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Todo lo que debes saber sobre la eyaculación femenina

bruce noviembre 21, 2016 Comentarios desactivados en Todo lo que debes saber sobre la eyaculación femenina
Todo lo que debes saber sobre la eyaculación femenina

No lo podía creer, pero la evidencia se hallaba frente a mis ojos. En un recipiente de plástico se balanceaba con suavidad una generosa cantidad del líquido blancuzco, entre transparente y opaco, que me había brotado luego de haber dado con el punto clave.

Después de vivir una de las experiencias más extremas en mi vida, no me cabía ya la menor duda en torno de la existencia de la elusiva próstata femenina y su incuestionable capacidad eyaculatoria.

Con sus propios vasitos en las manos, las otras chicas estaban en las mismas. Entre choqueadas, jubilosas y sorprendidas, apenas podíamos hablar. Pero no hacía falta porque nuestras caras lo decían todo.

Luego de cuatro horas de mucha teoría, y sí, práctica intensa, habíamos llegado… a la meta. En un acto de control total sobre nuestro cuerpo y sexualidad logramos derrumbar el mito.

Las historias sobre los placeres de palpar nuestra zona secreta, hasta hacerla desbordarse a raudales, era algo que ya nadie nos iba a venir a contar.

1. ¿Porno… qué?

La aventura comenzó días atrás cuando en una charla de café, una amiga me comentó que había escuchado acerca de un curso práctico de eyaculación femenina. ¿Práctico?, ¿cómo práctico? La curiosidad me mató toda esa tarde y, sin dudarlo, al llegar a mi hogar me lancé a la divertida ciberbúsqueda.

El tema me tenía atrapada desde hacía tiempo, así que he investigado mucho al respecto. Pero ni todo lo que he leído ni las muchas entrevistas que he hecho me habían dado las respuestas precisas y pragmáticas que necesitaba, no sólo como periodista, sino también como mujer.

Al final, ahí estaban las dudas sobre cómo ubicar y estimular adecuadamente el Punto G, la confusión acerca del exceso de humedad post orgásmica, si la capacidad eyaculatoria nos permite alcanzar niveles sublimes de placer que jamás imaginamos y, en todo caso, si una eyaculadora experta nace o se hace.

Voilà! En la pantalla de mi computadora apareció el Taller Práctico de Eyaculación Femenina impartido por Diana J. Torres, autora del libro Pucha Potens; Manual sobre su poder, su próstata y sus fluidos.

Después de leer todos los detalles, decidí que la cosa no sonaba tan mal. Me encantó la propuesta de restaurar la conexión entre nuestra próstata y cerebro, con el propósito de recuperar una magnitud de placer perdida entre el desconocimiento y la represión. Y aunque me inquietó un poco su autodefinición como activista anarcofeminista y pornoterrorista (¿qué rayos era eso?), las opiniones y comentarios de quienes habían asistido al taller eran más que buenas. Así que, sin duda alguna, mi destino para el siguiente domingo se encontraba marcado.

2. Ignorancia atroz

El turno matutino del taller ya se había saturado, pero alcancé lugar en la tarde. A las cinco en punto llegué a La Gozadera, un lugar de convivencia y aprendizaje creado por un colectivo lésbico, situado en el centro de la Ciudad de México.

Diana resultó ser una española trasgresora y supercool que nos recibió en topless, obvio por aquello del calor. Conforme llegamos, las 13 mujeres que tomaríamos el curso nos acomodamos sobre colchonetas en el suelo.

El ambiente era relajado, cómodo y amigable. Sin más preámbulo, comenzó la exposición.

Por medio de una serie de dispositivas proyectadas en la pared, notamos a detalle lo difícil que resulta ubicar de manera visual nuestra próstata, debido a que la mayoría de los esquemas son confusos y erróneos.

“La ignorancia en torno de ella, su función, anatomía y fluidos es brutal. Pese a que Hipócrates ya la insinuaba cuando hablaba del semen de la mujer, no fue hasta el 2002 que la comunidad médica reconoció oficialmente su existencia”, explica Diana.

En la actualidad muchas personas siguen pensando que se trata de un mito. Pero de eso nada. La próstata, glándulas de Skene o Punto G conforman una zona rugosa y esponjosa que, pese a que su localización y tamaño varían ligeramente en cada mujer, se puede palpar con facilidad desde la cara frontal interna del canal vaginal, muy cerca de su entrada.

Durante la excitación y el orgasmo crecen y a través de pequeños orificios, situados entre ambas estructuras, expulsan el líquido eyaculatorio.

3. Confusión

¿Quién de ustedes ha eyaculado o ha creído que ha dejado escapar orina durante el clímax? Ya en confianza la instructora nos platicó que creía que sus ‘corridas’ eran grandes orinadas. “Supuse que era por mi exotismo sexual. Pero un día me regalaron unas sábanas de satén negro y a la mañana siguiente, de una gran noche, descubrí en ellas una enorme mancha blanca, densa y cerosa que ni remotamente era orina. Fue la epifanía que me lanzó a investigar y a escribir el libro”, relata la instructora.

La eyaculación femenina es producto de la excitación y roce de la próstata. Puede que la dispare el orgasmo, pero no necesariamente.

La cantidad de líquido varía y se ha comprobado que su composición química es diferente a la de la orina, aunque a veces se llegan a mezclar. Al endurecerse y crecer, la próstata oprime a la uretra, lo que genera la sensación de querer ir al sanitario.

“Eso provoca que muchas mujeres se pongan nerviosas y se avergüencen. Eso no les permite dejarse ir. Al apretar para contener refrenan su placer, se distraen y no permiten que el círculo se cierre”, señala la experta.

¿Comentarios? Varias manos se alzan. L. nos platica que durante sus orgasmos empapa el colchón y eso la hace sentir apenada con los chicos, que en su mayoría ignoran que nosotras también eyaculamos y creen que les ganó. S. expresó que quiere aprender a hacerlo porque considera que eso la hará sentir más plena; sin embargo, Diana aclara que esto es una creencia errónea. R. afirma sentirse sorprendida porque nunca le ha pasado y, si es cierto que a todas nos ocurre, ¿adónde se va su eyaculación?, la explicación es que igual que la introeyaculación recomendada por el tantra y el tao, el fluido se reabsorbe al interior.

En cuanto a mí, aún no me quedaba claro exactamente por dónde nos desbordamos. Pero mi duda estaba a punto de disiparse.

4. Mapa singular

Con un gesto natural y espontáneo, Diana se despojó de toda la ropa. Se recostó en medio del salón y colocó una videocámara entre sus piernas.

Las imágenes de su interior se proyectaron en la pared y, con suavidad, apartó los pliegues de sus labios vaginales con el fin de mostrarnos en primer plano unos agujeritos que solamente se evidenciaban al jalar la piel. ¿Así o más claro?

Las glándulas de Skene tienen salida al exterior por la pared que se encuentra entre los orificios uretral y vaginal.

Son muy semejantes a los de Bartholini, sólo que éstos segregan líquido lubricante y los que nos ocupan dan salida a la eyaculación. ‘¿Quién quiere pasar a localizar los suyos?’, nos dijo alegremente.

Whaaat??? Aunque en el instructivo del taller se mencionaba como requisito la disposición a estar desnudas, esto era bastante extremo. Con timidez, nervios, pena y terror fuimos pasando una a una. Exponerse así era más que intimidante, pero la curiosidad era mayor, y seamos sinceras, se trataba de una gran oportunidad para el autoconocimiento.

Además, el ambiente era tan respetuoso, cálido y confortable, que sin pensarlo mucho nos lanzamos a lo que acabó siendo una divertida búsqueda colectiva en la que dábamos rienda suelta al entusiasmo y al asombro, cada vez que uno de los preciados hoyitos aparecía en la pantalla.

Y sí, ahí estaban. Unos a la derecha, otros a la izquierda. Dos en un lado, cuatro en el otro. Cada una con una geografía diferente, pero no hubo ninguna que no ubicara al menos tres. Al final, entre risas y bromas, dibujamos en el pizarrón nuestros muy particulares mapas.

Nos encontrábamos por salir al receso y fuimos un poco a fuerza porque las preguntas se nos agolpaban en la boca.

5. Chorro de placer

Nos repartieron lubricante, guantes quirúrgicos y dos vasitos. “Si pueden hagan pipí en uno y déjenlo a un lado”, nos indicó la instructora. Nos acomodamos sobre unas toallas y luego de una discreta recolección esperamos la siguiente instrucción.

En la misma postura, con los guantes y una generosa cantidad de lubricante, comenzamos a palpar el interior de nuestra vagina para localizar la pequeña área esponjosa y rugosa que delataba la ubicación de nuestra próstata. Una vez que la encontramos, la indicación fue oprimirla suavemente y desplazarla con delicadeza de un lado a otro; frotarla, disfrutarlo y no contenernos ante la sensación de urgencia urinaria.

Dejarse ir fue complicado. El impulso era apretar y correr al baño. Pero ya en plan de experimentar, pues que pasara lo que tenía que pasar. Al soltar una emisión potente y tibia se escurrió en el segundo vasito y OMG!, al examinarla comprobé que no tenía nada que ver con la orina. Menos densa y pegajosa que el semen de los hombres, parecida al agua de horchata ligera y sin olor.

Ahí estaba mi preciosa eyaculación, despidiendo destellos de la luz que pasaba a través de ella al alzarla triunfante, para mostrarla alborozada junto con la de todas las otras chicas del lugar.

L. no alardeaba; su vasito estaba casi lleno y el líquido era totalmente blanco. El resto variaba en cantidades, pero la mayoría había logrado llenar de un cuarto a un tercio del recipiente. En algunos casos estaba mezclado con orina y con el tiempo se apreciaba la separación de los líquidos. Únicamente una de las chicas del grupo no lo logró.

“Y esto no te hace ni más ni menos”, aseveró Diana. “Se trata de entender que tenemos próstata y eyaculamos. Que no lo sabíamos porque la represión y el control sobre nuestra sexualidad ha sido infame. Que hombres y mujeres no somos tan diferentes. Que el cuerpo de cada uno tiene sus singularidades”.

Cuando salimos ya había caído la noche. Nos despedimos con afecto y agradecidas por haber podido comprobar de una manera tan rara algo que usualmente ronda entre la fantasía, el mito y la falta de conocimiento. La verdad se nos había presentado contundente, irrefutable y, literalmente, a chorros.