Periódico QuienOpina – La vida en los pueblos sin banco

La vida en los pueblos sin banco

bruce julio 3, 2017 Comentarios desactivados en La vida en los pueblos sin banco
La vida en los pueblos sin banco

Juanito se apoya sobre su andador, sentado junto a un mesa con una infusión y el vaso vacío de un cortado en el bar de Joaqui. A sus ochenta y pico aún se acuerda de cuando en Benilloba florecían la industrias de mantas y prendas textiles, allá por la decada de los años sesenta del siglo pasado. “Esto era América”, explica. La crisis llegó pronto a esta población del interior de Alicante, a la que se accede por una carretera escarpada y serpeteante. En los ochenta ya no quedaban apenas factorías, en los noventa menos y la semana pasada, como una puntilla dolorosa para la memoria de los más viejos del lugar, desapareció la única sucursal bancaria, una oficina del Banco de Sabadell heredada de la antigua Caja Mediterráneo (CAM), lo “peor de lo peor”, al decir de Miguel Ángel Fernández Ordóñez cuando justificó la intervención por parte del Banco de España.

Benilloba es otro elemento más del mismo lienzo en el que hace poco aparecían los gestores de la CAM sentados en el banquillo de la Audiencia Nacional, acusados de repartirse bonus millonarios al tiempo que falseaban las cuentas de la entidad de ahorros. Las 769 personas empadronadas en esta localidad del interior de Alicante forman parte de ese 2,4% del conjunto de la población española que no tiene una oficina bancarias en el lugar el que vive. Puede parecer poco, pero ocupan casi la mitad (48%) de los municipios españoles. Desde 2008 se han cerrado más de 17.000 sucursales, según los datos que maneja el catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Valencia y director adjunto de investigación del IVIE, Joaquín Maudos, un proceso de adelgazamiento de estructuras y costes operativos que sigue en marcha y que está ligado también a la creciente digitalización de los servicios financieros. Bancos como el Santander, el BBVA o el quebrado Popular hace años que abandonaron estas plazas, si es que alguna vez estuvieron. A este fenómeno se han ido sumando ahora las herederas de las antiguas cajas de ahorros.

“Donde más se han cerrado es donde más fusiones ha habido entre las antiguas cajas, porque coinciden en ocasiones con las zonas en las que más creció la red en los años del boom inmobiliario. En los municipios menos poblados también ha habido cierre de oficinas porque en ocasiones antes lascajas de ahorros podían cumplir en mayor medida con su labor social de luchar contra la exclusión financiera porque la elevada rentabilidad lo permitía. Pero con la brutal crisis, era imposible mantener oficinas no rentables”, señala el investigador a preguntas de El Confidencial.

El argumento de la rentabilidad es el que los vecinos de Benilloba llevan semanas oyendo de boca de los responsables del Sabadell. Pero les resulta ofensivo cuando recuerdan que la caja acabó en manos del banco por un euroy ahora apenas queda un cajero que suele quedarse vacío los viernes por la tarde. “Ya ha empezado a pasar, que la gente pide fiar el fin de semana porque no han podido o se les ha pasado acercarse a Cocentaina a sacar dinero”, explica Joaqui tras la barra de su bar, ubicado en el edificio de las antiguas escuelas, ya sin uso.

Cocentaina es la población más cercana con sucursal. Está a unos diez kilómetros de Benilloba, cuya oficina daba servicio a otro puñado de pequeñas poblaciones de la comarca de El Comptat alicantino. Penáguila, Benasau, Benifallim, Millena o Alcolecha han corrido la misma suerte. No aparecen todavía en los libros sobre la ‘España vacía’ pero tiene los mismos síntomas: despoblamiento, envejecimiento de su padrón y pérdidas de servicios públicos y privados.

“El problema es la gente mayor. El banco nos ha tratado como números, no como personas. La prioridad es que estos mayores tengan a alguien delante con quien poder hablar. Aquí la responsabilidad social corporativa se la han pasado por el forro. ¿Dónde está esa responsabilidad? El PP vendió la CAM por un euro y ahora nos dejan sin banco y se acabó”, afirma enfadada Anna Dèlia Gisbert, alcaldesa de Benilloba desde las municipales de 2015, cuandoCompromís arrebató a los populares la vara de mando.

Desde el Sabadell niegan falta de tacto con la población y señalan que existen conversaciones para ubicar una cajero nuevo que permita realizar ingresos, pagos, trasferencias y actualizar cuentas y libretas. “Si fuera por una cuestión de rentabilidad hace tiempo que ya no estaríamos allí. Hemos aguantado los últimos cinco o seis años”, señalan fuentes del banco que preside Josep Oliu. La entidad defiende que aún conserva una red de 250 oficinas en Alicante, la más alta de la provincia después de los distintos procesos de fusión, y que la distancia a la oficina de Cocentaina es prudencial cuando se requiere una atención personalizada.

La pérdida del servicio financiero, a la espera de si se ubica una nuevo cajero más moderno que el actual (heredado de la CAM y con funcionalidades limitadas), ya ha propiciado cambios en las rutinas de los pobladores de Benilloba. Juanito ha firmado poderes a sus hijas para que gestionen sus finanzas, cobren su pensión o domicilien y paguen recibos. Miguel, el único taxista del pueblo, se ha ofrecido para hacer desplazamientos a Cocentaina para aquellos que no pueden acudir por sus propios medios.

Un autobús para ir al pueblo de al lado

Esta última iniciativa es similar a la que emplean en Gestalgar, uno de los primeros pueblos que sufrió en 2012 la clausura de su única oficina, una sucursal de Ruralcaja que desapareció como consecuencia de la fusión con Cajamar. Entonces, el ayuntamiento de esta localidad del interior de Valenciahabilitó un autobús los días de cobro de pensión para que los jubilados pudieran desplazarse a Bugarra, a siete kilómetros, donde sí había banco. No obstante, el del autocar fue más un golpe de impacto que otra cosa. Incapaz de asumir el coste, esa labor la realiza ahora el taxista del pueblo, que conduce un monovolumen de siete plazas y ha fijado una tarifa especial para los días de cobro de la paga a los más mayores.

El problema para estas poblaciones es que deben asumir gastos con cargo a la caja municipal si quieren contar con cajeros u oficinas. Raúl Pardos, alcalde socialista de Gestalgar, explica que los bancos exigen que el municipio se haga cargo del furgón blindado y del alquiler del local para los cajeros como condición para mantener el servicio. “Lo que piden es que haya movimiento financiero. No estamos hablando de nóminas, eso no les interesa. Buscan activos financieros (préstamos, acciones). Pero nos piden que dejemos local, que no hagamos cargo de los gastos de telefonía,de la alarma, de luz… No pagan ni el blindado”, señala Pardos a El Confidencial.

Anna Dèlia Gisbert confirma las condiciones de los bancos. “Nos piden 500 euros por pueblo para traer el furgón“, señala. A Benilloba se han acercadoagentes financieros, autónomos que ejercen de representantes de entidades bancarias y ofrecen el trato personal. “Había una chica que trabajaba para el Santander, pero lo dejó”. Con el cierre de la oficina han abierto negociaciones con un agente de Bankinter. Sin embargo, estos agentes no son capaces de proporcionar infraestructura, así que como mucho pueden suplir el trato humano a que piden los mñas mayores.

El profesor Joaquín Maudos considera como un proceso inevitable el progresivo cierre de oficinas en los pueblos. “Con la baja rentabilidad actual del sector por factores como los bajos tipos de interés, el elevado volumen de activos problemáticos, las exigencias de la regulación, etc., no es posible mantener oficinas no rentables. Lo que hay que hacer es paliar las consecuencias sobre la exclusión financiera, tanto desde el propio sector (manteniendo los cajeros automáticos, mini buses que se desplacen por los puebles, mantener abierta la oficinas unas horas a la semana, etc) como desde las Administraciones Públicas, porque también es una responsabilidad social combatir la exclusión financiera”.

La ayuda pública no llega

La Generalitat valenciana, a través del Instituto Valenciano de Finanzas, anunció a principios de legislatura, una línea de ayudas para que los municios pudieran afrontar los gastos de mantenimienro de cajeros o de locales. Sin embargo, estas ayudas se han atascado en la maraña burocrática, pues requerían del respaldo económico de las diputaciones provinciales y todavía no se ha puesto en marcha el programa.

Los perdedores de la creciente exclusión financiera de muchos pueblos acaban siendo los propios municipios, que tiene otro elemento en contra para conservar a sus habitantes o atraer nuevas familias. En Benilloba, como en los pueblos de alrededor, ya lo saben. Hace años que su padrón es un goteo de deserciones.