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Lo que jamás debes cambiar por un hombre

bruce noviembre 9, 2016 Comentarios desactivados en Lo que jamás debes cambiar por un hombre
Lo que jamás debes cambiar por un hombre

Cuando se lo cuestioné a mis amigas, una gran variedad de respuestas surgieron: “Nunca me operaría ni me pintaría el pelo”, decía una; “no cambiaría mi estilo de vestir”, comentaba otra. Otros temas comunes eran amigos, familia… carrera.

De pronto, las opciones tomaron un tono más abstracto: “mi esencia”, “mis opiniones”, “mis valores”, “lo que soy”… Pero cuando les pedía que definieran todo eso, empezaban los problemas.

Había una gran pausa y, después de la aparente seguridad, surgía la duda y continuaban con un “quizá por eso sigo soltera…”.

Seguí en la búsqueda y cuestioné a mis amigos hombres, y el resultado fue similar: “el equipo de soccer”, “las tardes de futbol con los cuates”, “el país en el que vivo” y pasaban a los conceptos generalizados que no sabían desenmarañar.

Por último, formulé la misma inquietud a gente que tenía pareja formal. Las respuestas eran mucho más largas y complejas, casi con una lección de por medio.

Y cuando regresé con mis amigos solteros y les pregunté qué era lo que ya habían cambiado por una relación, las posibilidades fueron infinitas; lo que para unos fue fácil de cambiar, era para otros un dealbreaker.

Después de discutir la situación a fondo, entre solteros empedernidos y parejas formales, concluimos que, lo que nunca cambiarías no es algo universal que aplica igual para todo el mundo y para todo momento, sino que depende de…

1. Tu estado emocional

Hay veces que, cuando te sientes fuerte, independiente, segura y libre, puedes decir que no modificarías un sin fín de cosas por nada ni nadie. Pero luego, debido a circunstancias incómodas, te puedes volver vulnerable.

O sea, en tu etapa de superheroína dijiste: ¡jamás cambiaré, estoy feliz así! Y en tu etapa de Cenicienta, cuando solamente esperas un Hada Madrina (o un príncipe que te rescate), te encuentras dispuesta a hacer tratos con brujas (porque el Hada no apareció) y firmas, como La Sirenita, un contrato para dar tu voz por un par de piernas.

Esto no es para que después te juzgues, te arrepientas y maltrates por lo “tonta que fuiste”. Se trata de que seas autocompasiva, entiendas el estado en el que te encontrabas y sepas que no lo pudiste hacer mejor en ese momento.

Velo como una lección; tal vez tu intercambio no fue justo y diste de más en términos contables, pero a lo mejor  aprendiste sobre lo que nunca volverías hacer, sobre lo que valió o no la pena arriesgar, y seguro que te conociste muchísimo en el camino.

2. Tu escala de valores

No todo el mundo da la misma importancia a lo que cambiaría o no, y es válido que tengamos distintas opiniones. Existen chavas a las que no les importaría operarse, otras que decían que jamás. Hay quienes se encuentran dispuestas a dejar su religión o país, otras no tanto.

Cada quien tenemos el derecho de saber qué es y qué no lo suficientemente valioso para nosotras y adjudicarle el peso que creamos sea el correspondiente según nuestro punto de vista.

Habrá personas que estarán de acuerdo contigo, habrá quien te juzgará y te dirá que estás dando demasiado… Es algo subjetivo.

3. De tu pareja

Imagina que te encuentras con un chavo que no es tu ideal. Estás contenta, pero para nada te inspira a cambiar tu estilo de vida. De hecho, esperas que él se adapte a tus costumbres. Pones barreras y límites, te mantienes segura y le dices que así son las cosas y que si no le gusta, se puede ir.

Tiempo después, se te aparece, digamos, la encarnación de Chris Hemsworth, y estás sorprendida de que el “Dios del Trueno” te ofrezca la luna y las estrellas, y sea tan romántico y detallista.

Parece tu hombre perfecto así que, curiosamente, estás mucho más dispuesta a cambiar lo que antes te había pedido tu ex y no quisiste.

Ahora estás mucho más enamorada y emocionada y, por lo tanto, eres mucho más flexible y tolerante.

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4. La negociación

Las parejas que llevan años juntas y que ya habían trabajado algo de sí mismo por la relación, explicaban que no se trataba de ‘cambiar’ como tal, sino de negociar y adaptarse a la vida de dos.

Cuando uno es el que está adaptándose constantemente y el otro no da nada, la relación puede volverse enfermiza y codependiente. Para que ambos estén bien, debe haber disponibilidad de ambas partes. Si no se escuchan las necesidades del otro, no hay futuro.

De entrada es difícil que empieces una relación con alguien que piensa 100% diferente a ti, así que para tu ‘cambio’ de vida de soltera a pareja, debes considerar:

Tus límites.

Son personales y subjetivos, pero lo mejor es que los establezcas desde un principio para que después no haya sorpresas. Si de verdad no estás dispuesta a cambiar eso, evítate la pérdida de tiempo y no empieces una relación.

Lo negociable.

Aquí entran tus hobbies, películas, libros… cosas que no te definen y que a lo mejor cambiarías de vez en cuando por satisfacer al otro, esperando que él haga lo mismo por ti.

Aunque en un principio no compartan esos gustos, es probable que por el hecho de querer aprender de él empieces a disfrutar un nuevo deporte que antes te daba flojera.

También pueden entrar tus hábitos, que, quizá, serán más difíciles de moldear, pero que por el proceso de adaptación aprenderán juntos.

El intercambio.

No importa lo que intercambies con tal de que te encuentres tranquila, porque está valiendo la pena. No existe fórmula correcta, más bien, la clave es que sigas tu intuición, te sientas bien contigo misma y segura de lo que haces. Si hay la más pequeña reserva, mejor no lo hagas.

Lo más importante, al final , no es lo que cambiaste o diste, sino la sensación de que resultó ser una ganancia compartida, que los dos avanzaron y crecieron juntos, y ambos se encuentran dispuestos a continuar trabajando por la relación.