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Franco intentó fabricar una bomba atómica con científicos Nazis

bruce mayo 26, 2017 Comentarios desactivados en Franco intentó fabricar una bomba atómica con científicos Nazis
Franco intentó fabricar una bomba atómica con científicos Nazis

Franco contó con la ayuda de varios científicos nazis para crear una bomba atómica. Así lo relata el historiador Lino Camprubí que ha revelado los motivos que llevaron al régimen a desarrollar la bomba atómica.

Al parecer, todo comenzó tras las bombas de Hiroshima y Nagasaki, cuando todas las naciones vieron el potencial de las armas nucleares y quisieron conseguir una para defenderse en una hipotética guerra nuclear.

España, junto con los países perdedores de la II Guerra Mundial (Alemania e Italia, que tenían completamente prohibido investigar en esta materia),decidió crear una junta secreta para desarrollar un arma que compartir entre las tres naciones. España quería guardar todo el proyecto en secreto porque la continuidad del régimen estaba en entredicho y necesitaba ahora seducir a Estados Unidos para no caer en el completo ostracismo.

Así, el Gobierno de Franco entró en contacto con varios asesores científicos nazis, como Heisenberg (considerado el padre de la bomba atómica nazi, que jamás llegó a desarrollarse) con el fin de recibir asesoramiento en la materia. La obsesión de Hitler durante sus últimos años había sido conseguir una bomba atómica, y sus científicos contaban con muy buena formación en esta materia (además de contar con ciertas simpatías hacia el régimen de Franco, que había colaborado a través de la División Azul en el Frente Ruso, a pesar de haberse mostrado oficialmente neutral).

Durante los años 47 y 48, cuando aún España sufría el aislacionismo internacional, contar con científicos de la talla de Heisenberg (que estuvo en nuestro país seis meses) u Otto Fritz, fue todo un orgullo para un país con el que nadie quería tener relaciones.

Con Italia, por otro lado, el intercambio incluyó el envío gratuito de uranio extaído de las minas nacionales a cambio de que los expertos del país transalpino acudiesen a nuestro país para formar a los físicos españoles.

El problema de todo ello es que Alemania, al poco tiempo, tuvo la capacidad de desarrollar sus propias investigaciones sin que se lo prohibiese nadie, mientras que Italia dejó de interesarse por España cuando descubrió que las reservas de uranio que poseía el país ibérico no eran tan amplias como se pensaba.

Por otro lado, Estados Unidos interfirió para que Italia abandonase su programa de independencia nuclear y pasara a depender de la administración norteamericana. Por todo ello, finalmente, las relaciones fueron enfriándose.

Según relata el historiador José Lesta “la persona que se obsesionó con el asunto fue Carrero Blanco” que, junto a Franco, tenía la intención de “entrar en el selecto club nuclear, lo que hubiera concedido a España tener derecho de veto en la ONU”.

Por otro lado, “esta tecnología permitiría dar un espaldarazo muy importante a la situación geoestratégica de la dictadura franquista en Europa, ya que sería el único país con armas nucleares -tras Francia- en el continente”, afirma el historiador.

Y junto a todo ello, apunta a un último motivo: “Para Franco sería importante disponer de una bomba atómica de cara a ejercer una gran presión real sobre su eterno enemigo: Marruecos -y por extensión, sobre todo el Magreb-, teniendo muy en cuenta al Sáhara que, no por casualidad, era donde debía probarse la primera detonación experimental”.

La Junta de Energía Nuclear

Por todos los motivos, finalmente se crea en 1951 la Junta de Energía Nuclear, con el fin de conseguir una bomba atómica para España. Franco encargó el proyecto al General Vigón, aunque quien realmente pilotaría todo (oficialmente, tras la muerte de Vigón en 1955), sería el almirante Carrero Blanco, que continuó obsesionado con el asunto hasta el final de sus días.

Para contar con el dinero suficiente, Franco se encargó de recibir una subvención de Estados Unidos que, supuestamente, iba destinada para el desarrollo de la energía nuclear para uso civil. No se cumplió y todo fue destinado a la bomba atómica. Con la financiación, el país poseía todo lo necesario para fabricar la bomba, tan solo precisaba del combustible, aunque podía adquirirlo en diversos mercados.

Fue en ese momento cuando surgió Francia, que ya se había situado a la cabeza de Europa en materia nuclear. Se ofreció a vender plutonio al país ibérico y España lo aceptó gustosamente. Mientras tanto, Estados Unidos y la U.R.S.S. no conocían nada, ya que no querían que ningún vecino rompiera su hegemonía nuclear. De hecho, los americanos ofrecieron a España y Francia firmar un Tratado de No Proliferación Nuclear aunque ambas naciones finalmente se negaron.

El accidente de Palomares y un asesinato que cambió todo

Así, a finales de 1960, España contaba con todo lo necesario para fabricar la bomba. Tan solo le faltaba un elemento indispensable, que era del detonador de la carga. Sin embargo, en unas pruebas en Palomares, parece ser que algo no funcionó “como debía” y el agua se contaminó más de la cuenta.

Todo ello ya estaba poniendo en alerta al resto de las potencias europeas, queno veían con buenos ojos que una dictadura contase con armas nucleares tan cerca de su territorio. A pesar del secretismo que rodeaba al proyecto, los progresos que España estaba realizando en instalaciones y tecnología nuclear de doble uso, civil y militar, no pasaron desapercibidos para los Estados Unidos.

Por todo ello, Henry Kissinger acudió en nombre del país norteamericano para entrevistarse con Franco y sobre todo con Carrero Blanco, con quien permaneció la mayor parte del tiempo.

Llama la atención que Carrero había afirmado haberse sentido amenazado cuando salió del encuentro con Kissinger, con quien llegó a mantener más de una palabra subida de tono. De hecho, Kissinger le instó a firmar el tratado de no proliferación nuclear y abandonar todos los planes, pero no consiguió sus pretensiones.

24 horas después de discutir con Kissinger, el coche del mayor impulsor de los planes atómicos de España saltaba por los aires y con él perdía su vida uno de los mayores estandartes del inmovilismo franquista.

Poco después de morir Carrero, alguien que no se ha identificado produjo un sabotaje en las instalaciones donde se estaban realizando las pruebas, un movimiento que terminó con los planes nucleares de España.

Tras la muerte de Carrero también desaparecieron de la base aérea de Torrejón varias minas antitanque de alta tecnología que se controlaban inalámbricamente y con sensores acústicos. Todas las armas habían llegado desde la base de Fort Bliss (Texas) y estaban controladas por las fuerzas norteamericanas.