enamoran de la persona con quien cometen la infidelidad, y quizá son las que más sufren, pues están en una relación que la gran mayoría de las veces fracasa. 
 
Lamentablemente el amor las ciega, y no ven que muchas ocasiones quienes les ofrecen una relación sólo las usan para pasar el rato, para suplir lo que les falta en casa, y no es sino hasta que comprenden que viven una mentira, cuando se dan cuenta del tiempo que han perdido. Los pretextos sobran, pero a final de cuentas un hombre no deja a su familia porque no quiere; y si lo hace, nadie asegura que así como ellas fueron parte de un engaño, no les paguen con la misma moneda.
Cualquiera que sea la circunstancia, no vale la pena aceptar ser la amante de alguien, pues esto sólo le hace conformarse con una imitación en lugar de encontrar el amor verdadero. 
Toda mujer es un tesoro, tiene lo necesario para salir adelante por sus propios medios, y para vivir la vida con amor entero y pleno. No es consuelo ni juguete de otros, debe brillar con luz propia.